martes, 28 de julio de 2026

EL ALMA DE MI ALDEA. Daniel Martínez.


PREÁMBULO / Lcdo. Chico Despradel.

Daniel Martínez: hombre que asume lo suyo:

Cuando el atardecer de la vida, con el discurrir de los años, se refleja en nuestros cuerpos, el espíritu se afana en buscar los vínculos que nunca nos alejarán de lo nuestro, asegurando con esto el recuerdo en la sociedad, guardando una especie de eternidad a través de nuestro legado que es una manera de superar la muerte, de superar el olvido a través del testimonio escrito el texto.

El texto es el ser expresado en sus escritos, así ofreció este esfuerzo literario con un marcado contenido social de un médico con profundos vínculos familiares e históricos con su comunidad, Sainaguá, con quien por numerosas razones compartimos.

Daniel Martínez es un profesional de la medicina, la hermosa y positiva actividad humana que nos identifica con el mandamiento cardinal de «Amar al prójimo como a sí mismo y por esa actividad casi divina es que puede permitirse testimoniar sobre su universo cercano, de la manera que lo hace, narrando vivencias humanas que le acercan sin limitantes a su pasado.

Hombre que asume lo suyo, que no olvida sus orígenes, que no se siente mal con sus orígenes, puede hablar con sinceridad de niño las palabras de la verdad.


SOBRE LA GENTE DE MI ALDEA / Teddy Brito.

En la literatura dominicana un acontecimiento ha contribuido enormemente a su riqueza y sostenibilidad: Mariano Lebrón Saviñón, médico, pediatra con especialidad en Argentina, expresidente de la Academia Dominicana de la Lengua, y líder del grupo Los Sorprendidos, ha sido el dominicano que, viniendo de la medicina, ha llegado más lejos y con mayor calidad en el quehacer literario.

Ha habido un torrente sorprendente de llegada a la literatura desde otras profesiones menos a fines con este quehacer, tal es el caso de Ramón Francisco, desde la contabilidad; y Ángela Hernández, desde la Ingeniería Química.

En lo que se refiere a San Cristóbal, un destacado médico, miembro de una prestigiosa familia, constituye el ejemplo de mayor rigor en el ámbito de la literatura doméstica, nos referimos al doctor Domingo Peña Nina.

En la actualidad y en el caso de San Cristóbal, un médico pediatra, con raíces en la ruralidad, se dispone a colmar nuestra atención con un conjunto de relatos basados en la tradición oral de una comunidad como Sainaguá, laboriosa, folklórica y entusiasta.

Gente simple de mi aldea es un conjunto de relatos y de acotaciones en el tiempo sobre personajes singulares de la comunidad de Sainaguá, en la que están presentes mitos, creencias, modos, maneras y peculiaridades con las que estos personajes vivieron sus mundos con un dominio sorprendente en el arte de contar.

Daniel Martínez escribe con fuerza y sagacidad el accionar de estos personajes, a veces en espacios circunspectos, Ojalá que al entrar al mundo de la literatura con esta intensa criatura impresa Gente simple de mi aldea, el Dr. Martínez comience a trillar el camino con solidez de una carrera que no debe terminar nunca.

Edelmira, la bruja que volaba

Nadie nunca pudo comprobar lo que de ella se decía, que doña Edelmira volaba, pero ese era un tema de discusión en cada tertulia, sin importar la razón.

Que el viejo Chin la había atrapado una primanoche poniendo en un paño rojo media bola de azul y tres granos de ajo colorado; o que María Engracia la había hecho caer colocando un palo de escoba de guano detrás de una puerta o con tres granos de habichuelas rojas y un grano de sal; que el niño de Maimia ella se lo había chupado un Jueves Santo y por eso al niño se le habían hinchado los pies; en fin, una y otras historias se tejían alrededor de esta pobre señora.

Quizás por su forma de vida y estilo de vestir, siempre de blanco, en faldas bastantes largas, casi a flor de tierra, apenas se les veían los pies; esto conjugado con su figura delgada, alta, con el pelo siempre amarrado con un lienzo blanco o rojo, realmente era algo que llamaba la atención.

Con mucha frecuencia andaba sola, al atardecer, que según la tradición eran las horas propicias para las brujas volar. Era de muy poco hablar, mirada escurridiza, pasos lentos y seguros cuando solía salir de su casa, casi siempre a comprar velas a donde su amiga Mamacía que las fabricaba para esos fines. Cuando la gente la observaba pasar ponían cruces de piñón en las casas donde había niños para así evitar que doña Edelmira se los chupara.

