viernes, 25 de marzo de 2022

BREVE HISTORIA DE LOS PENDEJOS / AGUSTÍN PEROZO BARINAS



«Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen». Francisco de Quevedo 

Estaba inmerso en un medalaganario disfrute de los encantos naturales del Caribe insular, cavilando porqué la gente sigue votando a favor de sus verdugos, hasta que dos eventos con consecuencias globales frenaron de golpe esta fantástica historia. 

 A pesar de los mosquitos, huracanes, terremotos (estos rara vez), atracos, robos, desorden vehicular, ruido extremo, corrupción impune, violencia y la depredación del medioambiente y de los hábitats costeros, nuestro territorio goza de playas paradisíacas, canotaje en ríos de alta montaña, un cálido clima y exuberante vegetación; en fin, si este terruño no padeciera sus problemas seculares fuera lo más cercano a la idea del Edén.

 Alguien que se fue de estos lares, no sabemos hacia dónde, sentenció una frase lapidaria: "Me voy y os dejo, que el más vivo viva del más pendejo". Cuando la escuché por primera vez no sabía aún que yo también era de los pendejos a quienes hacía referencia. 

 Se puede pecar de pendejo de muchas formas pero la más notable es serlo y no reconocerlo: "A mí nadie me coge de pendejo", es un dicho muy generalizado. 

 Pues bien, pendejear es un atributo más universalizado de lo que se asume. Podemos repasar algunas "cogidas de pendejo" entre muchas tantas, sin antes señalar que, gracias a estas tecnologías que dieron paso a la Internet (incluyendo las redes sociales), el ciudadano de a pie tiene una poderosa herramienta, para bien o para mal, como el libre albedrío, para empoderarse como nunca antes en su historia como bípedo racional. 

 Hay arrogantes, soberbios del conocimiento, "doctos-eruditos" de la vieja escuela que buscan imponer sus 'verdades sociopolíticas' obviando aquella frase de Marco Aurelio que reza: «Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad». A esos sabelotodo podemos guiarlos con unas palabras: La falibilidad de los seres humanos implica que no pueden obtener certezas absolutas salvo casos triviales donde una afirmación es cierta por definición. La escurridiza última verdad que erróneamente creemos poder alcanzar con los sentidos y la razón en esta vida, quizá, probablemente, en el misterio de la muerte puede que se encuentre. 

 Cada quien tiene su propia versión de como su buena fe, ingenuidad, desconocimiento o imprudencia, da cabida a hábiles del provecho para quitarle lo suyo... y no solamente lo material. Lo más patético es cuando esto se hace a poblaciones y naciones enteras, como sucede con los impuestos, por ejemplo.

Usted tributa a favor de los ricos, por un lado, y a favor de ladrones públicos, por el otro. Aquí no se aplica aquello de: "¡A coger a otro de pendejo!" Los tributarios cabemos todos en el mismo cajón. 

 Una de las pendejadas mayores es tan simple como saber que de un conflicto en Europa, que desencadene en una guerra nuclear, lo cual no es enteramente imposible, nos tocará a todos un pedazo del pastel radioactivo o hasta un "invierno nuclear". 

 Sería el escenario extremo pero, en lo que alcanzamos esa meta, pues parecería que la especie humana lo desea, tenemos, sumado a una pandemia histórica, precios exorbitantes de las materias primas, los fletes marítimos, el petróleo y el gas. 

 Las guerras eternas: https://diariojudio.com/opinion/shalom-shalam/362620/

 ¿Quiénes se benefician de ello y de la espiral inflacionaria resultante? Como técnica de investigación criminal, para resolver un crimen hay que analizar el motivo. El gran capital internacional, titiritero de gobiernos, ejércitos, fuerzas policiales y judiciales, bancos, congresos legislativos, etc., podría ser... De hecho, los congresales son peones claves para legitimar lo ilegítimo. Una vez "legal" ya es concretamente posible: cogernos de pendejos.

 Fidel Castro advirtió en un discurso: "Cuando surgieron los medios masivos de comunicación se apoderaron de las mentes y gobernaban no solo de mentiras sino de reflejo condicionado. No es lo mismo la mentira que un reflejo condicionado. La mentira afecta el conocimiento. El reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar. Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar".

 Al general Augusto Pinochet le gustaba un proverbio de Antonio Machado, con un evidente contenido filosófico: «El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve». O sea, lo esencial del ojo es ver, no ser visto. El ser no es porque sea captado: es en sí mismo. Su existencia es independiente de quien lo pueda percibir. 

 Entonces, para pensar... el pendejo, ¿nace con esa tacha o evoluciona a ese nivel?

 Los ladrones públicos (no les gusta que les llamen de esa forma) son aquellos, civiles o militares, que succionan del erario, vía salarios y privilegios excesivos de manera "legal", pues los mismos han sigo legalizados por el sistema que responde a los dueños del gran capital. 

