Baní, región
íntegramente poblada por un grupo de familias de origen canario, nos ofrece un
testimonio de lo que sería la sociedad dominicana si desde 1809 se hubiera
seguido respecto de la población blanca del país una política semejante a la
que en 1563 se inauguró para conservar en su mayor pureza la población
indígena. El núcleo constituido por la sociedad banileja es la flor de la
República. Somáticamente, es la zona menos mezclada del país y, tanto en la
ciudad como en los campos vecinos, se conserva intacta la tradición castellana.
Todas las virtudes de la raza se hallan allí reunidas como en un torneo en que
participan desde las prendas del carácter hasta los atributos excelsos de la
inteligencia. Las mujeres más hermosas del país alternan en aquella región
privilegiada con los hombres que mejor representan el espíritu de hidalguía que
sobrevive en Santo domingo como una herencia de la Edad de Oro de la colonia.
Sobre un medio geográfico adverso, sobre una sabana inhóspita y casi pedregosa,
la industria del hombre ha creado un emporio de riqueza y ha engrandecido la
cadena de progreso multiplicando sin interrupción los frutos de la actividad
privada. El heroísmo de la acción, la grandeza casi épica que asume allí el
trabajo, no impide que se manifieste en esta comarca una poesía más recóndita y
más dulce, que encuentra su más acabada
expresión en la armonía del hogar y en la sencillez de las costumbres
semipatriarcales. La sociedad de Baní representa también, mejor que la de
ninguna otra comarca del país, la evolución del carácter nacional hacia las
formas más altas y más puras de la vida civilizada. Es ésta la región de la
Republica donde el hombre tiene una conciencia más clara de su deber, donde la
raza tiene un mejor sentido de sus capacidades, donde el pueblo posee una
noción más firme de su cultura y el ciudadano una idea más orgullosa y más
nítida de su dignidad.
lunes, 6 de abril de 2020
domingo, 29 de marzo de 2020
DEL OFICIO DEL PERIODISTA: Altagracia Salazar.
El
oficio del periodista incluye asumir posturas frente a lo que le pasa a la
gente, a la comunidad.
Por
eso es una profesión de servicio en la que se supone defendemos derechos,
valores, principios… y en la que los demás están por encima de nosotros mismos.
En
estos días uno de los servicios adicionales que ofrecemos los profesionales de
la comunicación (así mismo, profesionales) es escuchar a la gente y compartir
sus angustias.
Cada
hora recibo mensajes de enfermos, familiares de enfermos, desempleados,
suspendidos, propietarios de pequeños negocios, dominicanos y dominicanas
residentes en el exterior preocupados por sus familias, gente de barrios y
urbanizaciones que no tienen agua o no le recogen la basura, profesionales de
la salud que se sienten desprotegidos y abusados, otros profesionales que no se
sienten valorados por las comunidades a las que sirven. En fin recibimos las
angustias de mucha gente.
Me
pregunto si toda esa gente que me escribe y a quien casi siempre trato de
contestar cree que realmente puedo hacer algo o que mi voz es suficiente para
que otros hagan algo.
Algunos
casos son tan dramáticos que no puedo contener mi propia angustia. Otros, como
la gente que protesta porque no quiere tener enfermos cerca, son tan
bochornosos que me asquean.
Hay
gente de clase media que esta descubriendo lo que otros viven todos los días
desde hace décadas. Hay gente que no quiso escuchar cuando insistíamos en la
inequidad de esta sociedad y que incluso nos insultaba y que ahora nos
escriben.
La
pandemia nos ha convertido en iguales.
Seguiré
contestando a quienes me escriben.
Supongo
que no sirve de nada que no sea el alivio de sentirse escuchado en un país
gobernado por sordos.
sábado, 28 de marzo de 2020
LA PRIMERA PROMOCION DEL POLITECNICO (13 JUNIO 1958). José Luis Sáez S.J
Al
completar sus primeros seis años de labor, y al tiempo que estrenaba el
esperado salón de actos, el Politécnico celebró la primera graduación colectiva
de los diecinueve primeros peritos de su historia. Se trataba de siete peritos
agrónomos y doce peritos industriales, es decir, seis en Motores Diesel, dos en
radio y televisión, uno en electricidad, dos en fundición y uno en
automovilismo.
