jueves, 2 de julio de 2020

Subrayando Obras Literarias: EL AMERICANO IMPASIBLE / GRAHAM GREENE



Acostarse con un anamita es como acostarse con un pájaro; gorjean y cantan sobre la almohada. En otra época me había parecido que ninguna voz cantaba como la de Fuong. Estire la mano y le toque el brazo; también sus huesos eran frágiles, como los de un pájaro.

Entre ellas existía la superstición de que un amante que fumaba opio siempre vuelve, aun de Francia. El opio puede dañar la capacidad sexual del hombre, pero ellas prefieren un amante fiel a uno potente.

Un americano impasible. Lo resumí precisamente en esa definición, como si hubiera dicho “un lagarto azul” o “un elefante blanco”.

No se puede amar sin intuición.

Los métodos franceses son un poco anticuados, en comparación con los nuestros, tan fríos; ellos creen en la conciencia, en la sensación de culpabilidad, creen que un criminal debe ser enfrentado con su crimen, porque puede darse que pierda el aplomo y se traicione.

La muerte destruye la vanidad; hasta la vanidad del amante engañado que debe disimular su dolor.

“Consideremos, por ejemplo, el caso de los caodaistas”. O de los Joa Joa o de los Binj Xuyen, todos esos ejércitos privados que vendían sus servicios por dinero o venganza. Los forasteros los encontraban pintorescos, pero no hay nada pintoresco en la traición y la desconfianza.

Yo había aprendido una técnica: dividir para conquistar.

La muerte es el único valor absoluto en el mundo. Basta perder la vida para no perder nunca más nada. Envidiaba a los que podían ceer en Dios, y desconfiaba de ellos. Me parecía que trataban de mantener su valor con una fabula sobre lo inmutable y lo permanente. La muerte era mucho mas cierta que Dios, y con la muerte ya no existiría la posibilidad diaria de que el amor muriera. Se disiparía la pesadilla de un porvenir de tedio e indiferencia. Nunca hubiera podido ser pacifista. Matar un hombre me parecía concederle con seguridad un beneficio inconmensurable. Oh, si, la gente amaba siempre, en todas partes, a sus enemigos. Solamente preservaban a sus amigos, los preservaban para el dolor  y la vaciedad.

“Que extra;o que la población que Dios tiene en su reino sea tan pobre, asustada, helada, muerta de hambre (“No se como vamos a hacer para alimentar a toda esta gente”, me decía el cura); uno esperaría algo mejor de tan gran Rey”. Pero luego recordé que es lo mismo en todas partes, que no son los gobernantes mas poderosos los que rigen las poblaciones mas felices.

Que, rápida, sencilla y anónimamente llegaba la muerte. Aun cuando mi razón anhelaba el estado de la muerte, yo temía el acto en si como una virgen. Me hubiera gustado verla llegar con un aviso previo, para poder prepararme. ¿Para qué? No sé, ni tampoco como, a menos que fuera mirando en torno para ver qué poca cosa era lo que abandonaba. Por

Creía que un corresponsal de periódico se interesa más por el honor de su país que por una noticia.

Poseía experiencia suficiente para hacer frente a su virginidad, en el juego sexual la edad era una carta tan buena como la juventud, pero ahora no contaba ni siquiera con ese limitado porvenir de doce meses para ofrecer como triunfo, y el único triunfo era un porvenir.

Se suponía que todo corresponsal convivía con una muchacha del lugar.

Nosotros creemos que los norteamericanos adoran los dólares, pero supongo que habrá excepciones.

