viernes, 25 de marzo de 2022
BREVE HISTORIA DE LOS PENDEJOS / AGUSTÍN PEROZO BARINAS
miércoles, 16 de febrero de 2022
EL VALOR DE LAS COSAS / Agustín Perozo Barinas
«Este mundo material es para el hombre demasiado poco y el mundo invisible no lo percibe, no lo conoce». Enrique Rambal
martes, 15 de febrero de 2022
PATANGRUEL ENCUENTRA UN LIMOSÍN QUE TEGIVERSA LA LENGUA FRANCESA. Francois Rabelais.
FRAGMENTO
-¿Y como pasáis el tiempo
en París los señores estudiantes?-volvió a preguntar Patangruel.
-Transfretamos la ribera sequana
desde el dilúculo hasta el
crepúsculo; deambulamos por los compartimientos y las vías de la urbe;
espumamos la verbocinación latial;
como verosímiles amorhabientes, nos
captamos la benevolencia del omnipotente, omniforme y omnigenuo sexo femenino.
Ciertos dilículos nos inmiscuimos en
los lupanares de Champ-gail-llard, Matcon, Cul-de-sac-de-bourbon, de Huslien,
etcétera, y en éxtasis venéreo, inculcamos nuestras véretras en los penitentes receptáculos
de las pudendas de aquellos meretrículos amigabilísimos; después aprehendemos
en las tabernas meritísimas de la Pomme, Castell, Madeleine y Mulle, bellas espáldulas
de carnero, perforaminadas de perejil, y si por fuerte fortuna hay raridad o penuria
de pecunia en nuestras escarcelas y están exhaustas del metal ferrugíneo para
el escote, dimitimos nuestros códices y vestidos, pignorados hasta la llegada
de loís tabularios procedentes de los penates y lares patrios.
-Pero ¿Qué diablos de
lenguaje es éste?-objetó Patangruel-. ! Por Dios, que tú eres algún herético!
-Señor, no: porque libentísimamente,
en cuanto ilucerce un minutículo del
día, emigro a uno de esos tan bien arquitectados monasterios y allí,
irrigándome de hermosa agua listral, mastico un pedazo de cualquiera mística precación
de nuestros sacrificifices y
mascullando además mis precificas horas hago abstersión en mi alma de las
iniquidades nocturnas. Yo reverencio a los molipícolas.
Yo venero latrialmente al
sobrenatural astripotente. Yo amo a mis
prójimos. Yo guardo las prescripciones decalógicas, y según el poderículo de
mis fuerza, no me aparto de ellas un negrículo de uña; si bien es cierto que, a
causa de que la fortuna no superpurgita
gota en mis alcancías, soy un poco raro y lento para supergurgitar la limosna a
estas gentes pidientes de su estipendio ostialmente.
-¡Mierda!
¡Mierda!- gritó Pantagruel-. ¿Qué quiere decir ese loco? Yo creo que nos forja
aquí un lenguaje diabólico y nos encanta como un fascinador.
-Señor- le dijo uno de
sus compañeros-, sin duda ese buen mozo quiere tergiversar la lengua de los
parisienses; pero no hace más que descortezar el latín y señalar pretensiones
de pindarizar; sin duda creo que es un gran orador en lengua francesa, porque
retuerce la manera ordinaria de hablar.
GARGANTUA Y PANTAGRUEL. Francois
Rabelais. Biblioteca Edaf .1972
miércoles, 26 de enero de 2022
¿TURISTA YO? ¡NI HABLAR! MARÍA JOSÉ RAZKIN.
Erika, una alemana que cayó
en el país, por uno de esos intercambios hoteleros muy largos de detallar, le
hizo gracia la primera vez que un moreno criollo le grito al poco rato de
bajarse del avión “¡Eh my friend!, taxi, taxi”, dicho en un acento muy cibaeño.
Le pareció, de primera
impresión, así, a botipronto, un país muy hospitalario y desordenado, muy
parecido al que le habían contado sus antecesores en similar travesía, y
comprendió a la perfección, en cuanto sintió la primera bocanada de calor, el
apego de sus conciudadanos.