Una tarde de viernes 13, doña Edelmira salió de su casa en busca de velas, tomó la carretera en dirección a Mamacía, al pasar por el frente de la casa de Carmela, quien cargaba en brazos a una de sus nietas y, al percatarse de su presencia, se santiguó, se hincó, colocó la niña sobre un mueble y corrió a la cocina, tomó una escoba, dos granos de sal y dos de ajo, los introdujo en los flecos del guano de la escoba y la puso al revés detrás de la puerta delantera de la casa. Cargó de nuevo a su nieta y rezó un Padrenuestro y nueve Avemarías. Edelmira prosiguió literalmente su marcha y cuando había recorrido algo más de cien metros, comenzó a sentir dolores reumáticos en sus rodillas, por lo cual al llegar donde Mamacía fue necesario sentarla en una mecedora, pues el dolor y las molestias ya les impedían la marcha.

Aquel episodio se expandió como humo en el aire y entonces se supo que Carmela conocía la práctica de amarrar brujas para que no hicieran daño.



DOCTOR MIGUEL MARTĺNEZ GARCÉS

Catedrático, médico, pediatra y político; egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y del Hospital Infantil Robert Reid Cabral. Nació en 1949. Miembro del movimiento clubístico de los años posteriores a la revuelta de Abril del 1965: ocupó los cargos de secretario de Actas y Correspondencias del Club Flor de la Juventud; presidente fundador del Club Sol Naciente de Sainaguá. Presidente del Comité Organizador del Primer Festival de Atabales en 1975; presidente del Club Rotario de Las Matas de Farfán y de San Cristóbal.



Ha desempeñado importantes cargos públicos: médico jefe de Pediatría en el Hospital Dr. Federico Armando Ayear (1982-1987) y Hospital Regional Juan Pablo Pina (2002-2004);


PALABRAS / Ramón Mesa/ Editor.

Lo que aquí nos cuenta el doctor Martínez no es la de los héroes, sino la historia anónima de los de abajo, la de los que no tienen quién les escriba, y escribiendo de esta gente humilde y trabajadora, el autor escribe su propia historia. De hecho, sus palabras en el texto de introducción son una crónica importante sobre el origen de la comunidad de Sainaguá y las familias fundadoras, mismas de las que es un miembro distinguido. He aquí su gran acierto como profesional de la medicina, como autor y como intelectual agudo.


FLAM editores. Curaduría y cuidado de edición Ramón Mesa. Corrección de texto Lcda. Ysabel Florentino. Imagen de portada tomada de 
pinterest.com (autor desconocido) Diseño de portada, diagramación y arte final Lcdo. René Arias 

domingo, 26 de julio de 2026

CIMARRONES EN LA RIBERA DEL NIGUA. Rebeliones antiesclavistas en San Cristóbal. (1492-1845). Ramón Mesa.


PALABRAS / Ramón Mesa

En el presente trabajo enfocamos, de manera exclusiva, los alzamientos y rebeliones de los indios y negros esclavizados por los colonizadores en el territorio que hoy se conoce como provincia San Cristóbal. Con ello aspiramos a generar una panorámica que permita acercarnos a la realidad de los subyugados y sus consecuentes manieles y cimarronadas; así como también a la dinámica social y económica de los primeros asentamientos humanos en nuestro territorio que conformaron la amalgama racial y cultural que aún nos caracteriza etnológicamente.

Este recorrido por las rebeliones antiesclavistas nos conmina a rendir tributo a los miles de hombres y mujeres de diferentes etnias que dieron sus vidas por la libertad individual y colectiva a que aspira y ha de aspirar todo ser humano. Haina, Nigua, Palenque, Yaguate, Villa Altagracia, Santa María y el propio San Cristóbal, entre otros, hallarán en esta investigación hechos y personajes que atañen a sus orígenes, historia e identidad.

En ese sentido, vale señalar la trascendencia de mujeres protagonistas de estos alzamientos, como María Olofa, líder de la primera rebelión antiesclavista de América, en 1521, y Ana María, la reina, líder de la insurrección del ingenio Boca de Nigua en 1796.

Presentación / RAMÓN MESA / Sabana Toro, San Cristóbal, 2023.

El territorio que hoy ocupa la provincia San Cristóbal se conoció durante la época colonial española como la ribera del Nigua. Desde los albores del siglo dieciséis (1501-1600), período fundacional en el devenir de la llamada industria azucarera, que se extendió, con sus altas y bajas, hasta la segunda mitad del siglo dieciocho, toda esta región fue prolífera en caña, esclavitud, rebeliones y cimarrones.