Por lo menos una vez por año los caodaistas celebran un festival en la Santa sede de Tanyin, que queda a unos ochenta kilómetros al noroeste de Saigon, para festejar tal año de Liberación o de Conquista, o también algún festival budista, cristiano o de Confucio. El caodaismo era siempre el capítulo favorito de mis explicaciones a los visitantes. El caodaismo, invención de un empleado del gobierno cochinchino, era una síntesis de estas tres  religiones. La Santa Sede se encontraba en Tanyin. Un papa y mujeres cardenales. Profecías mediante planchuelas. San Victor Hugo. Cristo y Buda, que desde el techo de la catedral contemplaban una fantasía disneyana de Oriente, dragones y serpientes en tecnicolor. Los recién llegados siempre se quedaban encantados con la descripción. ¿Cómo explicarles la miseria de toda esta religión: el ejército privado de veinticinco mil soldados, armados de cañoncitos  hechos con los caños de escape de automóviles viejos, aliados de los franceses que ante el menor momento de peligro se volvían neutrales? Para dichos festejos, que contribuían a mantener tranquilos a los campesinos, el papa invitaba a los miembros del Gobierno (que asistían si los caodaistas tenían alguna influencia en ese momento), al cuerpo diplomático (que mandaba algunos subsecretarios con sus esposas o hijas) y al comandante en jefe francés, que delegaba en algún general relegado a las oficinas el honor de representarlo.

En la religión caodaista todas las verdades se reconcilian, y la verdad es amor.

Hacemos jaulas para el aire, con agujeros pensé, y del mismo modo el hombre hace jaulas para su religión… con dudas abiertas a la intemperie y credos que dan numerosas interpretaciones. Mi mujer había encontrado su jaula con agujeros, y a veces yo la envidiaba. Existe un conflicto entre el sol y el aire: yo vivía demasiado al sol.

 Y si yo deseara realmente  hallar la fe, ¿podría hallarla en su iglesia de estilo normando? Pero yo nunca había deseado la fe. El trabajo de un reportero consiste en exponer y registrar. Nunca, en toda mi carrera, había descubierto lo inexplicable. El papa preparaba sus profecías con un lápiz sobre una tapa móvil, y la gente creía. En toda visión siempre se puede encontrar la artimaña oculta en alguna parte. En mi repertorio de recuerdos no figuraban ni visiones, ni milagros.

 He leído tantas descripciones de lo que piensa la gente en el momento del miedo; en Dios, en la familia, en una mujer. Admiro el dominio que tendrán de si mismos. Yo no pensaba en nada, ni siquiera en la puerta de escotilla sobre mi cabeza; durante esos segundos deje de existir: era puro miedo. Al llegar al extremo de la escalerita me golpee la cabeza, porque el miedo no puede contar escalones, ni oír ni ver. Luego, mi cabeza emergió por sobre el piso de tierra, y nadie disparo un tiro, y el miedo se disipo poco a poco.

 Ismos y gracias. Yo quiero hechos. Un cauchero azota a su opón; muy bien, estoy contra él. No es el ministro de Colonias quien selo ha aconsejado. En Francia supongo que azotara a su mujer. He visto a un cura tan pobre que no puede cambiarse los pantalones, trabajar quince horas por día durante una epidemia de cólera, de choza en choza, comiendo solamente arroz y pescado salado, diciendo su misa con una taza vieja y un plato de madera. No creo en Dios y, sin embargo, estoy de parte de ese cura. ¿Por qué no llamas a eso colonialismo?

 Creo que el hecho de que estuviéramos allí hablando animo un poco a los soldados; quizás pensaban que el sonido de nuestras voces blancas (porque las voces también tienen un color, las voces amarillas cantan y las negras gargarizan, y, en cambio, las nuestras hablan, sencillamente).

 Que a las mujeres no les interesa la virginidad del hombre. Ni siquiera estoy seguro de que a nosotros nos interese la virginidad de la mujer, a menos que se trate de un tipo patológico.

 He llegado a una edad en que el sexo no resulta un problema tan importante como la vejez y la muerte. Me despierto pensando en ellas, y no en un cuerpo de mujer.