Como todavía se hacía un
lio con el cambio, entre los dolores, marcos y pesos, y se sentía un poco
mareada por el viaje y los merengues que le había puesto el taxista (debía
pensar este que cuanto más ruidosos mejor, y el “mami tírame un beso”, debía
gustarle mucho al buen hombre ya que lo tarareo con insistencia), Erika pago
sin rechistar su cuenta, a la que añadió una propinita porque el se había
afanado en su recorrido, chapurreando con esmero el poco ingles que sabía ye so
hay que agradecerlo siempre.
A lo que era un mangú de
plátanos, un riquísimo sancocho con arroz blanco, le enseñaron a bailar salsa y
bachata y entro en su realidad cotidiana, no le costó demasiado trabajo comprender
que la ecuación “extranjera-sola-rubia” equivalía e mayoría de las veces a “próxima víctima con dolares a la vista” por
parte de más de un vivo que veía la posibilidad de hacer su agosto aunque
estuviera solo en abril.
Erika descubrió, por
ejemplo, que su media cajetilla de cigarrillos rubios le costaba empipanablemente
uno o dos pesos más que a cualquier compañero de oficina, y que los
“sándwiches” con un jugo que apuraba al mediodía iban acompañado de una sonrisa
un tanto maliciosa del que atendía y un: ¡Dame setenta ahí!, rematados por un: ¡Eighty,
Eighty”!, cuando se daban cuenta de que no había entendido nada.
Como buena europea, no
estaba acostumbrada al sabio arte del regateo. Salvo en algún mercadillo pobre
de baratijas, ropa y relicarios, en todos los países civilizados que había
visitado, siempre pagaba lo que le pedían, pensando que era el precio justo,
real y equitativo para todo el mundo, fuera foráneo local, blanco, prieto o
mestizo. Una especie de al pan, pan y al vino (pues acábelo usted mismo).
Pero poco a poco se fue
enterando de lo que valía un peine en un cabello malo, y se fue cansando de que
cada viaje al paletero, a un mercado de artesanía, un supermercado
“especializado” en clientes extranjeros o una carretera tomada en caulquier calle,
por poner algunos ejemplos, acabara casi siempre con un balance de unos cuantos
pesos en su contra. Naturalmente también conto con honrosas excepciones a este
tipo de argucias que le devolvieron, la confianza en que no todo estaba
perdido.
Pero a modo general, la
sonrisa inicial que desplego nada más poner sus pies en tierra firme, se le fue
transformando en un dejo de amargura y queja y
de manera práctica, en la firme intención de encontrar un pronto y sabio
remedio para colocar sus divisas que no eran tantas, a salvo de la astucia
local.
Por suerte fue
aprendiendo pronto el español y al “¡hola, adiós, ¿Cómo estás? Y My nombre es
Erika” típicos de los primeros balbuceos idiomáticos fue añadiendo ya frases
más o menos elaboradas dichas con mucho
acento germano al estilo de ¡cuánto cuesta¡, “demasiado caro” o “¡oh! Lo siento
solo tengo 10pesos!”. Naturalmente detrás de estos aprendizajes estaban los
consejos de sus compañeros de labores o dominicanos de buena fe que querían
salvar a la extranjera de las garras de los tigüeres aprovechados.
Pero ni modo: su cabello
bueno y rubio y su piel blanca delataban demasiado, y comenzó a pensar que en
este país, para según que cosas, ser de fuera podía ser un problema.
Así que comenzó a usar
una táctica estratégicamente recomendada
y era la de preguntar antes de comprar: “psst. Mirra (le costaba pronunciar las
erres sencillas). ¿A cómo me das eso?, pero mira yo soy rubia pero no soy
turista, yo trabajo aquí”.
Esta frase le fue dando
un mejor resultado y generalmente iba
acompañada de esta expresión del vendedor:” Ah, pero esta gringa sabe mucho”, y
ciertamente le servía para lograr una
rebajita, de a veces hasta la mitad del precio original.