Topográficamente, San Cristóbal podría definirse como tierra entre dos poderosos ríos Haina y Nizao. El primero, al este, nos divide de la ciudad capital, y el segundo, al oeste, de la provincia Peravia, y en medio de ambos, el Nigua, atravesando su corazón para desembocar en el mar Caribe, igual que los dos anteriores. En sus riberas germinó la flor de la caña, la del dolor y la de importantes rebeliones antiesclavistas.

Tan ricas fueron nuestras tierras para la industria azucarera y para la economía de plantación, que a gran parte de nuestro Ilano costero se le llamó en un momento de su historia: «Los Ingenios, por la abundancia de hatos, haciendas y estancias dedicadas al cultivo e industrialización de la caña de azúcar y, también -de una forma más abarcadora en el tiempo y el espacio- se le nombró «Partido de los Ingenios de Nigua», denominación que pervivió hasta 1825, según las fuentes históricas de Félix Reyes (1951). Mientras que el también historiador local, profesor Barinas (1948), afirma que, además, se le denominaba <<Partido de los Ingenios de San Cristóbal» (p.21).

El presente trabajo, realizado en base al método historiográfico que nos permite abordar diversas fuentes bibliográficas, enfocamos, de manera exclusiva, los alzamientos y rebeliones de los indios y negros esclavizados por los colonizadores en el territorio que hoy se conoce como provincia San Cristóbal. Con ello aspiramos a generar una panorámica que permita acercar-nos, la realidad de los subyugados y sus consecuentes manieles y cimarronadas; así como también, la dinámica social y económica de los primeros asentamientos humanos en nuestro territorio que conformaron la amalgama racial y cultural que aún nos caracteriza etnológicamente.

Para iniciar nuestro estudio debemos partir de algunas interrogantes. Por ejemplo, ¿cuáles fueron las rebeliones antiesclavistas acontecidas en lo que hoy es San Cristóbal durante la época colonial?, ¿cuáles fueron las causas y consecuencias de dichas rebeliones?, ¿quiénes fueron sus líderes y protagonistas?

Es de interés resaltar, de manera significativa, la cruel-dad con que el indio y el negro fueron subyugados hasta la muerte, teniendo como particular enfoque los sucesos acontecidos en el territorio que hoy se conoce como provincia San Cristóbal. De paso, el recorrido por las rebeliones antiesclavistas nos conmina a rendir tributo a los miles de hombres y mujeres de diferentes etnias que dieron sus vidas por la libertad individual y colectiva a que aspira y ha de aspirar todo ser humano.

La introspección que propone este recorrido histórico se justifica en la necesidad de que las nuevas generaciones entren en contacto con nuestro pasado, desde la perspectiva heroica y la lucha por los derechos humanos llevada a cabo por los negros antiesclavistas y cimarrones, también desde el ángulo de la exploración hacia nuestro pasado y su ancestralidad. Visto así, este ejercicio devendría en el fomento del sentido de pertenencia e identidad que tanto requiere nuestra sociedad.

Para lograr la profundidad necesaria en la narrativa que nos proponemos desarrollar, baste señalar, con toda justeza, algunas fuentes primordiales, entre las que se destacan la obra del prominente historiador dominicano Amadeo Julián y la del investigador dominicano en el Archivo General de Indias, Genaro Rodríguez Morel. De las obras de estos autores, así como de muchas otras que pueden ser corroboradas en la bibliografía anexa al final de este estudio, me he servido ampliamente para la elaboración de dicho ensayo, por lo que dejo constancia de mi gratitud a la generalidad de los autores consultados

Este trabajo es, también -vale precisarlo- una ampliación de lo que, relativo a este tema, escribí en el primer y segundo capítulo del libro Héroes de San Cristóbal, hombres y mujeres que han hecho historia (FLAM editores, 2022), publicado en coautoría con el maestro Eugenio Galán.

Pero, si bien es cierto que el tema abordado es historia patria, no menos significativo resulta el hecho de que en nuestras comunidades, en donde tuvieron lugar importantes rebeliones y alzamientos durante la época colonial, y donde como Villa Altagracia, Santa María, Haina, Hatillo y Nigua, no hay una marcada herencia de los antiguos esclavos africanos se asumen como propias, ni se tiene hasta el momento una fuente dónde encontrar estos hechos narrados de manera conjunta y sistemática en su contexto histórico y geográfica Vista del río Haina

Este trabajo también se enmarca en el interés de los estudios y conocimientos sobre nuestro pasado colonial, y que, después de la monografía de Félix Reyes Descripción histórica de las antiguas haciendas y hatos que durante la Era Colonial Española existieron en el Partido de los Ingenios de Nigua, hoy San Cristóbal (1951), muy poco se ha producido en la bibliografía local.