 El cuerpo de un hombre solo puede realizar una cantidad limitada de actos, y el mío estaba congelado por el recuerdo. Lo que mis manos tocaban esta noche podía ser más hermoso que lo que tenían costumbre de tocar, pero no solo la belleza nos aprisiona. Usaba el mismo perfume, y de pronto, en el momento crítico, el fantasma de lo que había perdido resulto ser más poderoso que el cuerpo tendido a mi disposición. Me separe de ella, me acosté de espaldas, y mi cuerpo se vació de todo deseo.

 

 

 

 

 


jueves, 25 de junio de 2020

Subrayando Obras Literarias: DOÑA BÁRBARA / RÓMULO GALLEGOS.



Pero como le digo esto le digo lo otro: eso es lo que cuentan la gente, pero no hay que fiarse mucho porque el llanero es mentiroso de nación, aunque me este mal decirlo, y hasta cuando cuenta algo que es verdad lo desagera tanto que es como si juera mentira.

Pude irme caminando al píritu, como dicen los llaneros cuando van de pie.

Al perder los sentimientos regionales había perdido también todo sentimiento de patria. v

Fruto engendrado por la violencia del blanco aventurero en la sombría sensualidad de la india, su origen se perdía en el dramático misterio de las tierras vírgenes.

Las almas en pena que recogen sus malos pasos por los sitios donde los dieron; la llorona, fantasma de las orillas de los ríos, caños o remansos y cuyos lamentos se oyen a leguas de distancia; las ánimas que rezan a coro, con un rumor de enjambres, en la callada soledad de las matas, en los claros de luna de los calveros, y el ánima sola que silba al caminante para arrancarle un Padre Nuestro, porque es el alma más necesitada del purgatorio; la sayona, hermosa enlutada, escarmiento de los mujeriegos trasnochadores, que les sale al paso, les dice: “sígueme” y de pronto se vuelve y les muestra la horrible dentadura fosforescente, y las piaras de cerdos negros que Mandinga arrea por delante del viajero y las otras mil formas bajo las cuales se presenta, todo se le había aparecido a “Pajarote”.

Nada tenía, pues, de sorprendente que aquella noche, abandonado de pronto el cuarto que punteaba, anunciara que había visto al “familiar” de Altamira.

Según una antigua superstición, de misterioso origen, bastante generalizada por allí, cuando se fundaba un hato se enterraba un animal vivo entre los tranqueros del primer corral construido, a fin de que su “espíritu”, prisionero de la tierra que abarca la finca, velase por ésta y por sus dueños. De aquí veníale el nombre de “familiar” y sus apariciones eran consideradas como augurios de sucesos venturosos.

Además las cosas son verdad de dos maneras; cuando de veras  lo son y cuando a uno le conviene creerlas o aparentar que las cree.

Pero es que hay personas que entre pensar y hacer les salen canas.

Puede que usted tenga razón, pero para eso sería menester cambiar primeramente el modo de ser del llanero no acepta la cerca. Quiere su sabana abierta como se la ha dado Dios, y la quiere, precisamente, para eso: para cachilapiar cuanto bicho le caiga en el lazo. Si se le quita ese gusto se muere de tristeza. Un llanero está contento cuando puede decir: hoy cachilapie tantas reces, y no le importa que su vecino este diciendo allá lo mismo, porque enero siempre cree que sus bichos están seguros y que los que se coge el vecino son de otro.

¡No hay cuestión! Esta mujer ve el gusano donde uno no ve la res.

