domingo, 10 de mayo de 2009

FERIA DEL LIBRO



De Ligia Minaya
Denver, Colorado

Si hay un acontecimiento digno de aplaudir con todas las fuerzas del alma ese es la Feria Internacional del Libro que se celebra cada año en Santo Domingo. Un espacio abierto a todos, a niños y mayores, a intelectuales, poetas, historiadores, editores, narradores y sobre todo, y más que nada, a la gente sencilla que se afana cada día ganándose el pan a pie de calle. Los estudiantes la invaden con la alegría de saber que el espacio les pertenece. Los niños juegan en los lugares abiertos sólo para ellos, para que canten, escuchen cuentos, rían con los payasos y aprendan de la belleza que hay en cada libro. A los que nos gustan los libros vamos a comprarlos, a las charlas, conferencias, debates, los escritores conocemos a escritores de otros países y hasta aparece una editora que se lleve el manuscrito y nos pone más allá de la frontera, en fin que la Feria es una gozada.

Y tan cierto es lo que digo que una noche, en el stand de La Trinitaria, entraron tres jóvenes cuyo aspecto físico era el de tigres, tres tigres con el aspecto más tremendo con que la imaginación pueda crearlos, con tenis multicolores, pantalón debajo de la cintura, camiseta negras con palabras en lumínico, gorra echada para atrás, siete cadenas, cinco aretes, tatuajes, en fin, un desastre ecológico para los ojos. Se pararan frente a los anaqueles y fueron leyendo títulos y más títulos, con una solemnidad que a mí me dejó pasmada, y lo mejor era que se los comentaban uno a otro. Y pensé, si la Feria es un acontecimiento para mí qué no sería para esos muchachos. El sólo hecho de que la gente asista y entre a las librerías, lea los títulos, se asombre de que existan esos libros, ya de por sí es un camino que se abre a la lectura. Quizás no los compren, un día lo harán, cuando estén a su alcance. Tal vez por eso el incentivo a la lectura y las bibliotecas barriales sea algo tan importante y apremiante. También sería bueno llevar a los escritores a las escuelas para que leyeran sus libros y los alumnos pudieran preguntar y comentar. Eso sí, que se lea en el tono que debe tener cada personaje, no como quien lee una Hora Santa. Los personajes necesitan que se les describa como si estuvieran presentes.

La Feria es la misma cada día y a la vez distinta. Un teatro callejero la recorre, cada noche un concierto distinto nos deleita con su música, cada tarde los escritores hablan de sus libros, en cada sala nos espera una exposición de pintura, y este año Boca de Chivo y Diógenes hicieron de las suyas en una de las salas del Museo de Arte Moderno, que según vi fue la más visitada. Como en toda feria, hay comida, de la que muchos se quejan, no sé porqué, pues después de andar horas de aquí para allá es bueno hacer un alto, comer algo y seguir andando. Además, hay que pensar en las miles de personas que vienen de las provincias. Hay libros baratos y otros caros, usados y viejos, novedades y clásicos, en fin que hay de todo y para todos y una gran oportunidad de gozar de nuestra cultura y de la ajena.

DIARIO LIBRE. Mayo 2009.

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