Un
ambicioso programa, que se utilizaría ese mismo día como despliegue
publicitario en la prensa matutina, con la extraña mezcla que arrojan la piedad
y el patriotismo primitivo, trataba de convencer que la ceremonia de Mayo de
1956 era sólo el botón de muestra y que, a pesar de las objeciones, el
Politécnico era una empresa rentable.
Después
de asistir en la recién inaugurada capilla del Politécnico, a una misa en la
que predicó el rector P. Ramón calvo, y de establecerse oficialmente la primera
asociación de antiguos alumnos como seria costumbre a partir de entonces, los
graduandos desfilaron aquella noche hasta el nuevo auditorio mayor, acompañados
de sus madrinas, para asistir a la ceremonia de graduación. En presencia del
Nuncio Mons. Salvatore Siino y las autoridades locales, hablaron los graduados
Néstor Julio Chevalier, entonces jefe del departamento Diesel, y el subjefe del
mismo, Benjamín Tejeda Rijo, a nombre de los alumnos de las Fuerza Armadas.
Como
se destacaba ya en la Memoria publicada un año antes, el 66.6% de los graduados
trabajaban ya al llegar a su cuarto año, en empresas o entidades públicas,
mientras el 33.3% lo hacía en empresas privadas, exceptuando el caso de tres
que se desempeñaban como jefes de los talleres en la misma escuela.
Aunque
no faltaron los elogios a san Ignacio o a la Compañía de Jesús, la mayor parte
delos oradores prefirieron alabar el acierto del gobernante que había fundado
el instituto. De igual manera, el P. Calvo despedía así a los primeros peritos.
“Al
veros marchar como hombres perfectamente capacitados para la vida por vuestra
preparación moral y por vuestra
formación técnica, sentimos la íntima satisfacción de haber conseguido
los ideales de nuestro egregio Fundador: preparar para la vida, para
engrandecer la nación dominicana, jóvenes llenos de ilusión y de esfuerzos
anhelosos de contribuir con todo cuanto son y tienen, al progreso de la Nación
en los órdenes de la técnica y de la agricultura”.
Al
día siguiente, y en el estilo típico de la época, el editorial de El Caribe reconocía
que después de varios años de disciplina intelectual “la primera cosecha de politécnicos
es una gozosa realidad que alivia la impaciencia con que la República Dominicana
aguarda la hora en que los campos, fábricas, talleres y laboratorios del país
fundan, en un crisol netamente nacional, el patriotismo y la ciencia de sus
futuras generaciones en el Politécnico. Con motivo de un mensaje a la nación
(24 de octubre 1958), y refiriéndose al auge de la educación dominicana, el
gobernante destacaba la labor que realizaban los jesuitas”.
Cuatro
meses después, el mismo Trujillo alababa en público la labor de los jesuitas,
“que, sin descuidar la de índole científica, cumple un alto fin patriótico,
ético y social, preparando al estudiante en la práctica de deberes cuya
desatención constituye un vació imperdonable por los males que suele acarrear a
individuos y pueblos”.
GRADUANDOS
Abelardo
A. Liriano, Antonio Ruiz Grullón, Benjamín Tejeda Rijo, Carlos A. Rivas, César
Sandino de Jesús (que ocuparía cargos los cargos de presidente del Instituto
Nacional de Algodón, secretario de Estado de agricultura y director del
Instituto Agrario Dominicano IAD), Filiberto Bernard Minaya, Germán Genao López,
Guarionex Molina Govell, Héctor Cambero peralta, José C. Rodríguez, Juan Gómez Peña,
Lorenzo Fermín Acosta, Mario H carrasco, Nestor J. Chevalier, Nivíades Bernard
Minaya, Rafael Martes Moquete, Ramón M. Mella, Ramón M. Mella, Ramón Rodríguez
Rib y Sergio A. Espinal.
sábado, 21 de marzo de 2020
CARTAS DE MUJERES / JACINTO BENAVENTE / Fragmentos
¿Quién no ha tenido alguna vez su vida entera
pendiente de una carta? ¿Para quién no ha sido el cartero, con su uniforme de
empleado oficial, simbólico instrumento del fatum trágico, ciego e inevitable?