De esta manera aprendió a
sobrevivir aunque tuvo que echar muchas “pela de lengua” todavía porque había
gente empeñada en ver a todo extranjero como un ricachón con el signo de dólar
en la frente, cuando de eso, la mayoría de las veces, nada.
Dos años después, cuando
finalizo su contrato, Erika dejo el país.
En su equipaje acumulo
todas sus experiencias agradables que fueron muchas y desatinos, los menos. Pero
sobre todo volvió a recuperar la sonrisa ingenua con la que había descendido
tiempo atrás. Ahora si sabía regatear, pelear y hasta soltar alguna mala
palabra en español, o si estaba muy enfadada en alemán para que nadie se
enterara, para dejar muy claro que pendeja ¡nada!.
Y de turista… ¡ni hablar1
BUSCANDO TIEMPO PARA LEER. Los 10 derechos del posible lector. / José Rafael Lantigua.
FRAGMENTO
Presentación
Buscando tiempo para
leer. Los 10 derechos del posible lector. Un texto conciso, inteligente, no
solo bien escrito, no solo bien escrito, sino además realizado con la garra que
dan la ternura y la reflexión, cuando esta última tiene brújula la comprensión.
Siempre amaneo, bordeando a veces el humor sutil, José Rafael Lantigua consigue
meterse hondo - y meter con él al lector- en un asunto por lo general cuajado
de imposiciones y órdenes. No es extraño, pues se trata no solo de un escritor,
sino también de un hombre que ha hecho de la lectura una obra importante y una proyección intelectual
definida y prístina. Dr. Alejandro Arvelo.
Introducción
El texto siguiente, que
contiene el decálogo señalado, es una condensación del pensamiento de Pennac y,
a su vez una transcripción libre de las ideas a ese respecto elaboradas por
este reconocido educador y escritor francés en su famoso libro Como una novela.
Nuestra versión libre, en la que necesariamente hacemos modificaciones a la
escritura original e insertamos nuestros propios pareceres, no modifica los
aspectos esenciales de las ideas expuestas por Pennac, por lo cual nuestro
único merito, si acaso cabe, ha sido el de resumir y adaptar esos pensamientos
para consumo delos lectores habituales, potenciales o posibles, y contribuir de
este modo, de forma modesta, al desarrollo del inmenso e inigualable placer de
la lectura.
1. EL DERECHO A NO LEER
En el fondo, hay que
educar a los niños en la práctica de la literatura, pero darles a su vez los
medios para que juzguen libremente que un individuo rechace la lectura, es
intolerable que sea-o se crea- rechazado por ella.
Es inmensamente triste,
una soledad en la soledad, ser excluido de los libros…incluso de aquellos de
los que se puede prescindir.
2. DERECHO A SALTARSE LAS
PAGINAS
Sea usted joven o adulto,
salte las páginas que desee, pero lea, lea siempre. Puede ser, como no, que
decidamos leer todo hasta la última palabra, estimando que aquí el autor se
extiende demasiado, que allí se permite un solo de flauta pasablemente
gratuito, que en el lugar cae en la repetición y en tal otro en la idiotez.
Entonces, digamos lo que digamos, este testarudo aburrimiento que nos imponemos
no corresponde al orden del “deber”, ya esa es una categoría de nuestro placer
de lector.
3. EL DERECHO A NO
TERMINAR UN LIBRO.
Existe pues,
perfectamente, el derecho a no terminar un libro. Podemos abandonarlo, y si es
posible, intentar una relectura para entender al fin por qué no nos gusta. Este
es un placer excepcional.
4. EL DERECHO A RELEER
Salvo los malos todo libro
merece alguna vez una lectura, aunque sea parcial. Y, a veces, hasta los malos, por diversas razones. Ese reencuentros,
sin dudas, maravilloso, aun sea para reconocer que antes ese libro le resulto
fascinante y que, ahora, ya no resulta más que una referencia cultural.
5. EL DERECHO A LEER
CUALQUIER COSA.
Tenemos el derecho a leer
cualquier cosa, pero solo nos elevaremos como lector el día que cerremos por
nuestra propia cuenta, sin que nadie nos obligue a ello, la puerta de la
fábrica best-seller para subir a respirar en la casa del amigo Balzac.
