lunes, 22 de octubre de 2018

ELOGIO DE LA OSCURIDAD / Marcio Veloz Maggiolo



Era Jules Supervielle quien decía una vez, claro que en/ un poema, lo siguiente: Los peces de las profundidades / que no tienen ojos ni párpados/ han tenido que inventarse la luz / para las necesidades de su corazón.

Se refería el poeta a especies de peces –hombres, de peces-conciencia, que aún ciegos, eran capaces de generar luz, de inventarla.

Existe un mundo de sombras en donde el tacto es privilegio de la evolución. Existe un mundo digital, capaz de identificarse en colores que no llegan al iris y que la mano desarma, convirtiéndolos en arcoíris invisible, en fronda oscura, perceptible sólo por neuronas directamente conectadas al círculo concéntrico más concéntrico de la huella digital.

Los peces de las profundidades nadan y desnadan su océano palpable e invisible con los párpados cerrados, a veces sin ojos, a veces sin otro sentido que el de la temperatura de la tiniebla, y se orientan. Y cuando se orientan están haciendo un ejercicio creativo, inventan, imaginan, usan de su sentido del olfato, de su enorme sentido del sabor, y crean caminos en zonas de aguas templadas, y diferencian la luz de la sombra-el sol de la noche-siguiendo las rutas del calor que viene de arriba y que se intuye como luz, como como invento de las necesidades del corazón.

Y así vamos entre las sombras, navegando, inventando la luz. Y cada uno crea sus energéticas realidades en relación  con sus energéticas vicisitudes. Nos acostumbramos lentamente a la sombra, navegamos al tacto, nos digitalizamos, y los versos de Superville se van transformando en los nuevos versículos de un Nuevo Testamento, con evangelios húmedos, Cristos pasados de moda, oráculos mojados en noche de fondo.

Nos queda, y esto es importante, poder inventar nuestro propio destello, y es cuando volvemos a la poesía, única fuente de brillo en la cual no se necesita de combustible comprado bajo los auspicios de los guardianes del golfo.

Coloquio. El Siglo. Sábado 16 de febrero de 1991. No. 99.

sábado, 20 de octubre de 2018

EL CUENTO SICOLÓGICO




El Creador del Cuento psicológico

LETRA GRANDE.- En los círculos literarios se afirma que el creador del cuento sicólogico en la Republica dominicana es usted. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?
VIRGILIO DIAZ GRULLON.-Para mí el creador del cuento sicológico en la República Dominicana es Ángel Rafael Lamarche; pero Ángel Rafael Lamarche publicó prácticamente toda su producción en el extranjero. Aquí solo público un libro que llamo “siempre”, que era una serie de rememoraciones, de recuerdos, de añoranzas de su madre que acababa de morir. El resto se publicó en puerto rico, estados unidos y otros países. Esto tuvo como consecuencia que Ángel Rafael Lamarche no fuera lo suficientemente conocido y estudiado por nuestros críticos y literatos; y, en consecuencia, su incidencia tanto en la introducción del elemento sicológico en el cuento  como en la urbanización del cuento, o sea la traída del cuento del campo a la ciudad, no sea muy conocida. Yo creo que si hay que buscar u precursor del cuento sicológico en nuestra literatura ese sería Ángel Rafael Lamarche.

LG. ¿Entonces usted es el continuador del cuento sicológico?

VDG.- Yo sería el continuador. Incluso los primeros cuentos… no los primeros, pero si la segunda serie de cuentos que yo publiqué bajo el título de “Crónicas del Altocerro”, fueron muy influenciados por él. Ya había publicado “Un día cualquiera”, que a Lamarche le había llamado la atención y me procuró, me buscó. En esa época el no salía.  Se pasó los últimos años de su vida sin salir de su casa. Vivía con su hermana María Blanca Lamarche, que era profesora del Conservatorio compañera en esa época de mi esposa Aida. Yo recuerdo mis visitas a su casa. Vivía ahí en la César Nicolás Penson. Yo le llevaba mi manuscritos del segundo libro y el me hacía observaciones, me daba consejos y, realmente, su influencia sobre mi fue bastante importante, aun cuando mi interés en el cuento sicológico es previo a mis contactos con Ángel Rafael Lamarche. De Ángel Rafael Lamarche yo concia uno de sus cuentos que se incluyó en la antología de cuentos en Santo domingo de Sócrates Nolasco. El cuento se llamaba: Así era él”. No sé si tú lo recuerdas... y ahí tú ves claramente la preeminencia del factor sicológico. En realidad, un día cualquiera es sobre todo, una colección de doce cuentos donde, para destacar la importancia que yo le doy al elemento sicológico, se relatan acontecimientos que siempre son cotidianos, triviales. Y lo importante no es el acontecimiento en sin que se relata, sino la reacción sicológica del personaje que es protagonista o que se enfrenta a estos hechos. Entonces los hechos vienen a ser el pretexto para que la personalidad, el carácter de ese héroe, o anti héroe, se ponga de manifiesto. Naturalmente, sin la intervención del autor. Es decir, el autor se limita o yo me limito a presentar la reacción y describirla, sin intervenir directamente, para que fuera el lector el que interpretase por qué reaccionaba de esa manera. Recuerdo que en la introducción del libro, yo decía que el lector que leyese estos cuentos iba a estar como alguien que se sienta frente a la puerta de su casa y ve pasar una persona frente a esa puerta; no sabe de dónde viene, no sabe dónde va; pero mientras pasa a través de la puerta él tiene la visión fugaz de esa persona. Entonces con cada uno de esos cuentos está destinado a que esa visión fugaz, ese paso así, raudo, por frente a esa puerta, tenga los elementos suficientes como para que el lector interprete no sólo de dónde viene, sino adónde va.