En un paquete de cartas puede simbolizarse nuestra existencia. Llega el correo
cada día, y al distribuir de sus cartas, cerradas como el libro de los
destinos, distribuye las penas y alegrías de cada una. En pliego grande, azul,
cuadriculado, nos trae la carta de negocios; lacónica como parte telegráfico o
minuciosa como inventario. La leemos con detenimiento; es la obligación penosa
de la vida, la lucha diaria por la existencia. Vienen también otras cartas, del
pariente que nos hace un encargo, del amigo que nos saluda o cumple otro deber
de cortesía… la recomendación, la enhorabuena, el pésame, formulas, aplicadas a
la ocasión y al dia, la vida ordinaria repartida entre afectos, deberes,
obligaciones y molestia; pensión de la vida social que se paga y se cobra en la
moneda corriente de cortes indiferencia. Pero un día el corazón, que adelanta
al reloj, salta de impaciencia en el pecho. Esperamos al cartero en el balcón y
salimos, al verle llegar a la escalera, para coger una carta en propia mano.
Una carta que se acaricia, se respira, porque trae el ambiente de un aliento
que es vida de nuestra vida. Los dedos tiemblan al despegar cuidadosos el
sobre, porque unos labios adorados pasaron por él al cerrarle. ¡Cartas que
aprendemos de memoria, de las cuales guardamos hasta el sobre, porque cada
letra es un pensamiento, una caricia, un reflejo ideal del amado ausente! ¡Día
funesto cuando es preciso devolverlas o destruirlas! Muy triste si el alma se
nubla de tristeza. Más triste si helado el llanto en un alma fría lo vemos con
mortal indiferencia. Al destruir una correspondencia amorosa, algo de dos almas
se destruye y muere con ella. ¿Qué fue mentira todo? No. El amor que miente por
mentir no es amor: sus cartas dictadas por cálculo o conveniencia, son cartas
de negocio, nada tienen que ver con el amor; no hablamos de ellas. El amor
verdadero escribe verdad siempre. Pero no se quien dijo que el amor no miente,
exagera, y en amor más que en nada las verdades de hoy son mentiras mañana. No
exageréis, pues, la verdad en vuestras cartas amorosas, y si queréis oír un
buen consejo, escribid lo menos posible, ya que, según dice un experto antes
citado, “en amor es preferible recibir un beso de más por diez cartas de
menos”. Y añade: “Las mujeres escriben muy bien las cartas de amor, pero todas
juntas no valen lo que una mirada, una sonrisa, un suspiros suyos”. Si
escribiesen menos cartas, ¡Cuántos remordimientos, cuantas desilusiones menos!
¡Cuanta mayor felicidad! La tinta es uno delos peores venenos del amor. Aceptad
el consejo, desinteresado porque es de un hombre; otro, de quien fue ocupación
y delicia andar a caza, furtiva casi siempre, de manuscritos vuestros, lo
repite.
¿Quién no ha tenido alguna vez su vida entera
pendiente de una carta? ¿Para quién no ha sido el cartero, con su uniforme de
empleado oficial, simbólico instrumento del fatum trágico, ciego e inevitable?
En un paquete de cartas puede simbolizarse nuestra existencia. Llega el correo
cada día, y al distribuir de sus cartas, cerradas como el libro de los
destinos, distribuye las penas y alegrías de cada una. En pliego grande, azul,
cuadriculado, nos trae la carta de negocios; lacónica como parte telegráfico o
minuciosa como inventario. La leemos con detenimiento; es la obligación penosa
de la vida, la lucha diaria por la existencia. Vienen también otras cartas, del
pariente que nos hace un encargo, del amigo que nos saluda o cumple otro deber
de cortesía… la recomendación, la enhorabuena, el pésame, formulas, aplicadas a
la ocasión y al dia, la vida ordinaria repartida entre afectos, deberes,
obligaciones y molestia; pensión de la vida social que se paga y se cobra en la
moneda corriente de cortes indiferencia. Pero un día el corazón, que adelanta
al reloj, salta de impaciencia en el pecho. Esperamos al cartero en el balcón y
salimos, al verle llegar a la escalera, para coger una carta en propia mano.