Escombros entre matorrales, vestigios de una antigua población prospera; ranchos de barro y palma esparcidos [por la sabana; otros, más allá, alineados a orillas de una calle sin aceras y sembrada de baches; una plaza, campo de yerbajos rastreros a la sombra de tiñosos samanes  centenarios; a un costado de ella, la fábrica inconclusa- que más parecía ruina-de un templo que habría sido demasiado grande para la población actual, y finalmente algunas casas de antigua y sólida construcción, la mas de ellas deshabitadas, algunas sin dueño conocido y sobre una de las cuales, hundidos los techos y desplomados los muros, aun se apoyaba el tronco gigante de un jabillo derribado por el huracán, hacía ya muchos años; una población cuyas principales familias habían desaparecido o emigrado, uno de esos muchos pueblos venezolanos que guerras, paludismo anquilotomiasis y otras calamidades más han ido dejando convertidos en escombros a las orillas de los caminos; esto era el pueblo cabecera del Distrito, teatro de las sangrientas contiendas entre Luzardos y Barqueros.


sábado, 20 de junio de 2020

EL PUEBLO CATOLICO DE ESTA COMUN (San Cristóbal) / FELIX REYES.



El 18 de enero de 1826, por medio de una orden expresa de los gobiernos militar y eclesiástico, que recibió el Padre Juan de Jesús Fabián y Ayala y García, cura propio de esta población se procedió, en Pueblo Nuevo, Hoy pueblo arriba, a tirar las líneas de longitud, para la excavación de la construcción de nuestra Santa Iglesia parroquial. Estas líneas fueron tiradas por el Agrimensor Público Don Pedro Parreño, en presencia de las autoridades del pueblo y del Padre Juanico, acompasados de un numeroso público, de lo más granado de aquella época en esta población. Por no haber podido asistir, por  impedimento, el Juez de Paz, asistió en su lugar el suplente Don José Asención Pereyra, quedando así iniciado en ese día los trabajos para la construcción  de nuestro templo católico. Esta iglesia, que como llevamos dicho, al levantarse sirvió de rápido progreso al Pueblo Nuevo, se construyó con la ayuda eficaz de los gobiernos militares y eclesiásticos, con parte de sus propios recursos, con el que le prestaron habitantes de la común, que desde el mas encopetado, contribuyo de la manera mas espontanea con su óbolo para la obra en proyecto, por lo que pudo después de un rudo batallar de 12 años terminarse a fines del mes de septiembre del 1838, teniendo lugar su inauguración el 6 de octubre del mismo año, asistiendo en dicho día, que fue declarado de fiesta comunal, una multitud de personas de los campos, y de la población, que mereció los mejores comentarios por lo muy concurrida; siendo esta primera fiesta de mayor esplendor habida en esta común de San Cristóbal después de su fundación. En esa misma época dio a luz el virtuoso Padre Juanico, la Novena del Patrón San Cristóbal, siendo también digno de elogio el brillante sermón que pronunció ese día en el recinto de la santa iglesia, por lo que fue felicitado por los miembros del Consejo de Notables y demás autoridades, y por las demás personas presentes en ese solemne acto.

Esta iglesia que por lo que representa su fachada no responde a los adelantos modernos, requiere que como un reclamo al adelanto de urbanización de esta población, cada día en mayor auge, se le hagan las reparaciones indispensables del caso.(1).

1. Con el paso en 1979 del Huracán David, la iglesia de San Cristóbal como todo el pueblo, fue seriamente afectada, ordeñándose su restauración, hoy luce hermoseada.


MITOS Y LEYENDAS TAINAS (Marcial Báez) / DANILO DE LOS SANTOS.


La pintura nació como arte para expresar el mito, cuando todavía las palabras no podían ser escritas porque no existía el alfabeto. Entonces el pincel es dialogo, voz y alma. El pincel es además cuento, leyenda o anécdota. El pincel es fundamentalmente prehistoria o historia. Y aun hoy, si quisiéramos escuchar a nuestros aborígenes, a los tainos, solo bastaría con observar sus pinturas en  cuevas y cavernas; esos trazados milenarios nos hablan en el universal idioma de la imagen. En la única lengua en que se expresan las divinidades, revelando al mundo terrenal misterios y secretos.

Los tainos eran los pobladores más numerosos e importantes que habitaban en la isla al momento del descubrimiento. Habían logrado el desarrollo de una cultura independiente, pero menos avanzada si es comparada con las sociedades amerindias de los incas, mayas y aztecas. Eran grandes artistas y, aunque desconocían la escritura, tenían lengua común, elaboraban las cerámicas con fines rituales y para uso cotidiano.