6. EL DERECHO AL
BOVARISMO.(Enfermedad de transmisión textual).
De ahí la necesidad de
acordarnos de nuestras primeras emociones de lectores, y de levantar un
altarcito a nuestras antiguas lectura. Incluidas las más “estúpidas”.
Desempeñan un papel inestimable: conmovernos por lo que fuimos reindonos de lo
que nos conmovía.
7. EL DERECHO ALEER EN
CUALQUIER.
La anécdota vale para
comprobar que es posible leer, si hay interés, en cualquier lugar: la cama de
un consultorio, la parada de autobús, en el carro mientras s e espera la salida
de los niños del colegio, y si se lo permite, hasta en el butacón reclinable de
la barbería.
8. EL DERECHO A HOJEAR.
Sencillamente, tómelo
entonces en sus manos si va a la librería o a la biblioteca de un amigo, o si
se encuentra por casualidad con él en cualquier otro lugar inesperado, hojéelo
sin prisa, lea algo, lo que pueda interesarle más o cautivarle momentáneamente.
Usted terminara de inmediato si es un libro que merece su atención completa o
si solo bastara con la hojeada que le acaba de dar.
9. EL DERECHO A LEER EN
VOZ ALTA.
¡Extraña desaparición de
la lectura en voz alta! ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la
bica antes de clavárnosla en la cabeza? ¿ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya
no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? Hemos olvidado que Flaubert
“gritó” su Madam Bovary hasta reventarse los tímpanos. Él nos enseñó que la
comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras, de donde sacan todo
su sentido. Él supo, como nadie, al pelarse tanto contra la música
interpretativa de las silabas, que existe la tirania de las cadencias, que el
sentido es algo que se” pronuncia”. Flaubert, Kafka, Dostoiesvki, Rabelais,
Vargas Llosa, Cela, Bosch, Del Cabral, Veloz Maggiolo, necesitan que los
lectores soplen sobre sus libros, porque sus palabras necesitan de sus cuerpos,
porque sus libros necesitan vida.
10. EL DERECHO A CALLAR
En verdad, nadie tiene
jamás tiempo para leer. Ni los pequeños ni los mayores. La vida es un obstáculo
permanente para la lectura. El tiempo para leer siempre es tiempo robado, igual
que el tiempo para escribir o el tiempo para amar. Es un robo al deber de
vivir. El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo
de vivir. El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no -tiempo que
nadie, además, me dará-sino en si me regalo o no la dicha de ser lector.
¿PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO? / RAMÓN. E.COLOMBO.
El hombre es blanco, algo
pecoso, colorado en sus sudor, que no huele a grajo de humano, sino a fina esencia
fina de madera. Viste bermudas de puro lino checo, camisa de alegre colorido Benetton,
gafas Gucci de dorada montura y un sombrero Panamá que el regalo su padre, a
quien se lo dejo hace mucho tiempo el inolvidable y muy famoso abuelo.
Pese a sus cincuenta y
largo pico de años, camina erguido y con paso acelerado delante de un caddie
“siseñor” negro, of course, que es su sombra silenciosa para los pesados
efectos de cargar palos.
Al llegar al refrescante
Hoyo 19 del fin de la jornada golfista, pide una copa de anisete Marie Brizard
y se concentra desde una esquina del regio salón, a observar la acalorada
discusión política de cinco o deis de su clase.
Unos defendiendo a
Balaguer y otros a Peña Gómez, que definitivamente ya tiene una alma blanca,
pues compite en las encuestas del Country Club; unos atacan las reformas
mostrencas del primero y otros la dudosas promesas del segundo. A modo de
breves distracciones, se menciona a Juan Bosch, Fernandito, Jacobo y Jacinto. Los
demás no existen.
Y nuestro personaje,
aquel glamoroso burgués capitalista que se relaja allá en la esquina, sentencia,
igual que Zabalita, el de la Conversación en la Catedral) (y perdonen el símil):
“¡este país se jodió!”.