Una carta que se acaricia, se respira, porque trae el ambiente de un aliento
que es vida de nuestra vida. Los dedos tiemblan al despegar cuidadosos el
sobre, porque unos labios adorados pasaron por él al cerrarle. ¡Cartas que
aprendemos de memoria, de las cuales guardamos hasta el sobre, porque cada
letra es un pensamiento, una caricia, un reflejo ideal del amado ausente! ¡Día
funesto cuando es preciso devolverlas o destruirlas! Muy triste si el alma se
nubla de tristeza. Más triste si helado el llanto en un alma fría lo vemos con
mortal indiferencia. Al destruir una correspondencia amorosa, algo de dos almas
se destruye y muere con ella. ¿Qué fue mentira todo? No. El amor que miente por
mentir no es amor: sus cartas dictadas por cálculo o conveniencia, son cartas
de negocio, nada tienen que ver con el amor; no hablamos de ellas. El amor
verdadero escribe verdad siempre. Pero no se quien dijo que el amor no miente,
exagera, y en amor más que en nada las verdades de hoy son mentiras mañana. No
exageréis, pues, la verdad en vuestras cartas amorosas, y si queréis oír un
buen consejo, escribid lo menos posible, ya que, según dice un experto antes
citado, “en amor es preferible recibir un beso de más por diez cartas de
menos”. Y añade: “Las mujeres escriben muy bien las cartas de amor, pero todas
juntas no valen lo que una mirada, una sonrisa, un suspiros suyos”. Si
escribiesen menos cartas, ¡Cuántos remordimientos, cuantas desilusiones menos!
¡Cuanta mayor felicidad! La tinta es uno delos peores venenos del amor. Aceptad
el consejo, desinteresado porque es de un hombre; otro, de quien fue ocupación
y delicia andar a caza, furtiva casi siempre, de manuscritos vuestros, lo
repite.
MARIPOSAS BLANCAS / Pedacitos de Carta.
Fragmentos.
¡Tú primer amor!… ¡No lo creo!
A tu edad sería ridículo que yo fuese tu primer amor.
Acércate esas violetas a la
boca y te darán muchos besos de tu…
Cuando escribes incomodado,
¡haces una letra!... De tu carta de ayer no pude entender nada. Escribe más
despacio; la letra resulta mejor… y el espíritu.
No te avisé la hora de misa
porque me ha regañado el confesor. Dice que vamos a la iglesia, no a oír, sino
a ver oír misa, y es ofensa a Dios. Yo le hice el cargo de que los hombres sois
tan irreligiosos, que si no es por la golosina de vernos no ponéis los pies en
la iglesia y menos oiríais misa y algo es algo. Creo que ha de reconocerlo así,
y el domingo que viene se conciliará todo. El domingo pasado parecería la
iglesia un hospital, y los que más tosíamos éramos los jóvenes. Así dice el
confesor; ¡Qué juventud!.
Luisa se casa, Pepita se casa,
todos se casan… ¡Menos nosotros!
Si te quedaras pobre y no me
dejaran casar contigo, entraría en un convento. Ya lo tengo pensado.
Ya sabes que tengo más voluntad
que la tuya; por eso mismo, la tuya debe ser no contrariarme nunca.
Gracias por mis cartas. Ya
sabía yo que eres un caballero. !Que nos hemos querido mucho! ¿Quién lo duda?
¿Qué sientes verme casada? Vamos a cuentas. ¿Pensabas tu casarte conmigo? Y
aunque lo pensaras. No eres tú de la madera de los buenos maridos. Hubiéramos
sido muy desgraciados. Puedes quedarte con el retrato de mascara. Así como así,
en el que estoy más parecida.
¿Dices que me quieres tanto
como yo a ti? Demasiado sé que me quieres muy poco.
No es que me parezca mal el
regalo sino el modo de hacerlo. El billete prendido en un ramo de flores
hubiera sido una delicadeza; mandado en un sobre fue una grosería; pero hay
pocos hombres que sepan poetizar esas miseria.
Te agradezco mucho; pero otra
vez no andes con tolerancias: las flores se marchitan en seguida y cuestan un
sentido.
viernes, 13 de marzo de 2020
CASANDRA / Marcial Báez
Ella
a cien años de su nacimiento
la
del baile cadencioso
de
manera singular
enquistado
en el tiempo
para
nunca olvidar
sus
movimientos ondulantes
galanura
en el bailar.
Ella,
de pasos acompasados
trasmutando
lo tropical
brisa,
arena y mar
desbordante
identidad tricolor
aquí
y alla.
Ella,
Casandra, Soberana
emulante
estela de alegría
con
su canto de Dama sin igual.
