sábado, 17 de octubre de 2009

EL SIMBOLISMO DE LA DESNUDEZ


Maguelonne Toussaint-Samat

Desde los griegos y los romanos, la verdad sale desnuda de nuestros pozos, según lo que decía Rotrou, se trataría de una “muchacha tímida”. Para la Biblia, la vergüenza de Adán y Eva dándose cuenta de que están desnudos es también la vergüenza de su estado de pecadores. Por lo demás podemos encontrar ese mito en Japón, en la tradición sintoísta: sólo después de la bajada a los infiernos (cf. La caída y expulsión del paraíso terrestre) la pareja de héroes, Izanagui e Izanami, tienen la revelación humillante de verse tal cual son desprovistos de ropa, en su estado primordial. Los sacerdotes sintoístas realizan cada invierno una ceremonia de purificación en la que están obligados a exponer su cuerpo desnudo al viento helado. Si el yogui se despoja de su taparrabos para impregnarse mejor de la estancia cósmica o energía primordial, eso es también lo que hacen ciertas bailarinas sagradas o candidatos a la iniciación. Los combates de lucha japonesa en que no se lleva otra cosa que una especie de venda que oculta el sexo con grandes nudos fueron en el pasado ceremonias rituales. Todavía siguen siéndolo, aunque en menor medida, y aunque se hayan convertido en espectáculos.

Las ropas que recubren el cuerpo serían entonces mentira y disimulo tanto moral como físico. La representación tradicional de los ascetas hindúes los muestra meditando, “vestidos de espacio”. En cuanto a los eremitas del desierto de los primeros siglos cristianos, aunque prácticamente prescindían tanto de ropa como de cualquier cuidado personal, lo hacían tanto por humildad y contrición como para indicar el ideal que debían alcanzar, según piensa Pierre Prigent a propósito de los gnósticos: él alma liberada de las contingencias y de ese cuerpo hecho de barro que le sirve de prisión recupera su estado primitivo, el de los orígenes, anterior al pecado.

Y al contrario, la práctica del deporte entre los riegos exigía la desnudez- gimnasia significa hombre desnudo- porque la cultura helénica glorificada el cuerpo que suscitó obras de arte inmortales.

Por lo tanto, la denudez representa idealmente la pureza moral, pero como nosotros estamos lejos de ser criaturas ideales y nos hemos apartado de lo que el Creador nos dio, se convierte en lascivia y erotismo provocando una llamada a los sentidos en detrimento de la serenidad espiritual. Y hasta tal punto que nos hemos olvidado de ella en nuestros hábitos. Sobre todo cuando se trata de desnudez femenina… todo el mundo sabe que el cuerpo de la mujer es el vehículo del pecado.

Es más: segundas leyendas y ciertos hechos históricos atestiguados, la visión repentina de mujeres desnudas provocaría en el hombre una verdadera parálisis de estupor, un sobrecogimiento. Sobre todo si se trata de un superhombre: el guerrero. Por ejemplo, el general romano Mario, en el siglo I de nuestra era, tuvo que realizar un esfuerzo sobrehumano para reanimar a sus tropas petrificadas ante mujeres desnudas de los cimbrios y los teutones que invadían Provenza. En Italia de la alta Edad Media, las milanesas se despojaron de sus vestidos sobre las murallas de la ciudad ante los ojos estupefactos de los agresores que, espantados, terminaron por huir. Una puerta de la ciudad celebra todavía esa derrota. En los últimos años del Quattrocento, otra milanesa, Ctalina Sforza, convertida en señora de Forli, salvó su trono de la sedición subiendo a su torre despojada de ropa. Se le negaba el poder por ser mujer, y ella demostró que su feminidad formaba parte de su poder.

Leyenda, cierto, pero basada probablemente en algún acontecimiento, es también una saga irlandesa que cuenta el rapto de de las vacas de Cooley: Cochobar, el rey de Usler, ordenó caminar a su esposa y a cincuenta mujeres que le acompañaban vestidas con el mas simple atuendo ante el héroe Cuchulainn, que conducía como un loco su carro y su ejercito hacia la villa. Los agresores, soltando las riendas, se llevaron las manos a los ojos. En el desorden subsiguiente, las gentes de Usler no tuvieron que hacer otra cosa que agacharse para coger unos prisioneros hechos trizas.

Historia del Vestido. Técnica y Moral.1. Las pieles.

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