Fabricaban ídolos y amuletos, confeccionados de piedra, madera, concha y otros materiales. Los jefes tainos, llamados caciques, se rodeaban de un vistoso conjunto de objetos religiosos y suntuarios que los diferenciaban de los demás.

En ”Mitos y Leyendas” Marcial Báez interpreta en el lenguaje pictórico su visión de las tradiciones místicas de los aborígenes de Quisqueya. El discurso atrayente persuade, sus recursos artísticos dibujan una emoción poderosa de un pasado que sobrevive en recuerdos y leyendas. Su canto tiene vuelo. Marcial logra plasmar en esta recreación lo que ha encontrado tras una serie de estudios y análisis, dejando su maravillosa muestra a la consideración de los beneficiarios de la colección histórico-pictórica Lienzos de la Identidad Dominicana.


viernes, 19 de junio de 2020

LA TOMA / FELIX REYES


La Toma fue una regola o canal que se construyó mas o menos a partir del año de 1520, para con sus aguas cristalinas regar o mojar los primeros establecimientos agrícolas que se fomentaron en las orillas del rio Nigua, cuyas ruinas de mampostería de dicha regola o canal, a parte de la mampostería que se ve todavía, no en muy mal estado, en el mismo sitio que hoy como paraje de la Sección de El Pomier, hoy Borbón, perteneciente a la común de San Cristóbal, se conoce con el nombre de la Toma, porque era en ese sitio donde comenzaba la toma de agua para realizar el regadío en dichos establecimientos agrícolas, donde a pesar del largo tiempo que ha pasado, en el viejo curso por donde corrían las aguas de la referida regola o canal de la Toma, por distintas partes se ven todavía restos de mamposterías y de no mamposterías, por donde entraban las aguas a regar o mojar los cultivos de las Haciendas y estancias que existieron durante la Era colonial Española, en ambas orillas del rio Nigua, hasta su boca, según los hemos podido comprobar, en exploraciones que hemos hecho a este respecto.

Se puede asegurar que el motivo por el cual los españoles hicieron la toma de agua, en el arroyo que en el curso de los años ha perdido su verdadero nombre, para llevar el nombre de la Toma, que es el que actualmente lleva y no el rio Nigua, porque dicho arroyo de la Toma, siempre tiene agua abundante y el rio Nigua se seca en tiempo de sequía, por lo que solamente conserva agua permanente, de donde caen las aguas de dicho arroyo de La Toma, para abajo, cuyo arroyo la Toma, tiene más o menos como un kilómetro de curso, debido a que muy próximo a su nacimiento, desemboca en el mencionado rio de Nigua.

Los datos más antiguos que con respeto a La Toma hemos tenido a la vista, son los que trae el ilustre Padre Licenciado Antonio Sánchez Valverde, en su meritoria obra “Idea del Valor de la Isla Española”, publicada en Madrid, España, en el año de 1785, y después los que aporta el ilustre francés-martiniqueño M.L. Moreaux de Saint –Mery, en su importante obra “Descripción de la parte Española de la isla de Santo Domingo”, publicada en el año de 1796 el cual con muy poca diferencia dice casi lo mismo que lo dicho por el padre Licenciado Don Antonio Sánchez Valverde, por lo que cuyos datos de dichas obras citadas, de la manera de que nos hemos propuesto a escribir sobre La Toma, de nada nos han servido, porque lo importante para nosotros en este caso sería saber con exactitud el año en que se hizo La Toma y el nombre primitivo del referido arroyo de La Toma, pues según me dijo una vez mi buen amigo Don Luis Oscar Uribe Albert, alisas Sisito, que el finado notario Público Don José Altagracia Pérez y Domínguez, alias Purró, sabia el nombre primitivo del arroyo de la Toma, porque lo había visto en un documento muy antiguo, cuyo nombre primitivo del mencionado arroyo de la Toma, fue anotado en un papel por dicho señor Don Luis Oscar Uribe Albert, alias Sisito, el cual se le perdió, sin haberle quedado gravado en su memoria el dicho nombre primitivo del ya mencionado arroyo de la Toma, pero no obstante esto, tenemos siempre la esperanza de conseguir algún día tales objetivos, sobre tan importante asunto, toda vez que la Toma tiene de importancia para nosotros, que fue la primera regola o canal que se hizo en nuestra isla y muy especialmente en la hoy Común de San Cristóbal, cabecera de la Provincia Trujillo.