En tal sentido, además de la sistematización de las rebeliones acontecidas en nuestro territorio, algunas premisas planteadas aquí giran en torno al ingenio ubicado en la ribera del Haina (probablemente Engombe), estrechamente vincula-do al ingenio San Cristóbal. De igual modo, he arrojado alguna luz en relación con el fundador del ingenio San Cristóbal de Nigua, del que solo se sabía que perteneció a los hermanos Serrano en 1606, pero que se desconocía su dueño y fundador hacia la segunda década del siglo anterior.

Asimismo, queda por sentado que la industria azucarera se originó en San Cristóbal con la creación del primer trapiche para moler azúcar, fundado en la ribera del Nigua por el bachiller (médico) Gonzalo Vellosa.

En la medida de lo posible, he decidido prescindir de las tediosas citas y pies de página, con el objetivo de propiciar una lectura ágil y amena, especialmente para quienes no están acostumbrados a lecturas de carácter historiográfica El interesado en confirmar fuentes o ampliar sus conocimientos sobre la materia, habrá de remitirse a la bibliografía que hemos cotejado al cierre de este ensayo.

Para concluir, esta obra tiene su justificación en el entendido de que estamos llamados como sociedad a reconocer estas rebeliones y sus líderes cimarrones como parte intrínseca de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad.

Tululao

De este valiente indio habla Cambiaso en su Pequeño diccionario de palabras indoantillanas, escrito en 1916, en donde dice que Tululao fue un famoso guerrero indio de la zona de Haina, que prefirió ahogarse antes que servir de esclavo a los españoles.

Cuando el citado autor habla de Haina no sabemos si se refiere al área que hoy conocemos como municipio, o de los alrededores del río Jaina Arriba (o Alto Jaina), en donde se fundó la fortaleza La Buenaventura en 1496. García Bidó afirma que Tululao era un guerrero ciguayo hermano de Mayobanex, cacique que enfrentó un ejército de 100 españoles a pie y a caballo que pretendía obligarlo a que se entregara junto a su protegido, el también cacique Guarionex, por mandato del gobernador de la isla en aquel entonces.

En el suicidio de Tululao, quien prefirió morir ahogado para no servir a los españoles en calidad de esclavo, vemos un acto de clara rebeldía y negación de un sistema económico y social opresor que lo despojó de sus tierras y arruinó su pueblo y su cultura. Este acto bien podría encarnar la frase indígena que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos: «lyi aya bombé” (mejor muerto que esclavo), como un ejemplo de su determinación por ser libre o morir. (Pags. 56-57) 



RAMÓN MESA

Pintor, escritor, gestor cultural e investigador. Nació en San Cristóbal el 25 de abril de 1976. Cursa la carrera de Periodismo y Redes Sociales en la Universidad del Caribe. Fundador y vicepresidente de la Fundación Literaria Aníbal Montaño (FLAM) junto a la escritura Ysabel Florentino (Los Inseparables de la Cultura). Realizó el Curso "Estudio de las Sociedades Originarias del Caribe", impartido por el Centro León en el marco del programa Arqueología Preventiva (2020). Diplomado en Liderazgo en Gestión Cultural por la Universidad Miami Dade College. Premio Nacional de la Juventud (2010).

Ha realizado siete exposiciones individuales de pintura. Pertenece a la directiva de la Fundación Cuevas del Pomier y al Comité Organizador de la Feria del Libro Sancristobalense. Fue coordinador del Colectivo de Artistas Plásticos del Sur "Flor de Cactus". Director del Departamento de Cultura de la Alcaldía de San Cristóbal (2016-2020). Encargado de ediciones de FLAM editores. Labora como Gestor Cultural del Ministerio de Cultura, adscrito a la Dirección General del Libro y la Lectura (DGLL).

Es autor de las siguientes obras:

Ensayo

Arte taíno en San Cristóbal (2014), Cuatro años de cultura y carnaval en San Cristóbal (2021). Héroes de San Cristóbal, hombres y mujeres que han hecho historia en coautoría con Eugenio Galán (2023), 40 obras históricas de San Cristóbal. Bibliografía (2023). Cimarrones en la ribera del Nigua. Rebeliones antiesclavistas en San Cristóbal 1492-1845 (2025).

Poesía

Hechizo de lluvia y otros conjuros (2018), Los desencarnados (2019), De la flor al fango (2019).

Cuento

Tatica San Juan (2024).

FLAM editores

Curaduría y cuidado de edición Ramón Mesa Corrección de texto Lcda. Ysabel Florentino
Imagen de portada: Collage sobre una imagen del ingenio Boca de Nigua Diseño de portada, diagramación y arte final: Lcdo. René Arias

Contactos 809 703-3812/809 961-6513

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