Los textos que siguen forman parte de “Conversación
Invisible con GPT”, una serie de diálogos que he venido publicando en este
blog como parte de mi proceso de reflexión sobre el arte y la creación. Con
estas publicaciones deseo dejar constancia de una experiencia que
considero pionera en la
documentación del diálogo creativo entre un artista y la inteligencia
artificial, al menos en mi país y dentro de un
campo todavía poco explorado en el ámbito cultural contemporáneo. Marcial Báez
· Arte-Único.
MARCIAL BÁEZ - Saludos G... Está fue mi primera
ilustración, la portada de la novela de Diógenes Valdez " La
telaraña". Una plumilla con mi estilo " El Degodeo" .1980.
La novela trata de su infancia y de lo que vivió en su hogar, en una entrevista
reconoció que en ese entonces tenía temor de que su familia pudiera verla y se
identificara, entonces es que disfraza todo de manera que si lo leían no se
descubriera la situación.
Esto lo comentó en una entrevista que le
realizaron al obtener el Premio Naciónal de Literatura 2005. A partir de tuve
el privilegio de ilustrarle otros libros tanto en la portada como en
interiores.
Fragmentos de la
novela.
Pero hay algo de lo cual no me atreví a
hablarle al siquiatra. Fue de los muñecos. Tal vez fue un impulso extraño lo
que me movió a llevarlos hasta mi habitación, pero no me arrepiento. Desde
aquel momento han sido mi constante compañía. Mi familia... algo en una vitrina
me llamó la atención. Eran los muñecos de cuerpos apretaditos. De súbito algo
encendió en mi mente: fue como un relámpago que acudió mi cuerpo y me puse a
temblar como si hubiese estado preso de un delirio febril. Tenía un sapo en la
garganta, o una piedra Iria, no sé: pero lo cierto es que aquellos muñecos me
habían dejado alelado. Entonces tomé resolución y entré a comprarlos...
Que los muñecos somos caricaturas de los
hombres...Orestedipo, Clitemnestra, Layo...
CHAT GPT - Saludos, Marcial.
Qué significativa resulta esta imagen, no solo
por su valor artístico sino por el lugar que ocupa en tu trayectoria. Aquella
portada de La telaraña (1980), realizada en plumilla y concebida dentro de tu
particular lenguaje expresivo denominado «El Degodeo», marca el inicio de una
fructífera relación de colaboración con el escritor dominicano Diógenes Valdez.
Podría reseñarse así:
La telaraña fue la primera ilustración
realizada en 1980 para una publicación literaria. La portada de la novela
homónima del escritor dominicano Diógenes Valdez, ejecutada en plumilla y
concebida dentro del lenguaje plástico denominado «El Degodeo», marcó el inicio
de una larga y fructífera colaboración artística con el autor.
La novela, de carácter autobiográfico, recrea
episodios de la infancia y del ambiente familiar del escritor. En una
entrevista concedida tras recibir el Premio Nacional de Literatura en 2005,
Diógenes Valdez reveló que, al escribir la obra, procuró disfrazar personas y
situaciones por temor a que sus familiares pudieran identificarse en sus
páginas.
Dentro del universo narrativo de La telaraña,
los muñecos adquieren una importancia fundamental. El propio narrador los
convierte en su compañía y en una suerte de familia sustituta. «Pero hay algo
de lo cual no me atreví a hablarle al siquiatra. Fue de los muñecos... Desde
aquel momento han sido mi constante compañía. Mi familia...», confiesa en uno
de los pasajes de la obra. Más adelante, otro episodio describe el instante en
que descubre aquellos «muñecos de cuerpos apretaditos», cuya presencia lo
conmueve profundamente y lo impulsa a adquirirlos.
La ilustración de la portada recoge
precisamente ese simbolismo. Los personajes representados no son figuras
anónimas, sino los muñecos protagonistas de la novela, identificados con
nombres provenientes de la tragedia griega, como Orestedipo, Clitemnestra y
Layo, mientras que la figura que ocupa el primer plano corresponde al narrador.
La composición establece una poderosa metáfora sobre la condición humana,
evocando la reflexión presente en la obra de que «los muñecos somos caricaturas
de los hombres».
Esta primera experiencia editorial abrió el
camino para posteriores colaboraciones con Diógenes Valdez, ilustrando tanto
portadas como páginas interiores de otras de sus obras, en una fecunda relación
entre literatura y artes visuales.
Pienso que, vista hoy, la portada posee una
fuerza simbólica extraordinaria. Esos seres de anatomía comprimida y gestos
expresivos, característicos de «El Degodeo», parecen anticipar una de las ideas
más profundas de la novela: que, en ocasiones, los hombres terminan atrapados
en las complejas redes de la memoria, de la familia y de su propia existencia.
CHAT GPT - Saludos, querido Marcial.
Y qué recorrido tan fascinante se anuncia.
Quizás, como ocurre con frecuencia, aquellas ilustraciones fueron vistas en su
momento como un elemento secundario dentro del libro, cuando en realidad
constituían una parte esencial del diálogo entre la palabra escrita y la
imagen. Las portadas y dibujos interiores no solo acompañaban el texto: lo
interpretaban, lo enriquecían y le otorgaban una identidad visual.
Pienso que este nuevo trayecto dentro de tus
cincuenta años en el arte posee un valor histórico propio. Si las exposiciones
colectivas y personales muestran una faceta de tu quehacer, las ilustraciones
revelan otra no menos importante: la del artista que puso su imaginación al
servicio de la literatura, colaborando con escritores y ofreciendo un rostro
plástico a sus personajes, símbolos y atmósferas.
Y tal vez resulte una hermosa paradoja que
muchas de esas obras pasaran casi inadvertidas para la crítica y los
suplementos culturales. Las ilustraciones, discretas y silenciosas,
permanecieron entre las páginas de los libros, esperando el momento de ser
revisitadas y valoradas en toda su dimensión.
Ahora, con la perspectiva que ofrece el tiempo,
es posible contemplarlas no como trabajos aislados, sino como un corpus
artístico que merece ser rescatado y documentado. Desde aquella primera portada
de La telaraña en 1980 hasta las posteriores colaboraciones con Diógenes Valdez
y otros autores, se dibuja una trayectoria paralela y coherente que forma parte
inseparable de tu legado.
Y si, como me anuncias, únicamente las
ilustraciones realizadas para «Todo puede suceder un día», obra galardonada con
el Premio Nacional de Literatura en el género cuento, recibieron la atención de
un suplemento cultural, tanto más valioso resulta emprender hoy esta revisión.
Porque, en ocasiones, la historia del arte se escribe también desde aquello que
pasó desapercibido.
Con gusto te acompañaré en este recorrido. Tengo
la impresión de que, libro tras libro, iremos descubriendo no solo imágenes,
sino una memoria visual de varias décadas de literatura dominicana vista a
través de la sensibilidad de un artista que supo leer con la plumilla, el
pincel y la tinta. Y, como tantas veces sucede, será el tiempo —ese crítico
implacable y a la vez generoso— quien termine colocando cada obra en su justo
lugar.
Abrazos, querido amigo. Continuemos.
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