 


martes, 16 de junio de 2020

LA CIRUGIA MORAL / GIOVANNI PAPINI



El doctor Anosh-Uthra ha venido al Claridge a proponerme su cura que comienza, según dice, a ser bien acogida en Inglaterra. Un subsecretario del Colonial Oficce, que la experimentó, me ha hablado con entusiasmo, y he mandado a buscar al médico o mejor dicho al cirujano, para que me visite en el hotel.

Anos-Uthra, que se vanagloria de un origen persa y casi regio, es un hombre todavía joven pero de una seriedad concentrada como no había visto nunca hasta ahora. La cara color de plomo con vagos reflejos de oro se halla dominada por una barba lujuriante y hosca, que le desciende hasta el estómago y le hace semejante a los reyes de Asiria que se ven en British Museum. No se le descubren los ojos, escondidos detrás de unas antiparras ahumadas. Hablando con el se tiene la impresión de hablar por teléfono con un ausente enmascarado.

-No sé –ha dicho--, si nuestro común amigo le ha dado la idea de mi nueva terapéutica. El origen es sencillísimo. Durante mis estudios me sentí impresionado por dos hechos: que nadie es capaz, ni el demasiado alabado Freud, de curar los disturbios mentales y por otra parte que la medicina general es bastante menos eficaz, como cura resolutiva, que la cirugía. Mi descubrimiento consiste en haber introducido la cirugía en el tratamiento de las enfermedades del espíritu. Yo soy, si quiere una definición, el primer cirujano del alma.

“No ignoro que algunos cirujanos han intentado intervenir e la cura de enfermedades propiamente nerviosas y que se ha tratado de curar la epilepsia interviniendo en el riñón, y la demencia precoz con los injertos endocrinos. Pero nos hallamos ante operaciones puramente físicas contra males psíquicos. Yo, en cambio, opero directamente sobre el espíritu con operaciones espirituales. Son parte de nuestra alma que se pudren, que se gangrenan, que crecen demasiado en perjuicio de otras. Hay canceres morales, tumores intelectuales, la apendicitis del vicio y del pecado. Yo puedo, a voluntad, obtener la amputación radical del órgano o zona del alma que perjudica. Ya he extirpado a algunos de mis clientes, a este la holgazanería, a aquel la sensualidad, a otro el espíritu matemático, la avaricia, la infidelidad. Si el terror de la muerte le turba, si le oprime la indigestión de la excesiva cultura ingerida, si la ambición política o deportiva no le deja en paz, diríjase a mi. Mis operaciones son rápidas y sin dolor. no le obligó a hacer confesiones, como hace el mago de Viena, no recurro al hipnotismo como en Nancy, no le hago contar sus sueños como en Zurich. Ni, mucho menos, corto y abro su carne.

-¿No se puede dar algunos detalles de su manera de operar?

-Si se los diese no los podría comprender. Sepa que Anosh-Uthra no es mi verdadero nombre. Estas palabras iránicas significan Hombre Ángel, y son el nombre del Mesías de la religión mandea. Mi secreto procede, como todos los secretos, del Asia, y no se puede revelar en términos occidentales. Pero los experimentos felices son mucho mas evidentes y claros que la teorías. Sométase a mi cura y le libertare de lo que le molesta.

