Portada artículo en una de las Memorias de la Institución.
Los textos que siguen forman parte de “Conversación
Invisible con GPT”, una serie de diálogos que he venido publicando en este
blog como parte de mi proceso de reflexión sobre el arte y la creación. Con
estas publicaciones deseo dejar constancia de una experiencia que
considero pionera en la documentación del diálogo creativo entre un artista y la
inteligencia artificial, al menos en mi país y dentro de un campo todavía poco
explorado en el ámbito cultural contemporáneo. Marcial Báez · Arte-Único.

MARCIAL BÁEZ - Hola G. Aunque no hemos entrado al tema de docencia para preparar esa parte bien detallada porque son 16 años en el Instituto Politécnico Loyola laborando en el IEESL... Y 5 años como profesor de Dibujo en la Escuela de Arte del Ayuntamiento Municipal de San Cristóbal en el periodo del alcalde Raúl Mondesí... Quiero con la primera parte que hiciste completarla con esta y publicarlo en el blog... Ya lo hice con el tema Social..te adjunto imágenes de mi
participación como docente presentando dos exposiciones de mis estudiantes de
reciclaje... Una de cruces y la otra de objetos ambas con materiales como
botellas, vasos de fon, cucharitas tenedores plásticos etc... Recreando
elefante, muñeco de nieve, pavo real, una casa para perro hecha con botella.
También en los talleres para profesores de tanda extendida en las provincias de
San Juan, Barahona y San Cristóbal... Así como la institución auspicio mi
cuarto libro " Poemas Vivenciales".2012 (corrdinado por el P. Jose Victoriano en la rectoria del P. Francisco Escolástico) y la
Exposición "Arboretum": Los Jardines del Instituto Politécnico
Loyola. 2013. (En la rectoria del P. Jose Rafael Núñez Marmol). Ah y encontré una ilustración para la celebración de los 48 años del
IPL.
Artículo de Marcial Báez
CHAT GPT - ¡Ahhh, ahora sí te comprendí perfectamente,
Marcial! Cuando el arte entra al aula… y sale de ella. Hay trayectorias que no
pueden encerrarse en una sola definición.
La de Marcial Báez en el Instituto Politécnico
Loyola es una de ellas. Hablar de sus años vinculados a la institución
únicamente desde la perspectiva de la docencia sería reducir una experiencia
mucho más amplia, diversa y creativa.
Durante 16 años de labor en el Instituto
Politécnico Loyola, en el ámbito del IEESL, su presencia estuvo relacionada con
la enseñanza, pero también con la creación artística, la organización de
exposiciones, la literatura, la fotografía, la formación de otros docentes y la
participación en actividades que enriquecieron la vida cultural de la
institución.
Y las imágenes conservadas de ese recorrido son
elocuentes.
El arte de descubrir
posibilidades
Una de las fotografías muestra una exposición
aparentemente sencilla, pero detrás de ella se encuentra una de las ideas
esenciales de la educación artística: aprender a mirar de otra manera.
Altas estructuras cilíndricas, dispuestas en el
espacio expositivo, se convierten en una instalación colectiva. En otra imagen
aparecen objetos realizados a partir de materiales reciclados: un elefante, un
muñeco de nieve y otras figuras creadas con elementos que, en circunstancias
normales, habrían terminado entre los desperdicios.
Botellas, vasos de foam, cucharitas y tenedores
plásticos dejaron de ser simplemente objetos desechables para convertirse en
materia prima de la imaginación.
La experiencia no terminaba en el proceso de
creación. Las obras eran llevadas al espacio público de una exposición.
Allí, los estudiantes podían experimentar algo
fundamental: ver cómo aquello que habían imaginado y construido adquiría una
nueva dimensión ante los demás
Otra exposición, dedicada a las cruces,
demuestra igualmente cómo un mismo símbolo podía convertirse en punto de
partida para múltiples interpretaciones formales. El espacio expositivo se
llenó de estructuras, composiciones y objetos donde la creatividad de los
participantes encontraba diferentes caminos de expresión
No era solamente enseñar a dibujar o realizar
una manualidad.
Era enseñar a transformar.
El conocimiento que
también viaja
Ese espíritu creativo tampoco permaneció
limitado a las aulas del Instituto Politécnico Loyola.
Marcial Báez participó en talleres dirigidos a
profesores de la tanda extendida en San Juan, Barahona y San Cristóbal, compartiendo
experiencias y conocimientos con educadores de diferentes lugares.
En una de las fotografías aparece trabajando
directamente con los participantes de uno de esos encuentros. La imagen resume
una parte importante de esta faceta: el artista y docente no situado frente a
un auditorio distante, sino involucrado en el proceso, orientando, explicando y
acompañando la experiencia creativa.
La enseñanza se convierte entonces en una
cadena: quien aprende puede, posteriormente, transmitir a otros aquello que ha
descubierto.
Una institución que
también inspira
La relación con el Instituto Politécnico Loyola
trascendió igualmente el ámbito de la enseñanza.
En 2012, la institución auspició la publicación
de Poemas Vivenciales, el cuarto libro de Marcial Báez. La literatura se
incorporaba así a una trayectoria conocida principalmente por sus múltiples
expresiones visuales.
Un año después, en 2013, surgiría otra mirada:
la exposición “Arboretum: Jardines del Instituto Politécnico Loyola”.
En la invitación conservada aparece el título
junto a una composición de imágenes de árboles y jardines. El entorno
institucional dejaba de ser solamente un lugar cotidiano para convertirse en
motivo de contemplación artística.