Ese es el propósito, digamos la meta, de esos cuentos, y por eso yo considero muy acertada su calificación de cuentos sicológicos: Ahora, lo que yo si rechazo, porque me parece injusto aceptarlo, es que se diga que yo fui el primero en escribir cuentos de ese tipo, existiendo el precedente de Ángel Rafael Lamarche.

Letra Grande. Año I. No.3. abril de 1980.

POR EL BIEN DE NUESTROS HUESOS / Juan R. Quiñones




Aquí nadie la esperaba. A ella la trajeron desde lejos. La presentaron con cara y voz de asesina, pero era buena. La obligaron a decir en silabas rápidas: “Mátenlos, mátenlos, mátenlos”. Los nativos no entendían, pero vieron que los hombres que la conducían eran crueles y huyeron a las montañas.

Aunque ella pertenecía a los hombres que la trajeron, no era prostituta. Sí era manejable, dócil, sumisa y obediente, y siempre estaba dispuesta a decir: “Protéjanlos” y otras palabras hermosas, pero se lo impidieron.

La trajeron desaliñada. ¿Quién iba a pensar que, poco tiempo después, un hombre le reconocería su valor y le daría gracia y estilo y que ella engrandecería los méritos de muchos hombres y de muchos países?

Han pasado los años. Los nativos murieron, los hombres murieron. Pero ella permanece aquí, en todas partes. ¡Y parece que está ausente! ¿Debemos buscarla y disfrutar de su belleza? ¿Entonces le permitiríamos decir: “Amor, protección, trabajo, estudio, patria mía”? Los educadores deben llamarla, dirigirle un telegrama, pedirle que se presente urgentemente a los centros educativos, conversar con ella detenidamente y decirle: “Ya no eres ninguna extraña. Vamos a trabajar duro. Hacemos que se nutran de tí hasta los huesos de los estudiantes, por el bien de ellos y de las futuras generaciones. Nuestros jóvenes conocerán las hermosas palabras que te palpitan en las entrañas, la Lengua Española”.

Letra Grande. 2da. Edición. No.2. 1980.

domingo, 14 de octubre de 2018

HECHIZO DE LLUVIAS Y OTROS CONJUROS / Ramón Mesa




Prologo/ Frgamento / Jesús Cordero.

En cada verso escrito o por escribir habita un ser que muda en medio de nuestras palabras, despertar ese ser es encontrar el poeta, sus mundos interiores y sus alocadas verdades. De lo soñado que rompe definitivamente con la logicidad del animal eterno. Ese animal que somos cuando nos despedimos del mundo en que todos están para estar en el que no bastan las significaciones  comunes, ni los idiomas, ni los gestos, ni los acostumbrados decesos fortuitos para el que espera con extrañeza la otra mitad de esta vida.

Poetizar siempre será un acto desvelador, un acto arriesgado, un acto sumamente conspirativo; una revolución constante, una lucha tenaz contra todo y muy específicamente contra uno mismo; uno que resulta ser el más cruel de los adversarios.

Pero como enfrentar esta poética, como arrancar de cuajo sus estructuras básicas con la clara determinación de quien construye, barra por barra, su propia cárcel, como quien vomita corazones estrellados, como quien arrastra entre cadenas y púas todas las almas juntas.

En Mesa poetizar es desalmacenar, escupir sobre cualquier materia el caos que se ha formado durante años de ver o vivir horrores, golpes desamores, humillaciones, muertes, pasiones, hambres, penas, escases, heridas, desapegos, lagrimas, traiciones costumbres, impotencias, y otros amplio rosario de situaciones que afectan, y deben afectar directamente al escribiente, poeta de estas sociedades.

