martes, 11 de agosto de 2026

HOMENAJE PÓSTUMO A FREDDY GARCĺA


ERA PRECISO ESCRIBIR / Por Marcial Báez

(A José Antonio García (Freddy) / 12 de julio 2026)

 

El sueño de mi madre

o la señal que descifra un mensaje temprano,

un aviso desgarrador,

una verdad que no retorna y paraliza todo,

es la hora… cuando quiera muero.

Un asombro viralizado,

una tristeza, una multitud desencajada,

 

Era preciso escribir,

visualizarte en este rosario de palabras,

cada misterio una pregunta,

cada pregunta una enseñanza,

palabras sentidas,

palabras que son lágrimas,

una sensación de vacío nos oprime,

un dolor intenso nos abrasa,

por aquí, por allá hay un clamor: ¡Cuánta falta!


Era preciso escribir

los versos para tu recuerdo

en la humildad,

en la entrega,

en la responsabilidad,

en la empatía,   

en la innovación,

en la educación,

en el liderazgo que cuestionaba

por una mejor nación,

 

Era preciso escribir

estás sentidas palabras, 

recordarte en las buenas y en las malas,

de acuerdo contigo o no,

cuando me pedias “Cabo”,

amarrarte los cordones de tu zapato,

escucharte decirle a muchos él es mi Marci,

preguntar a Carina a mi lado dónde está

Marcial, que no lo veo...

o un día antes en la última reunión

exclamar ante todos

de manera jocosa… ¡Llegaste tarde!

era esa muestra de cariño

que no entendía

hasta que tú partida nos llegó al alma.


HOMILĺA: FREDDY EL LIDER QUE SEMBRÓ ESPERANZA / P. Francisco Escolástico Javier, s j. Loyola, 19 de julio de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, familia García Ramírez, amigos todos que acompañan a nuestro querido Freddy en esta misa final de su novenario.

Nos reunimos en este XVI Domingo del Tiempo Ordinario, y la Palabra de Dios parece haber sido escrita precisamente para este momento, para ayudarnos a comprender la vida y el legado de un hombre como Freddy García.

El Evangelio nos presenta la parábola del trigo y la cizaña. Jesús nos enseña la paciencia de Dios, que nos invita a no precipitarnos en juicios rápidos ni en arrancar con desesperación lo que nos parece malo. Freddy, hombre de pensamiento analítico, cuestionador y profundo, sabía bien que, como él mismo decía, «todo es perfectible». Él no se conformaba con la superficie; revisaba, cuestionaba y trabajaba incansablemente por mejorar su entorno, tanto en las aulas del Politécnico

Loyola como en sus luchas sociales y políticas por una San Cristóbal más justa.

Freddy no fue un hombre que buscara lo espectacular. Como nos recuerda la lectura del Libro de la Sabiduría, Dios juzga con moderación y nos gobierna con indulgencia, enseñándonos que el justo debe ser humano. Esa fue la esencia de su vida. Él mismo, con esa sencillez que lo caracterizaba, cuando se le preguntaba cómo quería ser recordado, respondía con una palabra que le regaló su gente: "murió el líder". Pero no era un liderazgo de poder, era el liderazgo de los pobres, de los que no tienen nada y han sufrido la injusticia, de los jóvenes deseosos de empleo y de los luchadores ambientales (Julio Pernús, Articulo en Listín Diario, 21/7/2024).

Freddy fue un hombre que puso a Cristo en el centro de sus obras, alimentado por referentes que le enseñaron a no amilanarse ante el poder, como el Padre Antonio “Ton” Lluberes, su mentor, y el Padre Rogelio Cruz, con quien compartió la defensa de los más necesitados. Él, que nació en Cambita y creció en la Colonia, aprendió desde niño el valor de lo pequeño, comprendiendo que cuando pocos defendían a los pobres o a la naturaleza, él debía dar el paso al frente.

Hacer bien en orar por un amigo es un acto de fe. Como dice san Pablo en la carta a los Romanos, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, intercediendo pornosotros con gemidos inefables cuando no sabemos pedir como conviene. Hoy, nuestra oración es un abrazo para Josefa, su compañera de vida por 41 años, para Anthony, Aldry y Alfry, sus hijos que heredaron su vocación docente, y para sus nietos, en quienes Freddy encontraba la plenitud de su historia y por quienes, decía él, decidía dar el todo por el todo.

Pero, hermanos, esta misa no es solo un adiós. Es un desafío. Freddy nos deja una hoja de ruta, una misión clara: «Hay que hacer lo que se dijo que hay que hacer».

Él no solo creyó en principios; los hizo fermento de sociedad. Luchó por la transparencia, por una educación basada en competencias, por la protección de la niñez vulnerada en el Reformatorio y por la dignidad de cada rincón de San Cristóbal, desde las aulas hasta los barrios como Jeringa.

El desafío que el líder nos lanza hoy es seguir sembrando ese trigo de justicia y esperanza. No nos dejemos abatir por el desánimo. Al estilo de Jesús, él vivió como un fermento: callado, constante, caminando seguro entre su gente, porque sabía que cuando alguien preguntaba por él, la respuesta siempre era: No se preocupe, el líder vuelve mañana, es uno de los nuestros.

Hoy, al encomendar a Freddy a la misericordia del Padre y al amparo de la Virgen de la Altagracia, a quien tanto amó, nos comprometemos a no dejar morir su sueño.

Que nuestro mejor homenaje sea continuar su lucha por las causas en las que él creyó, siendo nosotros también sembradores de esperanza, de verdad y de un amor que, como el suyo, supo echar raíces profundas en la familia y en la comunidad.

Que su legado sea un fermento activo que siga transformando nuestra sociedad.

Que descanse en la paz del Señor aquel que, aun en sus propias complejidades, supo vivir siempre buscando la luz.

Que así sea.

 

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