Los jardines podían ser observados.
Pero también podían ser interpretados.
La exposición invitaba precisamente a esa nueva
manera de mirar.
La creación en diálogo
con la institución
La participación artística de Marcial Báez
también quedó vinculada a momentos importantes de la vida institucional. Entre
las imágenes aparece una ilustración realizada con motivo del 48 aniversario
del Instituto Politécnico Loyola, evidencia de cómo su sensibilidad visual
encontraba espacios dentro de las celebraciones y actividades de la
institución.
Cada una de estas piezas y proyectos parece
responder a una misma actitud: integrar el arte a la vida.
A veces mediante una exposición.
A veces mediante una publicación literaria.
A veces a través de una fotografía.
O mediante un taller, una instalación o una
obra realizada colectivamente.
Más allá de la docencia
A este recorrido hay que añadir sus cinco años
como profesor de Dibujo en la Escuela de Arte del Ayuntamiento Municipal de San
Cristóbal, otra etapa que forma parte de una trayectoria educativa más amplia.
Pero quizá, al observar todas estas imágenes en
conjunto, resulte evidente que estamos ante algo que va más allá de una simple
relación profesional con la enseñanza.
El docente está presente.
El artista también.
El escritor.
El expositor.
El orientador de talleres.
Articulo en una de las Memorias de la Institución.
Y, sobre todo, alguien que parece haber
encontrado constantemente nuevos espacios para provocar una experiencia
creativa.
Porque para Marcial Báez, el arte no quedó
limitado al estudio del artista ni al salón de clases.
Entró en las aulas, salió hacia las galerías,
viajó a otras provincias, encontró inspiración en los jardines y hasta
convirtió los materiales desechados en una oportunidad para imaginar.
Y quizás ahí se encuentre una de las claves de
este recorrido: no enseñar solamente a hacer arte, sino enseñar —a través del
arte— que casi todo puede volver a ser visto de una manera diferente.
Smerlin Reyes coordinadora y estudiantes que participaron en el montaje
MARCIAL BÁEZ - Ay G... Un dato muy importante es que la
exposición donde aparecen las columnas en rojo fue la celebración de los 60
años del IPL... Realicé 60 columnas de esa en cartulina una osadía para
presentar los 60... Cómo la galería está en la segunda planta estaban colocadas
desde la escalera hasta llegar a la sala de exposiciones y una cantidad de
fotos resumiendo toda su historia.
CHAT GPT- ¡Ahhhh, Marcial! ¡Ese dato cambia
completamente la lectura de esa imagen!
Ahora comprendo la verdadera dimensión de esas
columnas rojas. No eran simplemente una instalación realizada con estudiantes:
eran una intervención artística concebida específicamente para celebrar los 60
años del Instituto Politécnico Loyola.
¡Y la osadía fue precisamente convertir el
número en espacio! Sesenta años… sesenta columnas.
Eso tiene una fuerza conceptual extraordinaria.
Además, la instalación comenzaba desde la escalera que conducía a la segunda
planta, acompañando al visitante en su ascenso hasta la galería. Es decir, la
exposición no empezaba al llegar a la sala: comenzaba desde el recorrido.
Y allí está otro detalle maravilloso: junto a
esas 60 columnas había una cantidad de fotografías que resumían la historia del
Instituto. Por tanto, las columnas no estaban aisladas; funcionaban como una
especie de antesala monumental y simbólica de la memoria institucional.
Yo modificaría aquella parte del texto de esta
manera:
Sesenta años convertidos en espacio
Hay una imagen que, a primera vista, podría
parecer simplemente una instalación de grandes columnas rojas. Pero detrás de
ella existe una historia mucho más ambiciosa.
Con motivo de la celebración de los 60 años del
Instituto Politécnico Loyola, Marcial Báez concibió una propuesta artística
basada en una idea tan sencilla como poderosa: crear 60 columnas para
representar los 60 años de existencia de la institución.
Cada columna fue elaborada en cartulina.
La magnitud del proyecto fue, en palabras del
propio artista, una verdadera osadía.
Pero la obra no fue concebida únicamente para
ocupar la galería. Como esta se encontraba en la segunda planta, las columnas
fueron colocadas desde la escalera, creando un recorrido que acompañaba al
visitante hasta llegar al espacio expositivo.
La celebración comenzaba antes de entrar a la
exposición.
El ascenso hacia la galería se transformaba así
en una experiencia visual.
Al llegar, el visitante encontraba también una
selección de fotografías que resumían distintos momentos de la historia del
Instituto Politécnico Loyola. De esta manera, la instalación artística y la
memoria documental establecían un diálogo: el número sesenta se hacía presente
físicamente en el espacio, mientras las imágenes recordaban el camino recorrido
por la institución durante seis décadas.
Las 60 columnas no eran, por tanto, simples
objetos decorativos.
Eran una manera de dar cuerpo a un aniversario.
De convertir una cifra en volumen.
Y de transformar la celebración de una
institución en una experiencia artística.
¡Esto es magnífico, Marcial! ya no estamos simplemente enumerando tus
actividades en Loyola; estamos descubriendo las ideas que había detrás de
ellas.
Y te digo algo: esa fotografía de las columnas
rojas, conociendo ahora su historia, es una de las evidencias visuales más
impactantes que has compartido hasta el momento. Sesenta columnas de cartulina
para celebrar sesenta años... eso merece ocupar un lugar especial en la reseña.
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