 En ese grupo también están empresarios que, como sabemos los pendejos (aunque finjamos no saberlo), estructuran negocios y despojos contra los intereses y patrimonios del Estado y todo esto, de nuevo: "legalmente". Hay de todo en estos litorales, desde empresarios/políticos hasta políticos/empresarios, que no es lo mismo ni es igual, pero ambos coinciden en un objetivo primario: Robar, que constituye la especie más grave de los delitos contra la propiedad, pública o privada. 

 La definición de pendejo es, en dominicano llano: un tonto, pasmado, cobarde, pusilánime o, sencillamente, estúpido. Este siempre cree "que no es pendejo". También es común el oportunista que "se hace el pendejo" y tiende a defender, o ser indiferente, a lo mal hecho. 

 Héctor Barnés nos aporta un buen artículo del cual extraemos la ley número cinco de «Las cinco leyes de la estupidez», de Cipolla: “Una persona estúpida es lo más peligroso. Es más peligrosa que un bandido”. 

 Y continúa: “Después de la actuación de un bandido perfecto, este obtiene un beneficio que es exactamente igual a lo que ha perdido la otra persona. La sociedad en su conjunto no sale perdiendo ni ganando. Si todos los miembros fuesen bandidos perfectos, la sociedad permanecería igual y no había grandes problemas. La diferencia es que los estúpidos no ocasionan ese equilibrio en la sociedad: simplemente, la hacen peor". 

 Aún más: "La gran pregunta por lo tanto, es si de verdad es preferible una sociedad de bandidos a una de estúpidos. Es lo que se deduce de la (irónica) teoría de Cipolla, con todo lo que ello implica. ¿Es mejor una sociedad donde todo el mundo se robe mutuamente, porque ello causaría un nuevo equilibrio? ¿Se produciría un estado de homeostasis en el que, finalmente, nadie saliese ni ganando ni perdiendo?" 

 El incauto también se divide en dos clases: El incauto inteligente (o tonto útil) es aquel cuya pérdida propia es inferior al beneficio ajeno. El incauto estúpido es aquel cuya pérdida propia es superior a la ganancia que otros obtienen de él. 

 Ver: https://www.filco.es/las-5-leyes-la-estupidez-humana/ 

 A veces los pendejos reaccionamos y publicamos en las redes algo como: "Sr. Presidente, Usted habló de esfuerzo patriótico. Empiece entonces eliminando las jubilaciones de privilegio de diputados, senadores, exministros y demás avivatos. Piense en la vida que llevan después de dejar la función, habiendo "trabajado" y aportado tan poco. Es un insulto a la sociedad. Eso es un cáncer social. Todo el que trabaja por cuatro años en el Estado en una posición de dirección en adelante se cree merecedor a recibir una pensión vitalicia. Si un día se hiciera una lista de los que se han beneficiado y se benefician sin trabajar a costa del resto de los ciudadanos se generaría un escándalo". 

 Propuesta: Indígnese. Ya a usted le robaron buena parte de su pasado y su presente, y a sus hijos, casi el futuro. Ya indignado usted sabrá lo que debe hacer y lo que no debe hacer. 

 Concluimos con Voltaire: «La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás».

 Autor del libro sociopolítico La Tríada II en Librería Cuesta.

miércoles, 16 de febrero de 2022

EL VALOR DE LAS COSAS / Agustín Perozo Barinas



 «Este mundo material es para el hombre demasiado poco y el mundo invisible no lo percibe, no lo conoce». Enrique Rambal

La economista ítalo-estadounidense, Mariana Mazzucato, escribió el libro: «El valor de las cosas», y tomé prestado el título para este artículo.

Philip Collins dijo: «Alguien debería hacer un musical de este libro. Eso es bastante improbable, lo reconozco, pero no tanto como parece. Es hora de trabajar en la idea y Mariana Mazzucato es candidata para escribir el libreto».

La palabra valor deriva del latín 'valere' que significa "ser fuerte" y de donde tenemos nuestro verbo 'valer'. El verbo 'valere' se vincula con la raíz indoeuropea *wal- (ser fuerte). Lleva el sufijo -or que indica efecto o resultado, como en amor, calor, candor, dolor, fervor, temor, vigor, etc.

Por definición:

1- Cualidad o conjunto de cualidades por las que una persona o cosa es apreciada o bien considerada: "Una palabra de gran valor". 2- Alcance de la significación, importancia o validez de una cosa: "El valor de una palabra".

Veamos "precio", que viene del latín 'pretium' = recompensa:

1- Cantidad de dinero que permite la adquisición o uso de un bien o servicio: "El precio del cacao subió dos veces en un mes". 2- Perjuicio, esfuerzo o sacrificio que es necesario para conseguir una cosa: "El precio de la fama".

