martes, 23 de julio de 2013

LA TRAMPA DE LA INTELIGENCIA




Edward de Bono

La gente muy inteligente puede resultar un fiasco para pensar. Pueden necesitar tanto más entrenamiento que otra gente en las técnicas del pensamiento. Esto es casi lo contrario del tópico que dice que las personas muy inteligentes automáticamente saben pensar. Esto es lo que llamamos (en el Cognitive Research Trust), “la trampa de la inteligencia”, que tiene muchos componentes de los cuales mencionaré algunos: los hay sociológicos, operativos e incluso físicos.

1. Una persona muy inteligente puede construir un argumento correcto y racional para justificar virtualmente cualquier puto de vista. Cuando más coherente es este soporte, menos se ve y menos se necesita explotar la situación. Una persona así puede quedar prisionera de sus propios puntos de vista precisamente por su capacidad para elaborarlos.

2. En la escuela y después, la facilidad de palabra a menudos e confunde con la profundidad. Cualquier persona inteligente que se lo crea caerá en la tentación de hablar mucho sin decir nada.

3. El ego, la imagen del yo y el status de una persona inteligente, se basan a menudo en esa clase de inteligencia, de allí deriva la necesidad de tener siempre la razón y de ser listo y ortodoxo.

4. El uso critico de la inteligencia siempre da una satisfacción más inmediata que el uso constructivo.

Al demostrar que otro esta equivocado unos e siente vencedor  y superior. Estar de acuerdo con otro te hace parecer superfluo y subordinado. Proponer una idea le deja a uno a merced de aquellos de quienes depende la evolución de la misma. Así es como muchas mentes brillantes quedan atrapadas en esa modalidad negativa (porque es muy atractiva).

5. Las personas muy inteligentes, parecen preferir con frecuencia la certidumbre del pensamiento reactivo (resolviendo crucigramas y cosas por el estilo). Lo que hacen es reaccionar frente a un montón de datos que se les entregan. En vez de pensar, clasifican. A esto se le lama el “efecto Everest”, ya que si las montañas existen es para que alguien trepe por ellas. En el pensamiento proyectivo, la persona que piensa tiene forma expansiva y especulativa. Por inclinación natural o por educación, las personas muy inteligentes parecen preferir la forma de pensar  reactiva. En la vida real suele ser  más necesario el pensamiento proyectivo.

6. La pura velocidad física de la mente muy inteligente la conduce a saltar a conclusiones partiendo de unas pocas señales. Lamente más lenta tiene que esperar más, examinar más señales, y puede llegar a una conclusión más apropiada.

7. Aparentemente, las personas muy inteligentes prefieren-tal vez por estímulos externos- darles más valor a la habilidad que a la sabiduría. Tal vez sea porque la habilidad es más fácil de demostrar, y es también porque depende menos de la experiencia (y esa es la razón por la cual es frecuente que los físicos y los matemáticos hagan sus contribuciones “geniales” a una edad temprana).

La trampa de la inteligencia tiene otros aspectos. No todas las personas muy inteligentes caen en esa trampa. Pueden evitarla por casualidad, por educación o mediante un esfuerzo consciente. No obstante, el peligro continúa existiendo. Y el peligro nos advierte de que no aceptemos la suposición automática de que una inteligencia elevada significa un pensamiento eficaz.


En mi opinión, se produce un trágico desperdicio de cerebros brillantes debido a que nos negamos a considerar que el pensamiento es una técnica que puede mejorarse con entrenamiento adecuado.

Aprender a pensar. Barcelona. 1993.

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