Esta poética puede ser el principio o fin de un universo cargado de sueños jamás un espacio común nunca un encuentro feliz. Siempre el destino de consultas para las ideas y pensares colectivos.

En mesa, el sur es una poética. El sur es una poética que nació redonda como tierra sembrada de nombres, salves, bacas y espíritus solitarios que arrastran cadenas, largas y ancestrales. El sur es su propia multitud arrinconada siempre, brutal, como el cuero de sus tantas heridas. Sutil como el corazón enorme de la noria donde el indio más joven se robaba los ojos de quienes lo veían cortar en dos el arcoíris del charco.

Esta poética se basa en los principios fundamentales; destrucción, Construcción, cada uno en su forma y fondo sirve de medio para la irreverencia del todo y de sus partes. Es una burla no de los temas, muchos hasta sacrosantos, sino de la forma en la que pueden ser tocados, trabajados en el poema:

Porque sabemos secretamente
Que dios no ha inventado el cielo
Y ha venido con una lámpara
A ensayar mi nombre con carne de alfabeto
(Fragmento del poema “manténganse fuera del alcance de los niños)

¿Cuánto hay que vivir para escribir un verso? ¿Cuánto hay que morir para escribir un verso? ¿En cuántas partes hay que dividirse y dividir el mundo de la manera que permita su estudio, su vivir y su vivir en el escrito que es realmente la dimensión poética a la que se aspira? ¿Cómo se consigue la estatura del sueño, como se acostumbra uno a no tener razón aunque la tenga, a no vigilar el mar ni sus olas que predican sobre el sexo de la espuma?




El amor es un misterio 2015
Primer misterio
(Devoción de la noche)

ASOMATE ¿ve?, nunca creíste que se pudiera ver el jardín por una herida. No es un decir. Ningún camino es estrecho. Ninguna palabra tampoco, aunque en ella no quepa tu nombre ni tu sonrisa, ni el beso de repente, ni yo mismo. Ningún camino es suficientemente corto como para exigir sus propios pasos, aun sean a ciegas, como cuando lamia tus senos, igual que un perro poseído lame la luna.
La noche boca arriba
También es una trampa.

Sé que nuca creíste estas cosas, estas heridas tan hondas, tan íntimas, tan hacia mí mismo, que te anulan de toda culpa, como si fuesen un pozo blanco donde te lavas las manos después del polvo, después del cansancio mi corazón al y el hastío. En mi corazón algo pesa más que la sangre, más que el agua que gota a gota borra la ventana, para cada silueta, cada atisbo de ti.


 Hechizo de lluvia 2015

El nombre de la rosa

El nombre de la rosa se hizo canto molido
cadáver devorado por las polillas de la historia
fue así como se volvió silaba el papel y sangre en cada
huerto, en cada recodo del jardín
al filo del amor,
símil perfecto de la burbuja,
mueca infalible de lo eterno.

El nombre de la rosa se hizo luz,
en el florecen las piedras que arruinan su ternura,
fragmentos de sangre azul turquesa,
hojas y pétalos de hule.

Así esta escrito,
el nombre de la rosa es de vidrio y trae silabas descalzas
de polen así lo predice la savia oculta entre las alas
de las mariposas que emigran.

Es tan bello el nombre de la rosa, que no admite escaleras.

El nombre de la rosa no es un quejido de goznes
enmohecidos
Pero cuanto duele pensar a secas en su olvido

El nombre de la rosa tiene en sus petalos
un dejo de lagrima y perfume,
éxtasis que no cabe en una gota de cosas tristes
ni de amago sobrenombre para los difuntos.

El nombre de la rosa está escrito desde la memoria agreste
del papiro, desde la infancia de la cal y la arena
donde el propio nombre de la rosa
fecundó el mito abstracto del amor y los abismos.

El nombre de la rosa se desgarra bocarriba
cuando el alba dicta sus temblores,
Mientras acumula su belleza la paciencia del rocío
el nombre de la rosa es un culto a lo breve,
un despojo de sí misma.

Ya ves,
nadie graba una lápida en nombre de la rosa,
o en nombre de los pétalos que aguardan en su corazón tu
olvido.


sábado, 4 de marzo de 2017

UNA RESPUESTA / Marcial Báez




Para contestarte esta reciente entrega, busqué en mi interior... un buen rato pasó y no encontraba respuesta, imágenes, signos, colores, sensaciones se alejaban de mi intelecto, no me permitían coordinar las ideas y pensando en todo lo que según tú, despertó en ti; estaba sorprendido. No me gustaría perdieras la magia en nuestro posible... ¿Encuentro?¿Lo deseas verdaderamente?