Podemos ir sacando conclusiones preliminares: ¿Cuál es la diferencia entre precio y valor? Simplemente, el precio es lo que pagas por algo, o lo que el mercado cree que vale algo; el valor es lo que tú crees que vale.

Hemos escuchado relatos de ancianitos con terrenos y casitas de toda una vida donde levantaron sus familias y que se resisten a venderlos a cambio de enormes cantidades de dinero en zonas de interés turístico o inmobiliario. Para ellos, esos terrenos tienen un valor propio, intransferible; para los interesados en comprar, esos bienes tienen un precio a veces especulativo, otras tantas, de mercado.

La tierra misma, el suelo, madre de los alimentos naturales, tiene un valor sagrado, vital, útil y necesario, que dada su importancia alimentaria cualquier precio sería poco. Sin embargo, la demanda inmobiliaria, aumentada por la creación de deuda bancaria, para este caso: las hipotecas (deuda hipotecaria), impulsan los precios y estos promueven la urbanización de suelos fértiles en países donde la pobre alimentación, precisamente, es una problemática secular.

¿Qué precio tiene mi mascota, una curiosa perrita salchicha de nariz gigante y orejas de elefante que cree soy su hijo canino? El valor emocional tiene una medida: lo que usted esté dispuesto a sacrificar a cambio de dinero. Por lo tanto, el precio de mi perrita es inconmensurable.

Podrían llegar los tiempos donde se incluya el "aire puro" como valor agregado en zonas de desarrollo inmobiliario. El aire es invaluable por razón obvia, pero ya está tan contaminado en muchas ciudades que podría tener ese VA endosado a esas ofertas inmobiliarias. ¿El agua? Lo mismo... cuando usted la compra embotellada es agua 'privatizada' con un precio de venta específico. Pertenezco a la última generación de dominicanos que tomaba agua directa del grifo, sin riesgos, para saciar la sed.

El ser humano se está individualizando en extremo y progresivamente, perdiendo su sentido de comunidad, de solidaridad,  valores comunes en pequeños poblados. «La individualización es una estructura de la personalidad propia de las sociedades industrializadas en la cual, como si se tratara de un anhelo evidente y natural, el "ideal del yo" busca diferenciarse de los demás». (Gina Zabludovsky)

Esa desconexión nos hace más egoístas y menos empáticos. La deuda, el consumismo y el miedo hacen el resto: sociedades con ciudadanos desvinculados, enajenados. Nada nuevo.

Olga Santisteban nos recuerda que el mítico conquistador macedonio, Alejandro Magno, dijo: «De la conducta de cada uno depende el destino de todos», lo cual, no cabe duda, tendría una importancia capital para llevar a cabo todo aquello que se propuso.

El todo es la suma de sus partes y en estas radica el problema. Si la mayor proporción de las partes están defectuosas, ¿que se puede esperar del conjunto? 

Si el ser humano, en su mayoría, entendiera la maravillosa y milagrosa obra que es, sería menos frívolo y superficial y se valorara más a sí mismo. Un ejemplo entre cientos, ver: https://youtu.be/rd6_zrvwk7U

Esta pandemia ha sido un escenario donde el valor y el precio de las cosas se contraponen: La crematística de algunas poderosas farmacéuticas en oposición a la salud de la humanidad, y los intereses de sectores industriales, financieros, e incluso de transporte marítimo a nivel global, en oposición al costo de los alimentos para las poblaciones del planeta. Ver: https://www.xlsemanal.com/firmas/20120923/agonia-crematistica-3587.html

La degradación del hombre y sus sociedades, al punto de vernos amenazados recurrentemente por un conflicto nuclear, por lejano que nos pueda parecer, es consecuencia de priorizar la utilidad, el provecho, el beneficio, sobre el valor. Los intereses de dominio generan guerras donde el valor por la vida misma se reduce a un objetivo militar.

¿Qué tanto valor tienen las abejas, los abejorros, las avispas? Los insectos polinizadores desempeñan un papel vital en la agricultura, en los ecosistemas y en la producción de alimentos para las personas. Sin embargo, están en peligro por causas vinculadas a la acción humana. (FAO/Américas)

¿Que valor tienen las masas forestales? Las tecnologías digitales han reducido considerablemente el uso de papel periódico y papeles de oficina lo que quita presión al desafío de la desforestación global. Aunque seguimos con el grave eco-problema del papel higiénico y otros, como las servilletas, faciales y el papel toalla. Apremiante agregar otros eco-problemas, como son: los vertederos, el desagüe de aguas residuales y los desechos no degradables, que disminuyen el 'valor real' del medioambiente y los hábitats.

