viernes, 30 de enero de 2009

La Sexualidad en la Narrativa de Autores Dominicanos


Lic Marcial Báez

En la República Dominicana, igual que los países latinoamericanos la evolución del tema de la sexualidad en la literatura, ha ido expresándose lentamente pero conectada con el desarrollo de las mismas y circulando de manera comunitaria y en un orden estructural y genético “ y como toda América, España transplantó a Santo Domingo las familiares normas que reglaban su convivencia, consideradas y aceptadas como rectas y apropiadas”.

Y todo lo que tenía que ver con la sexualidad en sus orígenes están plasmados en cartas, diarios de escritores y autoridades de la época de la colonia, sobre todo el tema de la inmoralidad, como era catalogado todo lo que se relacionaba con la sexualidad.

En la Mala Vida de Carlos Esteban Deive, se recogen aspectos del mal vivir de la época colonial en Santo Domingo, en la que se le dedica un capítulo especial a la sexualidad: La irresistible fuerza del sexo y el cual lo conforman, Caballeretes y afeitadillos, Doncellas engañadas, Buscadores de maridos, Casamientos furtivos, Amancebamientos al por mayor, Ninfas de toma y daca, Un valentón de romanes. Donde se abordan temas como lo que expresan sus títulos y de homosexualidad, estupro, sodomía, incesto, simple fornicación etc.

Los autores dominicanos a través de la historia reciente, poco a poco han ido formando parte de la evolución del tema de la sexualidad en la literatura y en cuyas obras de una manera mínima o explicita, personal o general, tanto los femeninos como los masculinos, han transmitido el erotismo y la sexualidad del dominicano.

Entre las autoras femeninas podemos citar a Aída Cartagena Portalatín. Escalera para Electra (Novela), Hilma Contreras. Entre dos silencios (Cuentos). Ligia Minaya. El callejón de los milagros (Cuentos). Emilia Pereyra. El crimen verde (Novela), Carmen Imbert Brugal. Distinguida Señora (Novela). Mercedes Castillo. Contraolvido (Antología de jóvenes autores sancristobalenses). Mientras que en los autores masculinos se destacan: Pedro Peix. El placer está en el último piso (Novela), Marcio Veloz Maggiolo. Ritos de Cabaret (Novela). Diógenes Valdez. Los tiempos revocables, Tartufo y las orquídeas, El Cisne enfermo (Novela), José Báez Guerrero. Ceroles (Novela). Pedro Camilo. Ritual de los amores confusos ( Novela). Luis Arambilet. El secreto de Neguri (Novela). Amado Alexis Chalas. Ciudad de lodo (Novela). Lipe Collado. El tiguere dominicano (Ensayo).

Por ejemplo algunos autores recrean sus historias con las costumbres de los taínos y otras a través del tiempo expresan la cultura heredadas de los mismos como la de la Poza del Río, que eran competencia masturbatorias en parejas o en grupos, donde la conspicuidad del pene, la prontitud en el orgasmo, y el alcance del flujo eyaculatorio son los criterios para ganar la apuesta; Mario Vargas Llosa, escritor peruano, describe algo parecido con un grupo de cadetes en su obra La ciudad y los perros, también José Báez Guerrero en Ceroles: Los aborígenes eran una minoritaria raza de indios pacifistas, quienes mediante gestione diplomáticas y otras argucias logran mantener la paz con los caribes y los arahuacos, quienes preferían pelear entre sí y no ser sujetos a las interminables, aburridas y tediosas negociaciones de los indios de Faranfagana, que eran seguidas por la celebración de festivales durante los cuales todos los guerreros y diplomáticos se entregaban a la masturbación colectiva en público, parados todos en un gran redondel dentro del cual bailaban desnudas todas las mujeres de las tribus de indios caribeños, consistía en demostrar la hombría manteniendo erecto el pene durante el mayor tiempo, mientras se frotaba el glande expuesto ( ningún indio era circuncidado) con las manos o cualquier otro objeto adecuado, como por ejemplo, cáscaras de frutas a los cuales la masa carnosa había sido extraída. El indio de mayor potencia o vigor masturbatorio era generalmente el cacique o jefe; el equipo local generalmente vencía cómodamente a los visitantes…

Pero la obra de Pedro Antonio Valdez “Carnaval de Sodoma” y que nos presenta la historia de un burdel, “El Royal Palace”, de mala muerte, sórdido y desafiante, en la ciudad de la Vega, República Dominicana, frente a la Catedral, se convierte en un ejemplo literario (novela) de la sexualidad dominicana, ya que a través de las frustraciones de sus personajes podemos conocer parte de nuestra cultura sexual.