“Y tenga usted en cuenta que yo no opero solamente las malas cualidades, es decir, los moralistas llaman “culpa” o los alienistas “locura”. Si le molesta por ejemplo, un inmoderado amor al prójimo o una manía religiosa y filosófica que pongan en peligro su bienestar, estoy dispuesto a intervenir en las mismas condiciones. Son virtudes mucho más dolorosas, a veces, que los pecados.

“Piense en la transformación que sufrirá nuestra especie cuando mi cirugía moral se haya difundido por todas partes. Todos podrán poseer el alma que más le guste. La extirpación b metódica de los remordimientos y de los temores dará al hombre aquella paz hasta que ahora ha buscado en vano en el estoicismo o en la fe. Añada que las enfermedades del cuerpo se derivan del espíritu; por lo tanto, cuando se haya curado este, disfrutara igualmente de una perfecta salud física. Pruebe. ¿Le molesta la avidez de dinero, la superstición, la envidia, los celos? La extirpación es sencillísima. Le advierto que no se cada una de las molestias que le he citado son necesarios al menos tres meses. Tiempo mínimo si piensa en las interminables curas de los psiquiatras. Debo, sin embargo, advertirle lealmente que si puedo quitar alguna cosa a su alma no puedo añadirle nada. Soy un taumaturgo, pero no un dios.

“El coste de cada operación varía según las dificultades. Mis precios oscilan entre quinientas y tres mil libras esterlinas, a pagar la mitad al comenzar la cura”.

-¿Y podría usted amputa toda el alma si el alma entera es infecta?

-Es una operación que no he hecho nunca hasta ahora- contesto Anosh-Uthra, alisándose la barba- pero se  podría intentar.


sábado, 13 de junio de 2020

EL PAPEL / GIOVANNI PAPINI


Visitando hoy una exposición de la imprenta me he dado cuenta que toda la civilización-al menos en sus elementos más delicados y esenciales- se halla unida a la materia más frágil que existe: el papel.

Pienso que todo el crédito del mundo consiste en millones de billetes de banco, de letras y talones que no son más que trocitos de papel. Pienso que toda la propiedad industrial de los continentes consiste en millones de acciones, certificados y obligaciones: trocitos de papel. Los despachos de los notarios y de los abogados están atestados de  documentos y de contratos de los que depende la vida de millones y millones de hombres, y no son nada más que papeles ligeramente emborronados. Los registros de las poblaciones, los archivos de los ministerios y de los Estados: fajos de papeles amarillentos. Las bibliotecas públicas y privadas: montones de papel impreso.

En las oficinas públicas en los ejércitos, en las escuelas, en las academias, en los parlamentos, todo marcha adelante a fuerza de trocitos de papel: circulares, bonos, recibos, votos, borradores, cartas, informes: papel escrito a mano, papel escrito a máquina, papel impreso. Tanto los periódicos como los wáter closets consumen cada año toneladas de papel.

La materia prima de la vida moderna no es el hierro, ni el petróleo, ni el carbón, ni el caucho: es el papel. Cada día caen bosques enteros bajo el hacha para proporcionar una cantidad enorme de una substancia que no tiene la duración ni la dureza de la madera. Si las fábricas de papel se cerrasen la civilización quedaría paralizada.

Antiguamente las monedas eran todas de metal; los documentos se extendían en pergamino o se grababan en le armo y en el bronce y los libros de los asirios y de los babilonios estaban escritos en ladrillos. Ahora nada resistente ni duradero: un  poco de pasta de madera y de cola, substancias deteriorables y combustible a la que se confía los bienes y los derechos de los hombres, los tesoros de la ciencia y del arte. La humedad, el fuego, la polilla, los termitos, loas topos, pueden deshacer y destruir esa masa inmensa de papel en la que reposa lo que hay de más caro en el mundo.

¿Símbolo de una civilización que sabe será efímera, o de incurable imbecilidad?