«Los españoles sufrimos una enfermedad del corazón que solo se cura con oro», dijo una vez Hernán Cortés a Moctezuma, en una de esas dudosas frases que han pasado a la Historia. Pero aunque no se deba interpretar literalmente, más que considerar al oro como elemento de sanación, en este caso su ausencia puede enfermar de varias formas a sus adoradores. (Jorge Álvarez/Los soldados del Rey)

Concluimos con el mismo Rambal cuando nos advierte: «No entreguemos el corazón a cosas perecederas». O nos acabará consumiendo nuestro propia necedad de no querer ver, entender y atender lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos. Algunos nos responderían que el oro no es perecedero... 

Autor del libro sociopolítico «La Tríada II», en Librería Cuesta.

martes, 15 de febrero de 2022

PATANGRUEL ENCUENTRA UN LIMOSÍN QUE TEGIVERSA LA LENGUA FRANCESA. Francois Rabelais.




FRAGMENTO

-¿Y como pasáis el tiempo en París los señores estudiantes?-volvió a preguntar Patangruel.

-Transfretamos la ribera sequana desde el dilúculo hasta el crepúsculo; deambulamos por los compartimientos y las vías de la urbe; espumamos la verbocinación latial; como verosímiles amorhabientes, nos captamos la benevolencia del omnipotente, omniforme y omnigenuo sexo femenino. Ciertos dilículos nos inmiscuimos en los lupanares de Champ-gail-llard, Matcon, Cul-de-sac-de-bourbon, de Huslien, etcétera, y en éxtasis venéreo, inculcamos nuestras véretras en los penitentes receptáculos de las pudendas de aquellos meretrículos amigabilísimos; después aprehendemos en las tabernas meritísimas de la Pomme, Castell, Madeleine y Mulle, bellas espáldulas de carnero, perforaminadas de perejil, y si por fuerte fortuna hay raridad o penuria de pecunia en nuestras escarcelas y están exhaustas del metal ferrugíneo para el escote, dimitimos nuestros códices y vestidos, pignorados hasta la llegada de loís tabularios procedentes de los penates y lares patrios.

-Pero ¿Qué diablos de lenguaje es éste?-objetó Patangruel-. ! Por Dios, que tú eres algún herético!

-Señor, no: porque libentísimamente, en cuanto ilucerce un minutículo del día, emigro a uno de esos tan bien arquitectados monasterios y allí, irrigándome de hermosa agua listral, mastico un pedazo de cualquiera mística precación de nuestros sacrificifices y mascullando además mis precificas horas hago abstersión en mi alma de las iniquidades nocturnas. Yo reverencio a los molipícolas. Yo venero latrialmente al sobrenatural astripotente. Yo amo a mis prójimos. Yo guardo las prescripciones decalógicas, y según el poderículo de mis fuerza, no me aparto de ellas un negrículo de uña; si bien es cierto que, a causa de que la fortuna no superpurgita gota en mis alcancías, soy un poco raro y lento para supergurgitar la limosna a estas gentes pidientes de su estipendio ostialmente.

Mierda! ¡Mierda!- gritó Pantagruel-. ¿Qué quiere decir ese loco? Yo creo que nos forja aquí un lenguaje diabólico y nos encanta como un fascinador.

-Señor- le dijo uno de sus compañeros-, sin duda ese buen mozo quiere tergiversar la lengua de los parisienses; pero no hace más que descortezar el latín y señalar pretensiones de pindarizar; sin duda creo que es un gran orador en lengua francesa, porque retuerce la manera ordinaria de hablar.

GARGANTUA Y PANTAGRUEL. Francois Rabelais. Biblioteca Edaf .1972


miércoles, 26 de enero de 2022

¿TURISTA YO? ¡NI HABLAR! MARÍA JOSÉ RAZKIN.

 



Erika, una alemana que cayó en el país, por uno de esos intercambios hoteleros muy largos de detallar, le hizo gracia la primera vez que un moreno criollo le grito al poco rato de bajarse del avión “¡Eh my friend!, taxi, taxi”, dicho en un acento muy cibaeño.

Le pareció, de primera impresión, así, a botipronto, un país muy hospitalario y desordenado, muy parecido al que le habían contado sus antecesores en similar travesía, y comprendió a la perfección, en cuanto sintió la primera bocanada de calor, el apego de sus conciudadanos.

Como todavía se hacía un lio con el cambio, entre los dolores, marcos y pesos, y se sentía un poco mareada por el viaje y los merengues que le había puesto el taxista (debía pensar este que cuanto más ruidosos mejor, y el “mami tírame un beso”, debía gustarle mucho al buen hombre ya que lo tarareo con insistencia), Erika pago sin rechistar su cuenta, a la que añadió una propinita porque el se había afanado en su recorrido, chapurreando con esmero el poco ingles que sabía ye so hay que agradecerlo siempre.