La obra ganadora del premio nacional de novela, estructurada a un ritmo de caricatura y tragedia, nos transmite en un lenguaje de pueblo, de cómo se hace, de cómo se dice y de cómo se explica el sexo en los prostíbulos.

Las historias y frustraciones de algunos personajes derrotados por la existencia, van desfilando, matizadas con situaciones sexuales como:

La explicación de cómo el pueblo llama a los órganos genitales y otras cosas: Con impaciencia magisterial le enseñó que, en el autentico español, en el del barrio, vagina se decía “toto”; pene “guebo”; fornicar “singar”; ramera, “cuero”; burdel, “maipiolería”; destruir o desmembrar, “descojonar”; y le advirtió que tuviera cuidado con el término “tíguere” porque podía significar sinverguenza, habilidoso o persona, dependiendo del tono y del entorno. Así como de, las fantasías eróticas, la masturbación, una filosofía de cómo los hombres dejan caer los orines, la clasificación de los órganos genitales según el tamaño de los mismos, la descripción de la mano, la descripción del cuerpo femenino, la descripción del cuerpo masculino, la comparación de singar al comer una naranja, los besos en la relación sexual, los sonidos en el acto sexual, las consideraciones sobre la mamadera, la homosexualidad, el voyeurismo, un llamado despectivo a uno de los bardajes del poder, los alimentos para una optima actividad sexual, la importancia del preservativo en la sexualidad, el trasvestismo, etc.

Con los ejemplos de estas obras observamos que las raíces culturales específicamente sobre el tema de la sexualidad van teniendo más apertura, van llegando cada día más a las mayorías debido en parte a las investigaciones que se han realizado como las que a finales del Siglo XIX hasta la primera mitad del Siglo XX, Sigmund Freud (1856-1939), coloca a la sexualidad en un espacio cimero con el Psicoánalisis y con sus obras: Tres ensayos para una teoría sexual (1905), Tótem y tabú (1912), Más allá del principio del placer (1920), se atrevió a través de la literatura a desnudar el pensamiento sexual humano. También los aportes de Masters y Johnson :Respuesta sexual humana (1966), Incompatibilidad sexual humana (1970), Perspectivas de la homosexualidad (1979); Alfred Kinsey: Conducta sexual en el hombre, conducta sexual en la mujer; Singer Kaplan Helen: La nueva terapia sexual 1974 y las que se continúan realizando, de la mano de la literatura (Ensayos, novelas, cuentos, poesías), la televisión, la radio y el Internet, donde gran parte de la población y especialmente la juventud tiene acceso a los mismos.

En la República Dominicana los literatos y las editoras han ido asimilando esta evolución, recientemente se público una antología de cuentos, donde el tema principal es la homosexualidad: Literatura Gay en la República Dominicana ”, una colección a cargo de Miguel Decamps y la escritora dominicana Mélida García. En el género de ensayo, por ejemplo, la Iglesia Católica Dominicana cuenta con obras como Matrimonio adulto y Juventud & Castidad: Educación sexual de nuestros jóvenes, del Padre Mateo Andrés, S J.

Ya algunos, como José Alcántara Almanzar, explican la presencia erótica o sexual en sus obras: “El erotismo, que es la expresión cultural de la sexualidad, ocupa en mi obra un espacio nuclear, tanto en los personajes marginales como en los de clase media o alta. Con una franqueza que a veces raya en el atrevimiento, las manifestaciones eróticas y las obsesiones sexuales de mis personajes son, más que juegos, respuestas de la condición humana ante situaciones diversas. A veces se presentan como prácticas que dominan al hombre y la mujer, a pesar de las apariencias de urbanidad y la simulación que caracteriza las relaciones interpersonales en nuestro país, o como válvulas de escape; pero, sea como fuere, el sexo en mis cuentos no es un mecanismo reproductor, ni una práctica ceremonial santificada por la costumbre, sino como trasgresión, desquite, flaqueza, que forman parte intrínseca del género humano”.

Ahora bien, para que el tema no llegue distorsionado y se pueda continuar eliminando tabúes, todavía hoy, muy arraigados en nuestra sociedad es necesario que los autores dominicanos investiguen más profundamente, buscando asesoría en los profesionales del área, para que hagan un mejor aporte a través de la narrativa.



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