viernes, 13 de marzo de 2020

CASANDRA / Marcial Báez



Ella a cien años de su nacimiento
la del baile cadencioso
de manera singular
enquistado en el tiempo
para nunca olvidar
sus movimientos ondulantes
galanura en el bailar.

Ella, de pasos acompasados
trasmutando lo tropical
brisa, arena y mar
desbordante identidad tricolor
aquí y alla.

Ella, Casandra, Soberana
emulante estela de alegría
con su canto de Dama sin igual.

Jueves 11 Abril 2019.

miércoles, 11 de marzo de 2020

MARCIAL BAEZ Y SUS PECES UNICOS





El escritor sancristobalense Diógenes Valdez, Premio Nacional de Literatura, escribió en una oportunidad “que la pintura de Marcial Báez era novedosa en continuo proceso de renovación, que sus obras tenían una preeminencia dentro del realismo mágico y que el espectador nunca podrá recrearse consecutivamente frente a la misma temática, invitándonos a renovarnos para evitar que nos asalte esa muerte simbólica, que trae consigo el tedio, el aburrimiento y la mediocridad.



Marcial Báez en su evolución pictórica hoy, presenta el tema de los peces en esta original muestra, realizada exclusivamente para la nueva cafetería del Instituyo Politécnico Loyola abstrayendo  la cotidianidad de elementos de la naturaleza en la conformación de un mundo visual único y cuya contemplación nos invita inconscientemente a sumergirnos en las profundidades de las aguas y como ellos sentir su dominio, su felicidad y su libertad… Reafirmando la expresión… “Como pez en el agua”.



En esta diversidad de obras, Marcial Báez construye una poesía visual, un mundo real-imaginario, con elementos del espacio circundante del Instituto Politécnico Loyola (vegetales, mariposas, orquídeas y pavos reales), hilvanando el equilibrio del ritmo, las formas y el color que proyectados determinan el tiempo en movimiento a través del sol, la luna, cardúmenes y líneas ondulantes, un complemento pictórico-cultural único. (M.B. 1/2/19)

domingo, 28 de octubre de 2018

NATIVIDADES / Marcio Veloz Maggiolo




En el momento mismo en el que el vientre de la llamada María se iluminaba para u parto de  luz , nacían hormigas bobas  debajo del pesebre, un pequeño o hacer huevo de salamanqueja estallaba produciendo un animalillo de oro que raneaba por encima del pajonal, el buey grande dejo caer una lágrima de plata que se hizo como de azogue y se derritió entre el lodo que la noche anterior había dejado la lluvia; también, mientras María depositaba en el lecho al pequeño, nacían arañitas blancas que pintaban de luna con el viento del deserto, aprendieron en segundo la distancia y el aliento de las mieles; cuando María sintió entre sus dedos los deditos azules de su hijo, vio llegar mariposas con escenas de futuro en sus alas: una tenia dibujado el rostro de Herodes con la orden de matanzas entre los labios legibles, la otra llevaba en su alón la imagen de un hombre repartiendo panes y peces en algún lugar de Galilea: cuando María sintió la llegada de camellos y reyes distantes que se aposentaron frente al pesebre, dijo: “estos vienen a honrar a mi hijo” en efecto, dejaron oro, incienso, mirra y buenos pensamientos, mientras la murciélaga paria pequeños y volátiles seres que se posaban como el gorrión, el canario, y una estrella, en la cabecera del niño; cuando María, años después, lo vio en la cruz pudo reconocer a sus pies hormigas bobas, y vio una salamanqueja de oro trepada en el letrero que decía INRI, presintió que aquel buey que tenía los ojos vidriado era el mismo que hacia 33 años había llorado lágrimas de plata; de arañitas blancas, enanas, las mismas abejas, las que giraban sobre sus labios cuando el centurión le dio vinagre en vez de agua. En sus manos María vio nacer mariposas, y leyó en la silueta de sus grandes alas la imagen de su sepulcro abriéndose y de un hombre resucitando; su sonrisa de madre se llenó de azules, y un enorme olor de incienso y mirra se dispersó por las faldas del monte.

Durante años aquellos seres pequeños siguieron a  Jesús, lo sintieron orar y lo vieron gemir; durante años la salamanqueja, y las abejas breves, el olor de la mirra y el incienso, así como el fragor rumoroso de las alas de la mariposa fueron pequeños milagros imperceptibles, metáforas de una historia en al que no solo los hombres, sino todos los seres humildes de la naturaleza habían estado de acuerdo en que este concitador de pequeñas y grandes voluntades no era otro que el hijo de Dios.

Coloquio. El Siglo. Sábado 8 de diciembre de 1990. No. 89.

LA MODERNIDAD / Bruno Rosario Candelier



En su afán cientificista de libre pensamiento el hombre se sintió autosuficiente y se creyó prescindible de ataduras sobre naturales, y al perder la fe en Dios y en el Mito, prohijó el descreimiento como signo de un progreso intelectual y un triunfo de la razón humana.