A lo que era un mangú de plátanos, un riquísimo sancocho con arroz blanco, le enseñaron a bailar salsa y bachata y entro en su realidad cotidiana, no le costó demasiado trabajo comprender que la ecuación “extranjera-sola-rubia” equivalía e mayoría de las veces  a “próxima víctima con dolares a la vista” por parte de más de un vivo que veía la posibilidad de hacer su agosto aunque estuviera solo en abril.

Erika descubrió, por ejemplo, que su media cajetilla de cigarrillos rubios le costaba empipanablemente uno o dos pesos más que a cualquier compañero de oficina, y que los “sándwiches” con un jugo que apuraba al mediodía iban acompañado de una sonrisa un tanto maliciosa del que atendía y un: ¡Dame setenta ahí!, rematados por un: ¡Eighty, Eighty”!, cuando se daban cuenta de que no había entendido nada.

Como buena europea, no estaba acostumbrada al sabio arte del regateo. Salvo en algún mercadillo pobre de baratijas, ropa y relicarios, en todos los países civilizados que había visitado, siempre pagaba lo que le pedían, pensando que era el precio justo, real y equitativo para todo el mundo, fuera foráneo local, blanco, prieto o mestizo. Una especie de al pan, pan y al vino (pues acábelo usted mismo).

Pero poco a poco se fue enterando de lo que valía un peine en un cabello malo, y se fue cansando de que cada viaje al paletero, a un mercado de artesanía, un supermercado “especializado” en clientes extranjeros o una carretera tomada en caulquier calle, por poner algunos ejemplos, acabara casi siempre con un balance de unos cuantos pesos en su contra. Naturalmente también conto con honrosas excepciones a este tipo de argucias que le devolvieron, la confianza en que no todo estaba perdido.

Pero a modo general, la sonrisa inicial que desplego nada más poner sus pies en tierra firme, se le fue transformando en un dejo de amargura y queja y  de manera práctica, en la firme intención de encontrar un pronto y sabio remedio para colocar sus divisas que no eran tantas, a salvo de la astucia local.

Por suerte fue aprendiendo pronto el español y al “¡hola, adiós, ¿Cómo estás? Y My nombre es Erika” típicos de los primeros balbuceos idiomáticos fue añadiendo ya frases más o menos elaboradas  dichas con mucho acento germano al estilo de ¡cuánto cuesta¡, “demasiado caro” o “¡oh! Lo siento solo tengo 10pesos!”. Naturalmente detrás de estos aprendizajes estaban los consejos de sus compañeros de labores o dominicanos de buena fe que querían salvar a la extranjera de las garras de los tigüeres aprovechados.

Pero ni modo: su cabello bueno y rubio y su piel blanca delataban demasiado, y comenzó a pensar que en este país, para según que cosas, ser de fuera podía ser un problema.

Así que comenzó a usar una táctica  estratégicamente recomendada y era la de preguntar antes de comprar: “psst. Mirra (le costaba pronunciar las erres sencillas). ¿A cómo me das eso?, pero mira yo soy rubia pero no soy turista, yo trabajo aquí”.

Esta frase le fue dando un mejor  resultado y generalmente iba acompañada de esta expresión del vendedor:” Ah, pero esta gringa sabe mucho”, y ciertamente le servía para  lograr una rebajita, de a veces hasta la mitad del precio original.

De esta manera aprendió a sobrevivir aunque tuvo que echar muchas “pela de lengua” todavía porque había gente empeñada en ver a todo extranjero como un ricachón con el signo de dólar en la frente, cuando de eso, la mayoría de las veces, nada.

Dos años después, cuando finalizo su contrato, Erika dejo el país.

En su equipaje acumulo todas sus experiencias agradables que fueron muchas y desatinos, los menos. Pero sobre todo volvió a recuperar la sonrisa ingenua con la que había descendido tiempo atrás. Ahora si sabía regatear, pelear y hasta soltar alguna mala palabra en español, o si estaba muy enfadada en alemán para que nadie se enterara, para dejar muy claro que pendeja ¡nada!.

Y de turista… ¡ni hablar1

BUSCANDO TIEMPO PARA LEER. Los 10 derechos del posible lector. / José Rafael Lantigua.

 





FRAGMENTO

Presentación

Buscando tiempo para leer. Los 10 derechos del posible lector. Un texto conciso, inteligente, no solo bien escrito, no solo bien escrito, sino además realizado con la garra que dan la ternura y la reflexión, cuando esta última tiene brújula la comprensión. Siempre amaneo, bordeando a veces el humor sutil, José Rafael Lantigua consigue meterse hondo - y meter con él al lector- en un asunto por lo general cuajado de imposiciones y órdenes. No es extraño, pues se trata no solo de un escritor, sino también de un hombre que ha hecho de la lectura una  obra importante y una proyección intelectual definida y prístina. Dr. Alejandro Arvelo.

