domingo, 23 de agosto de 2015

TATUAJES PARA EL ALMA


 Monseñor Freddy Bretón

Aunque he visto tatuarse hasta imágenes religiosas, no sé si hay otra cosa con la que el ser humano pueda mostrarse más superficial.” Es mundo…”, decían nuestros mayores, significando la diversidad; aunque esta no pudiera ser siempre comprendida. El primer tatuaje lo vi en mi infancia; en la parte frontal de un brazo del señor que vendía batidas en una pequeña cafetería de mi pueblo, había una gran mujer desnuda, toscamente dibujada. Había sido marinero, y eso explicaba que fuera el único tatuado en muchos kilómetros a la redonda.

Ahora veo que faltarían kilómetros de piel para dar abasto a todo lo que algunos quisieran exhibir en su cuerpo; como no se puede borrar lo tatuado, tratan de remediarlo superponiendo una imagen más amplia, con colores mas oscuros y fuertes.(Habrá algo más difícil de entender que el ser humano?). La Biblia había de poner una marca en la frente (Cf. Ezequiel 9,4) y Dios promete escribir su ley en los corazones (Cf. Jeremías 31,33). Recordamos el pasaje de Apocalipsis 14,1, el los “144,000 que llevaban escrito en la frente el nombre del cordero”. Todo lo cual puede entenderse con sentido simbólico, no físico.

En Cuanto al tatuaje, la Escritura es tajante:”No haréis incisiones en vuestra carne por los muertos; ni os haréis tatuaje. Yo Yahveh” (Levítico 19,28). Las incisiones eran practicadas como parte de los ritos funerarios paganos, que aunque prohibidos, se practicaban también en Israel.

En la Biblia no aparece más la palabra tatuaje, pero su mención aquí muestra que era practicada en el paganismo y su prohibición indica un probable uso por parte del mismo pueblo de Israel. No hay duda de que Dios quiere marcarnos profundamente, grabando en nuestro interior virtudes y valores que cambien nuestra bajeza animal en halito divino; que nos transformen en creaturas nuevas.

Si con algo vamos a marcar el alma, hagámoslo, pues, con las buenas obras, con la solidaridad. Que se grabe firmemente en ella la gracia de Dios. Porque esta, ¡oh prodigio!, ni duele, ni infecta, ni mancha nuestro interior.

 El Camino. Semanario Católico Nacional. Año 35 Edición 1779. Domingo 9 agosto 2015.

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