Jueves
11 Abril 2019.
miércoles, 11 de marzo de 2020
MARCIAL BAEZ Y SUS PECES UNICOS
El escritor sancristobalense
Diógenes Valdez, Premio Nacional de Literatura, escribió en una oportunidad
“que la pintura de Marcial Báez era novedosa en continuo proceso de renovación,
que sus obras tenían una preeminencia dentro del realismo mágico y que el
espectador nunca podrá recrearse consecutivamente frente a la misma temática,
invitándonos a renovarnos para evitar que nos asalte esa muerte simbólica, que
trae consigo el tedio, el aburrimiento y la mediocridad”.
Marcial Báez en su evolución
pictórica hoy, presenta el tema de los peces en esta original muestra,
realizada exclusivamente para la nueva cafetería del Instituyo Politécnico
Loyola abstrayendo la cotidianidad de elementos
de la naturaleza en la conformación de un mundo visual único y cuya
contemplación nos invita inconscientemente a sumergirnos en las profundidades
de las aguas y como ellos sentir su dominio, su felicidad y su libertad…
Reafirmando la expresión… “Como pez en el agua”.
En esta diversidad de obras,
Marcial Báez construye una poesía visual, un mundo real-imaginario, con
elementos del espacio circundante del Instituto Politécnico Loyola (vegetales,
mariposas, orquídeas y pavos reales), hilvanando el equilibrio del ritmo, las
formas y el color que proyectados determinan el tiempo en movimiento a través
del sol, la luna, cardúmenes y líneas ondulantes, un complemento
pictórico-cultural único. (M.B. 1/2/19)
domingo, 28 de octubre de 2018
NATIVIDADES / Marcio Veloz Maggiolo
En el momento mismo en el
que el vientre de la llamada María se iluminaba para u parto de luz , nacían hormigas bobas debajo del pesebre, un pequeño o hacer huevo
de salamanqueja estallaba produciendo un animalillo de oro que raneaba por
encima del pajonal, el buey grande dejo caer una lágrima de plata que se hizo
como de azogue y se derritió entre el lodo que la noche anterior había dejado
la lluvia; también, mientras María depositaba en el lecho al pequeño, nacían arañitas
blancas que pintaban de luna con el viento del deserto, aprendieron en segundo
la distancia y el aliento de las mieles; cuando María sintió entre sus dedos
los deditos azules de su hijo, vio llegar mariposas con escenas de futuro en
sus alas: una tenia dibujado el rostro de Herodes con la orden de matanzas
entre los labios legibles, la otra llevaba en su alón la imagen de un hombre
repartiendo panes y peces en algún lugar de Galilea: cuando María sintió la
llegada de camellos y reyes distantes que se aposentaron frente al pesebre,
dijo: “estos vienen a honrar a mi hijo” en efecto, dejaron oro, incienso, mirra
y buenos pensamientos, mientras la murciélaga paria pequeños y volátiles seres
que se posaban como el gorrión, el canario, y una estrella, en la cabecera del niño;
cuando María, años después, lo vio en la cruz pudo reconocer a sus pies
hormigas bobas, y vio una salamanqueja de oro trepada en el letrero que decía
INRI, presintió que aquel buey que tenía los ojos vidriado era el mismo que
hacia 33 años había llorado lágrimas de plata; de arañitas blancas, enanas, las
mismas abejas, las que giraban sobre sus labios cuando el centurión le dio
vinagre en vez de agua. En sus manos María vio nacer mariposas, y leyó en la
silueta de sus grandes alas la imagen de su sepulcro abriéndose y de un hombre
resucitando; su sonrisa de madre se llenó de azules, y un enorme olor de
incienso y mirra se dispersó por las faldas del monte.
Durante años aquellos
seres pequeños siguieron a Jesús, lo
sintieron orar y lo vieron gemir; durante años la salamanqueja, y las abejas
breves, el olor de la mirra y el incienso, así como el fragor rumoroso de las
alas de la mariposa fueron pequeños milagros imperceptibles, metáforas de una
historia en al que no solo los hombres, sino todos los seres humildes de la
naturaleza habían estado de acuerdo en que este concitador de pequeñas y
grandes voluntades no era otro que el hijo de Dios.
Coloquio. El Siglo.
Sábado 8 de diciembre de 1990. No. 89.
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