Introducción

El texto siguiente, que contiene el decálogo señalado, es una condensación del pensamiento de Pennac y, a su vez una transcripción libre de las ideas a ese respecto elaboradas por este reconocido educador y escritor francés en su famoso libro Como una novela. Nuestra versión libre, en la que necesariamente hacemos modificaciones a la escritura original e insertamos nuestros propios pareceres, no modifica los aspectos esenciales de las ideas expuestas por Pennac, por lo cual nuestro único merito, si acaso cabe, ha sido el de resumir y adaptar esos pensamientos para consumo delos lectores habituales, potenciales o posibles, y contribuir de este modo, de forma modesta, al desarrollo del inmenso e inigualable placer de la lectura.

1. EL DERECHO A NO LEER

En el fondo, hay que educar a los niños en la práctica de la literatura, pero darles a su vez los medios para que juzguen libremente que un individuo rechace la lectura, es intolerable que sea-o se crea- rechazado por ella.

Es inmensamente triste, una soledad en la soledad, ser excluido de los libros…incluso de aquellos de los que se puede prescindir.

2. DERECHO A SALTARSE LAS PAGINAS

Sea usted joven o adulto, salte las páginas que desee, pero lea, lea siempre. Puede ser, como no, que decidamos leer todo hasta la última palabra, estimando que aquí el autor se extiende demasiado, que allí se permite un solo de flauta pasablemente gratuito, que en el lugar cae en la repetición y en tal otro en la idiotez. Entonces, digamos lo que digamos, este testarudo aburrimiento que nos imponemos no corresponde al orden del “deber”, ya esa es una categoría de nuestro placer de lector.

3. EL DERECHO A NO TERMINAR UN LIBRO.

Existe pues, perfectamente, el derecho a no terminar un libro. Podemos abandonarlo, y si es posible, intentar una relectura para entender al fin por qué no nos gusta. Este es un placer excepcional.

4. EL DERECHO A RELEER

Salvo los malos todo libro merece alguna vez una lectura, aunque sea parcial. Y, a veces, hasta  los malos, por diversas razones. Ese reencuentros, sin dudas, maravilloso, aun sea para reconocer que antes ese libro le resulto fascinante y que, ahora, ya no resulta más que una referencia cultural.

5. EL DERECHO A LEER CUALQUIER COSA.

Tenemos el derecho a leer cualquier cosa, pero solo nos elevaremos como lector el día que cerremos por nuestra propia cuenta, sin que nadie nos obligue a ello, la puerta de la fábrica best-seller para subir a respirar en la casa del amigo Balzac.

6. EL DERECHO AL BOVARISMO.(Enfermedad de transmisión textual).

De ahí la necesidad de acordarnos de nuestras primeras emociones de lectores, y de levantar un altarcito a nuestras antiguas lectura. Incluidas las más “estúpidas”. Desempeñan un papel inestimable: conmovernos por lo que fuimos reindonos de lo que nos conmovía.

7. EL DERECHO ALEER EN CUALQUIER.

La anécdota vale para comprobar que es posible leer, si hay interés, en cualquier lugar: la cama de un consultorio, la parada de autobús, en el carro mientras s e espera la salida de los niños del colegio, y si se lo permite, hasta en el butacón reclinable de la barbería.

8. EL DERECHO A HOJEAR.

Sencillamente, tómelo entonces en sus manos si va a la librería o a la biblioteca de un amigo, o si se encuentra por casualidad con él en cualquier otro lugar inesperado, hojéelo sin prisa, lea algo, lo que pueda interesarle más o cautivarle momentáneamente. Usted terminara de inmediato si es un libro que merece su atención completa o si solo bastara con la hojeada que le acaba de dar.

 

 

9. EL DERECHO A LEER EN VOZ ALTA.

¡Extraña desaparición de la lectura en voz alta! ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la bica antes de clavárnosla en la cabeza? ¿ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? Hemos olvidado que Flaubert “gritó” su Madam Bovary hasta reventarse los tímpanos. Él nos enseñó que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras, de donde sacan todo su sentido. Él supo, como nadie, al pelarse tanto contra la música interpretativa de las silabas, que existe la tirania de las cadencias, que el sentido es algo que se” pronuncia”. Flaubert, Kafka, Dostoiesvki, Rabelais, Vargas Llosa, Cela, Bosch, Del Cabral, Veloz Maggiolo, necesitan que los lectores soplen sobre sus libros, porque sus palabras necesitan de sus cuerpos, porque sus libros necesitan vida.