Su lamento es tan genuino
y amargo cono el del proletariado (y perdone el símil) que reclama la justicia.
Para el, la discusión
presenta el cuadro, de matices grotescos, de una clase social que ha diluido su
prosapia en un acelerado, variado y explosivo crecimiento numérico en apenas
veintitantos años (propiamente desde que a Balaguer le cogió obsesivamente con
hacer reforma agraria y fabricar nuevos ricos en serie).
Porque es que nuestro personaje,
el de la discreta esquina del Hoy 19, es nieto de un caudillo Presidente de al
Republica que ocupo el máximo protagonismo ente fines del siglo diecinueve y principios
del veinte. Porque es que el biznieto de otro caudillo que fue Vicepresidente
en el periodo de la Segunda República y tienen en sus genes cuatro apellidos de
la rancia oligarquía, aquella a laque durante añales todo aspirante a la
Presidencia tenía que acudir para pedir anuencia, apoyo o permiso (si no, no
llegaba, aun teniendo el apoyo de al gran masa popular).
Porque antes, es cierto y
él lo sabe, el verdadero Poder radicaba en (cito en orden estrictamente alfabético):
Ejercito, embajada, Iglesia y oligarquía.
Cualquiera de los cuatro tenía
capacidad para allanar resistencia en los otros y abrir brechas segura hacia la
presidencia de la Republica: un sol combinado con cualquiera de los otros,
hacia la ecuación Triunfo o la otra ecuación Golpe de Estado, Mon Cáceres o
Juan Bosch, dos presidentes constitucionales. La excepción fue Donald Reid
Cabral, precisamente un oligarca gobernante (el único en la historia contemporánea)
que fue tumbado sin el consentimiento de ninguno delos cuatro Poderes, y ya ven
ustedes el resultado: una Revolución, la de abril, que motivó el urgente
llamado directo a nada más ni menos que 42 mil marines, para que vinieran a
recomponer el cuadro.
Pero en nuestros días el
concepto oligarquía ha perdido, por variadas causas, su antiguo y
grandilocuente significado.
De hecho, la oligarquía
no existe, como clase coherente de rectoría centralizada, de ideología única y decantada
en los procesos políticos y sociales.
Es más, ser oligarca es
un anacronismo y algunos hasta se ofenden si les dicen simplemente “burgueses
capitalistas”, porque no acaban de comprender que forman parte de una clase avanzada
con graves responsabilidades en al reforma permanente de la sociedad y su
Estado.
Nuestro personaje sabe
que el crecimiento y diversificación del capital en la Republica Dominicana a tal grado que hasta Corporán de los Santos
estuvo a punto de ingresar al Country Club) ha dividido profundamente a su
propia clase, hasta en parcelas familiares y generacionales.
Y, consecuentemente,
están divididas y debilitados sus instrumentos formales de acción política y
social, Tony Isa, el de Herrera, discute de tú a tú con José Vitienes, el del Consejo Nacional de
Hombres de Empre, que recibe también el
fuego de Andrés Dauhjre, el importador neoliberal, quien a su vez, dirige la Asociación
de Industria.
Entonces, cuando nuestro
amigo del Country Club dice que “este país se jodió” es porque está
convencido de que su clase a perdido el
poder político de antaño y su futuro depende, al revés de dueños del dinero simplemente
para que les financien los gastos electorales.
Sabe que no hay Clase, en
sentido político sino “grupos empresariales”… que no es lo mismo.
Por eso, ya no pueden
poner o quitar gobiernos, ni consagrar ni anular candidatos.
REVISTA
RUMBO. Crónica de un rosca izquierda. Año I No 11. Del 7 al 13 de Abril de
1994. Santo Domingo.
sábado, 22 de enero de 2022
EL VERDADERO CAMBIO (Colindancias). ADRIANO MIGUEL TEJADA.
Tenemos años hablando
de reforma y de cambio. De hecho, la palabra cambio se ha vuelto la varita
mágica de las campañas electorales.