En ese estado de presunción omnisciente advino el desgarramiento de la conciencia, con la consecuente intromisión en la subjetividad para potenciar los propios poderes interiores. Desatado las amarras que o vinculaban espiritualmente a la Naturaleza y al poder sobre natural que lo sostiene, el hombre acudió a la fuerza interior que emana de su íntimo dintorno, a “ese espacio profundo, oscuro y casi desconocido del ensimismamiento de que hablara Paul Valery, y que constituye el rasgo determinante de la Modernidad”.

Para el poeta expresar libérrimamente esos efluvios interiores precisó romper con la rima y acudir al versolibrismo y la polimetría y hasta el uso de la prosa poética, que ofrece una mayor libertad de movimiento al dar rienda suelta a cuanto procede de la mismidad del sujeto, desagarrado, desarticulado y fragmentado. Fue entonces cuando acudió en busca del espíritu que procura su poder sobre sí mismo, “donde el sujeto cognoscente se penetra y se trasciende”, según la estimación de Gunther Blocker en Líneas y perfiles de la literatura moderna (Madrid, Guadarrama, 1969, p. 144).

El cultivo de la subjetividad, caracteriza, pues, al hombre moderno y, desde luego, al arte y la literatura que exploran en los dominios imaginarios, que son los que dan cuenta de nuestro ser profundo o de la intimidad de las cosas, de modo que el uso de los recursos modernizantes de la composición literaria fue producto de una necesidad expresiva, como consecuencia de esa penetración interior en la conciencia que implicó la mente moderna por lo cual la Modernidad no proviene del empleo de recursos sino de la incursión creadora en la subjetividad.

Coloquio. El siglo. Sábado 16 de febrero de 1981. No 99.


lunes, 22 de octubre de 2018

ELOGIO DE LA OSCURIDAD / Marcio Veloz Maggiolo



Era Jules Supervielle quien decía una vez, claro que en/ un poema, lo siguiente: Los peces de las profundidades / que no tienen ojos ni párpados/ han tenido que inventarse la luz / para las necesidades de su corazón.

Se refería el poeta a especies de peces –hombres, de peces-conciencia, que aún ciegos, eran capaces de generar luz, de inventarla.

Existe un mundo de sombras en donde el tacto es privilegio de la evolución. Existe un mundo digital, capaz de identificarse en colores que no llegan al iris y que la mano desarma, convirtiéndolos en arcoíris invisible, en fronda oscura, perceptible sólo por neuronas directamente conectadas al círculo concéntrico más concéntrico de la huella digital.

Los peces de las profundidades nadan y desnadan su océano palpable e invisible con los párpados cerrados, a veces sin ojos, a veces sin otro sentido que el de la temperatura de la tiniebla, y se orientan. Y cuando se orientan están haciendo un ejercicio creativo, inventan, imaginan, usan de su sentido del olfato, de su enorme sentido del sabor, y crean caminos en zonas de aguas templadas, y diferencian la luz de la sombra-el sol de la noche-siguiendo las rutas del calor que viene de arriba y que se intuye como luz, como como invento de las necesidades del corazón.

Y así vamos entre las sombras, navegando, inventando la luz. Y cada uno crea sus energéticas realidades en relación  con sus energéticas vicisitudes. Nos acostumbramos lentamente a la sombra, navegamos al tacto, nos digitalizamos, y los versos de Superville se van transformando en los nuevos versículos de un Nuevo Testamento, con evangelios húmedos, Cristos pasados de moda, oráculos mojados en noche de fondo.

Nos queda, y esto es importante, poder inventar nuestro propio destello, y es cuando volvemos a la poesía, única fuente de brillo en la cual no se necesita de combustible comprado bajo los auspicios de los guardianes del golfo.

Coloquio. El Siglo. Sábado 16 de febrero de 1991. No. 99.

sábado, 20 de octubre de 2018

EL CUENTO SICOLÓGICO




El Creador del Cuento psicológico

LETRA GRANDE.- En los círculos literarios se afirma que el creador del cuento sicólogico en la Republica dominicana es usted. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?
VIRGILIO DIAZ GRULLON.-Para mí el creador del cuento sicológico en la República Dominicana es Ángel Rafael Lamarche; pero Ángel Rafael Lamarche publicó prácticamente toda su producción en el extranjero. Aquí solo público un libro que llamo “siempre”, que era una serie de rememoraciones, de recuerdos, de añoranzas de su madre que acababa de morir. El resto se publicó en puerto rico, estados unidos y otros países. Esto tuvo como consecuencia que Ángel Rafael Lamarche no fuera lo suficientemente conocido y estudiado por nuestros críticos y literatos; y, en consecuencia, su incidencia tanto en la introducción del elemento sicológico en el cuento  como en la urbanización del cuento, o sea la traída del cuento del campo a la ciudad, no sea muy conocida. Yo creo que si hay que buscar u precursor del cuento sicológico en nuestra literatura ese sería Ángel Rafael Lamarche.