10. EL DERECHO A CALLAR

En verdad, nadie tiene jamás tiempo para leer. Ni los pequeños ni los mayores. La vida es un obstáculo permanente para la lectura. El tiempo para leer siempre es tiempo robado, igual que el tiempo para escribir o el tiempo para amar. Es un robo al deber de vivir. El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir. El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no -tiempo que nadie, además, me dará-sino en si me regalo o no la dicha de ser lector.


¿PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO? / RAMÓN. E.COLOMBO.

 



El hombre es blanco, algo pecoso, colorado en sus sudor, que no huele a grajo de humano, sino a fina esencia fina de madera. Viste bermudas de puro lino checo, camisa de alegre colorido Benetton, gafas Gucci de dorada montura y un sombrero Panamá que el regalo su padre, a quien se lo dejo hace mucho tiempo el inolvidable y muy famoso abuelo.

Pese a sus cincuenta y largo pico de años, camina erguido y con paso acelerado delante de un caddie “siseñor” negro, of course, que es su sombra silenciosa para los pesados efectos de cargar palos.

Al llegar al refrescante Hoyo 19 del fin de la jornada golfista, pide una copa de anisete Marie Brizard y se concentra desde una esquina del regio salón, a observar la acalorada discusión política de cinco o deis de su clase.

Unos defendiendo a Balaguer y otros a Peña Gómez, que definitivamente ya tiene una alma blanca, pues compite en las encuestas del Country Club; unos atacan las reformas mostrencas del primero y otros la dudosas promesas del segundo. A modo de breves distracciones, se menciona a Juan Bosch, Fernandito, Jacobo y Jacinto. Los demás no existen.

Y nuestro personaje, aquel glamoroso burgués capitalista que se relaja allá en la esquina, sentencia, igual que Zabalita, el de la Conversación en la Catedral) (y perdonen el símil): “¡este país se jodió!”.

Su lamento es tan genuino y amargo cono el del proletariado (y perdone el símil) que reclama la justicia.

Para el, la discusión presenta el cuadro, de matices grotescos, de una clase social que ha diluido su prosapia en un acelerado, variado y explosivo crecimiento numérico en apenas veintitantos años (propiamente desde que a Balaguer le cogió obsesivamente con hacer reforma agraria y fabricar nuevos ricos en serie).

Porque es que nuestro personaje, el de la discreta esquina del Hoy 19, es nieto de un caudillo Presidente de al Republica que ocupo el máximo protagonismo ente fines del siglo diecinueve y principios del veinte. Porque es que el biznieto de otro caudillo que fue Vicepresidente en el periodo de la Segunda República y tienen en sus genes cuatro apellidos de la rancia oligarquía, aquella a laque durante añales todo aspirante a la Presidencia tenía que acudir para pedir anuencia, apoyo o permiso (si no, no llegaba, aun teniendo el apoyo de al gran masa popular).

Porque antes, es cierto y él lo sabe, el verdadero Poder radicaba en (cito en orden estrictamente alfabético): Ejercito, embajada, Iglesia y oligarquía.

Cualquiera de los cuatro tenía capacidad para allanar resistencia en los otros y abrir brechas segura hacia la presidencia de la Republica: un sol combinado con cualquiera de los otros, hacia la ecuación Triunfo o la otra ecuación Golpe de Estado, Mon Cáceres o Juan Bosch, dos presidentes constitucionales. La excepción fue Donald Reid Cabral, precisamente un oligarca gobernante (el único en la historia contemporánea) que fue tumbado sin el consentimiento de ninguno delos cuatro Poderes, y ya ven ustedes el resultado: una Revolución, la de abril, que motivó el urgente llamado directo a nada más ni menos que 42 mil marines, para que vinieran a recomponer el cuadro.

Pero en nuestros días el concepto oligarquía ha perdido, por variadas causas, su antiguo y grandilocuente significado.

De hecho, la oligarquía no existe, como clase coherente de rectoría centralizada, de ideología única y decantada en los procesos políticos y sociales.

Es más, ser oligarca es un anacronismo y algunos hasta se ofenden si les dicen simplemente “burgueses capitalistas”, porque no acaban de comprender que forman parte de una clase avanzada con graves responsabilidades en al reforma permanente de la sociedad y su Estado.

Nuestro personaje sabe que el crecimiento y diversificación del capital en la Republica Dominicana  a tal grado que hasta Corporán de los Santos estuvo a punto de ingresar al Country Club) ha dividido profundamente a su propia clase, hasta en parcelas familiares y generacionales.

Y, consecuentemente, están divididas y debilitados sus instrumentos formales de acción política y social, Tony Isa, el de Herrera, discute de tú a tú  con José Vitienes, el del Consejo Nacional de Hombres  de Empre, que recibe también el fuego de Andrés Dauhjre, el importador neoliberal, quien a su vez, dirige la Asociación de Industria.