Traigo todo esto a
colación porque estoy convencido de que, en medios como el nuestro, las mismas
tiene que ser parciales, paso a paso, institución a institución, de acuerdo a
un “calendario de entregas” fijado previamente por un acuerdo entre las elites.
En el caso dominicano,
lamentablemente, las élites políticas no pueden tomar la decisión porque ellos serían
juez y parte. Por tanto, la decisión debe ser tomada por los que sufrimos los
embates de los políticos: por la gente organizada y por los que “tienen algo
que perder”.
Piénsese en la reforma
judicial. Para lograr una efectiva reforma judicial habría que modificar el
Senado o atribuir la ejecución a un organismo más politizado que éste que no
podría garantizar una verdadera independencia de la Función Judicial.
Si decidimos, como creo,
que el problema es más complejo que la designación de los jueces sino que
incluye, entre otras cosas, las herramientas que pongamos en sus manos para que
tengan la obligación de portarse bien, entonces entramos al juego de las instituciones
y al valor de la ley.
Por ejemplo, es ingenuo
pensar que estableciendo en la Constitución un porcentaje del presupuesto
nacional para el Poder Judicial se resolverán los problemas, cuando no se
tienen mecanismos para hacer cumplir la letra de la ley. En varias constituciones
latinoamericanas aparece el dichoso porcentaje y en ninguna se cumple. ¿Qué nos
hace pensar que aquí va a ser distinto?
Es por ello que pienso
que existen varias áreas claves de la reforma que deben ser el resultado de un
consenso nacional, a las que debe dedicarse todo el esfuerzo necesario para hacerla
funcionar. Las resumiría de la manera siguiente:
a) Creación de un
Tribunal de Salvaguarda del Patrimonio Público que se encargue de juzgar todos los
delitos de la corrupción estatal, a cualquier nivel, incluyendo como delito la mala
administración de los recursos del Estado. Ya tenemos experiencia con el
tribunal de Confiscaciones que funciono buen en su momento.
La ventaja de este
tribunal es que no afectaría a los “buenos”, sino a los malos de la película. Además
nadie se sentiría amenazado por una reforma judicial general que ni se sabe dónde
terminaría.
Asegurado el control de
la corrupción se pasaría a:
b) Descentralización
del estado, incluyendo nuevas forma de representación, y modificación de la ley
electoral para hacerla más democrática.
Es evidente, sin
embargo, que toda mutación está sujeta al concepto de gobernabilidad existente
en las élites en un momento determinado.
Ello así, porque en la
cultura política dominicana está muy enraizado el concepto de la autoridad, que
bien puede traducirse aquí como sinónimo
de gobernabilidad.
La petición reiterada
de un “Trujillo” es un grito por la autoridad necesaria para gobernar. Es por
esto que a nuestra condición le cabe perfectamente la definición de “situación
autoritaria” de Juan Linz, al referir esa especie de aberración en la cual
perseguimos un fin democrático arraigado en la cultura política del país el
concepto de autoridad física, violenta, como sinónimo de gobierno.
Es por ello que los
gobernantes que han tenido menos dificultades en su función gubernativa, son los que, como decía Lilís, han “pagado sus homenajes al ideal democrático
representativo”, pero que no lo usan en ciertos y determinados casos.
Por tanto, el peso del
valor gobernabilidad es superior, en la cultura política dominicana, al valor
democracia, derechos humanos, entre otros.
Esto puede explicar,
por ejemplo, el relativo desdén a las violaciones de los derechos humanos, a la
legalidad del sistema, porque existen valores “superiores” en la mentalidad de
la población.
Cómo cambiar la
mentalidad de la gente es la clave del verdadero cambio y para lograrlo se
necesitan ejemplos, pues, como se sabe, los hechos “siempre han tenido más
eficacia para persuadir que las razones”, como expresara José Núñez de Cáceres
hace más de 170 años.
Por eso, la reforma
tiene que hacerse gradual y pacientemente, en instituciones que sean eficaces
en la práctica.
De ahí pasaríamos a las
reformas más generales pero esto será motivo para otra entrega.
Revista RUMBO. Año 1 Numero 11 del 7 al 19 de abril de 1994.