LG. ¿Entonces usted es el continuador del cuento sicológico?

VDG.- Yo sería el continuador. Incluso los primeros cuentos… no los primeros, pero si la segunda serie de cuentos que yo publiqué bajo el título de “Crónicas del Altocerro”, fueron muy influenciados por él. Ya había publicado “Un día cualquiera”, que a Lamarche le había llamado la atención y me procuró, me buscó. En esa época el no salía.  Se pasó los últimos años de su vida sin salir de su casa. Vivía con su hermana María Blanca Lamarche, que era profesora del Conservatorio compañera en esa época de mi esposa Aida. Yo recuerdo mis visitas a su casa. Vivía ahí en la César Nicolás Penson. Yo le llevaba mi manuscritos del segundo libro y el me hacía observaciones, me daba consejos y, realmente, su influencia sobre mi fue bastante importante, aun cuando mi interés en el cuento sicológico es previo a mis contactos con Ángel Rafael Lamarche. De Ángel Rafael Lamarche yo concia uno de sus cuentos que se incluyó en la antología de cuentos en Santo domingo de Sócrates Nolasco. El cuento se llamaba: Así era él”. No sé si tú lo recuerdas... y ahí tú ves claramente la preeminencia del factor sicológico. En realidad, un día cualquiera es sobre todo, una colección de doce cuentos donde, para destacar la importancia que yo le doy al elemento sicológico, se relatan acontecimientos que siempre son cotidianos, triviales. Y lo importante no es el acontecimiento en sin que se relata, sino la reacción sicológica del personaje que es protagonista o que se enfrenta a estos hechos. Entonces los hechos vienen a ser el pretexto para que la personalidad, el carácter de ese héroe, o anti héroe, se ponga de manifiesto. Naturalmente, sin la intervención del autor. Es decir, el autor se limita o yo me limito a presentar la reacción y describirla, sin intervenir directamente, para que fuera el lector el que interpretase por qué reaccionaba de esa manera. Recuerdo que en la introducción del libro, yo decía que el lector que leyese estos cuentos iba a estar como alguien que se sienta frente a la puerta de su casa y ve pasar una persona frente a esa puerta; no sabe de dónde viene, no sabe dónde va; pero mientras pasa a través de la puerta él tiene la visión fugaz de esa persona. Entonces con cada uno de esos cuentos está destinado a que esa visión fugaz, ese paso así, raudo, por frente a esa puerta, tenga los elementos suficientes como para que el lector interprete no sólo de dónde viene, sino adónde va.

Ese es el propósito, digamos la meta, de esos cuentos, y por eso yo considero muy acertada su calificación de cuentos sicológicos: Ahora, lo que yo si rechazo, porque me parece injusto aceptarlo, es que se diga que yo fui el primero en escribir cuentos de ese tipo, existiendo el precedente de Ángel Rafael Lamarche.

Letra Grande. Año I. No.3. abril de 1980.

POR EL BIEN DE NUESTROS HUESOS / Juan R. Quiñones




Aquí nadie la esperaba. A ella la trajeron desde lejos. La presentaron con cara y voz de asesina, pero era buena. La obligaron a decir en silabas rápidas: “Mátenlos, mátenlos, mátenlos”. Los nativos no entendían, pero vieron que los hombres que la conducían eran crueles y huyeron a las montañas.

Aunque ella pertenecía a los hombres que la trajeron, no era prostituta. Sí era manejable, dócil, sumisa y obediente, y siempre estaba dispuesta a decir: “Protéjanlos” y otras palabras hermosas, pero se lo impidieron.

La trajeron desaliñada. ¿Quién iba a pensar que, poco tiempo después, un hombre le reconocería su valor y le daría gracia y estilo y que ella engrandecería los méritos de muchos hombres y de muchos países?

Han pasado los años. Los nativos murieron, los hombres murieron. Pero ella permanece aquí, en todas partes. ¡Y parece que está ausente! ¿Debemos buscarla y disfrutar de su belleza? ¿Entonces le permitiríamos decir: “Amor, protección, trabajo, estudio, patria mía”? Los educadores deben llamarla, dirigirle un telegrama, pedirle que se presente urgentemente a los centros educativos, conversar con ella detenidamente y decirle: “Ya no eres ninguna extraña. Vamos a trabajar duro. Hacemos que se nutran de tí hasta los huesos de los estudiantes, por el bien de ellos y de las futuras generaciones. Nuestros jóvenes conocerán las hermosas palabras que te palpitan en las entrañas, la Lengua Española”.

Letra Grande. 2da. Edición. No.2. 1980.