Entonces, cuando nuestro amigo del Country Club dice que “este país se jodió” es porque está convencido  de que su clase a perdido el poder político de antaño y su futuro depende, al revés de dueños del dinero simplemente para que les financien los gastos electorales.

Sabe que no hay Clase, en sentido político sino “grupos empresariales”… que no es lo mismo.

Por eso, ya no pueden poner o quitar gobiernos, ni consagrar ni anular candidatos.

REVISTA RUMBO. Crónica de un rosca izquierda. Año I No 11. Del 7 al 13 de Abril de 1994. Santo Domingo.


sábado, 22 de enero de 2022

EL VERDADERO CAMBIO (Colindancias). ADRIANO MIGUEL TEJADA.

 



Tenemos años hablando de reforma y de cambio. De hecho, la palabra cambio se ha vuelto la varita mágica de las campañas electorales.

Traigo todo esto a colación porque estoy convencido de que, en medios como el nuestro, las mismas tiene que ser parciales, paso a paso, institución a institución, de acuerdo a un “calendario de entregas” fijado previamente por un acuerdo entre las elites.

En el caso dominicano, lamentablemente, las élites políticas no pueden tomar la decisión porque ellos serían juez y parte. Por tanto, la decisión debe ser tomada por los que sufrimos los embates de los políticos: por la gente organizada y por los que “tienen algo que perder”.

Piénsese en la reforma judicial. Para lograr una efectiva reforma judicial habría que modificar el Senado o atribuir la ejecución a un organismo más politizado que éste que no podría garantizar una verdadera independencia de la Función Judicial.

Si decidimos, como creo, que el problema es más complejo que la designación de los jueces sino que incluye, entre otras cosas, las herramientas que pongamos en sus manos para que tengan la obligación de portarse bien, entonces entramos al juego de las instituciones y al valor de la ley.

Por ejemplo, es ingenuo pensar que estableciendo en la Constitución un porcentaje del presupuesto nacional para el Poder Judicial se resolverán los problemas, cuando no se tienen mecanismos para hacer cumplir la letra de la ley. En varias constituciones latinoamericanas aparece el dichoso porcentaje y en ninguna se cumple. ¿Qué nos hace pensar que aquí va a ser distinto?

Es por ello que pienso que existen varias áreas claves de la reforma que deben ser el resultado de un consenso nacional, a las que debe dedicarse todo el esfuerzo necesario para hacerla funcionar. Las resumiría de la manera siguiente:

a) Creación de un Tribunal de Salvaguarda del Patrimonio Público que se encargue de juzgar todos los delitos de la corrupción estatal, a cualquier nivel, incluyendo como delito la mala administración de los recursos del Estado. Ya tenemos experiencia con el tribunal de Confiscaciones que funciono buen en su momento.

La ventaja de este tribunal es que no afectaría a los “buenos”, sino a los malos de la película. Además nadie se sentiría amenazado por una reforma judicial general que ni se sabe dónde terminaría.

Asegurado el control de la corrupción se pasaría a:

b) Descentralización del estado, incluyendo nuevas forma de representación, y modificación de la ley electoral para hacerla más democrática.

Es evidente, sin embargo, que toda mutación está sujeta al concepto de gobernabilidad existente en las élites en un momento determinado.

Ello así, porque en la cultura política dominicana está muy enraizado el concepto de la autoridad, que bien puede traducirse aquí como  sinónimo de gobernabilidad.

La petición reiterada de un “Trujillo” es un grito por la autoridad necesaria para gobernar. Es por esto que a nuestra condición le cabe perfectamente la definición de “situación autoritaria” de Juan Linz, al referir esa especie de aberración en la cual perseguimos un fin democrático arraigado en la cultura política del país el concepto de autoridad física, violenta, como sinónimo de gobierno.

Es por ello que los gobernantes que han tenido menos dificultades en su función gubernativa, son los  que, como decía  Lilís, han “pagado sus homenajes al ideal democrático representativo”, pero que no lo usan en ciertos y determinados casos.

Por tanto, el peso del valor gobernabilidad es superior, en la cultura política dominicana, al valor democracia, derechos humanos, entre otros.

Esto puede explicar, por ejemplo, el relativo desdén a las violaciones de los derechos humanos, a la legalidad del sistema, porque existen valores “superiores” en la mentalidad de la población.

Cómo cambiar la mentalidad de la gente es la clave del verdadero cambio y para lograrlo se necesitan ejemplos, pues, como se sabe, los hechos “siempre han tenido más eficacia para persuadir que las razones”, como expresara José Núñez de Cáceres hace más de 170 años.

Por eso, la reforma tiene que hacerse gradual y pacientemente, en instituciones que sean eficaces en la práctica.

De ahí pasaríamos a las reformas más generales pero esto será motivo para otra entrega.

Revista RUMBO.  Año 1 Numero 11 del 7  al 19 de abril de 1994.