Se me hacía difícil construir los párrafos para cada línea que mis ojos leían. Sí... sólo encontré una respuesta para ti, un número que te acercara más... y más a mí... ¿Lo deseas?

Desnudo mi corazón a ti, para que sientas lo que me estás narrando al final de la hoja... ¡Acepto todas las consecuencias!


EL BURRO Y EL INTERNET



Por: AGUSTÍN PEROZO BARINAS

Como isleños, es natural que pensemos que somos el ombligo del mundo. Y con esta idea muy fija en nuestra psiquis confiamos pensar que somos capaces de mejorar todo lo que nos llega de allende los mares. 

Un ejemplo muy básico es el termostato colocado en los vehículos de combustión interna para mantener continua la temperatura. Los fabricantes de vehículos de motor han invertido millones de dólares para desarrollar este dispositivo, sin embargo, los mecánicos criollos 'recomiendan removerlo' y de hecho lo remueven, porque 'eso no se necesita aquí'. 

Tenemos ejemplos más complejos que certifican nuestra capacidad para modificar, en diversas áreas, proyectos importados y que al 'aplatanarlos' obtenemos resultados distintos, no necesariamente los mejores. 

Parece tenemos algo del profesor Pangloss, quien se especializaba en metafisicoteologicocosmonigología, consejero de Cándido en la corta novela de Voltaire. Al presente se agrava esta cualidad con las redes sociales y la creciente proliferación de programas de panel y de opinión, esto sumado a las columnas de articulistas, ideólogos y opinólogos de toda especie. El afán por protagonismo a menudo expone a nuestros nativos sabelotodo al hazmerreír. La Internet, avance tecnológico que suponía que la cultura, el conocimiento y la información ya no serían patrimonio exclusivo de instituciones académicas, se ha convertido en culto a la superficialidad, al síndrome del inmediatismo y la mediocridad. 

Arthur Schopenhauer advirtió: "El flujo constante hacia nosotros de los pensamientos ajenos puede desterrar o suprimir los nuestros y ciertamente, a la larga, paralizaría el poder de pensar. Esta inclinación en una multiplicidad de teorizadores es un tipo de succión al vacío de la pobreza de sus propias mentes que, forzosamente, atrae el pensamiento de los demás. Es imprudente leer y conceptuar sobre un tema antes que lo hayamos pensado por nosotros mismos. Cuando leemos, otra persona piensa por nosotros, y sencillamente repetimos sus procesos mentales. Así sucede que si una persona gasta casi todo el día leyendo sin experimentar por sí mismo, gradualmente perderá su capacidad de pensamiento propio". Esto puede aplicarse a los seguidores de 6 y 8 horas diarias al facebook, tweeter y demás ventanas virtuales. Osho lo resume: "El conocimiento es abstracto, la sabiduría es terrenal; el conocimiento es sólo palabras, la sabiduría es la experiencia". Esto no es empirismo irrebatible. Más bien, es retomar la vida misma como fuente de aprendizaje.

¿Podremos superar esta cultura huera? No, en el futuro cercano. Ya es un hábito muy arraigado estar conectados a las redes hasta 6 horas por día, intercambiando o descargando informaciones de cuestionado valor para el intelecto. O leer las obras trascendentales de manera ligera, muchas veces tan sólo sus reducciones a meros compendios. Así tenemos en nuestro país lo que Nietzsche describió como 'la cultura del hombre común' que está pariendo ingenieros, licenciados y doctores que en realidad no han superado niveles técnicos si los presentáramos en centros académicos de países desarrollados. Claro, excepciones aplican. 

La imprenta de Johannes Gutenberg en 1440 impulsó una revolución cultural en Europa. Universalizó la ciencia y el saber. De la misma manera que, guardando la distancia entre las épocas, la Internet ha revolucionado la dinámica social y tecnológica del siglo XX hacia adelante. El alto poder de procesamiento de datos, la enorme cantidad de información disponible al instante, más la interconectividad global, potencian nuestras capacidades intelectuales, pero existe el riesgo de mayor enajenación. 

Hasta finales de la década de los noventa, en el siglo pasado, identificábamos la imagen del burro con una persona torpe o, sencillamente 'bruta'. Si el proceso de alienación continúa tan aceleradamente con las redes sociales y el mundo virtual, el jumento, que se conduce por instinto, rebasará al homo sapiens virtualis en desarrollo de las capacidades mentales. El comportamiento insustancial que evidencia la gente conlleva adversas consecuencias sociales y medioambientales. No podemos concluir que estamos ante una producción en masa de burros pues, con tal temeraria aseveración, faltaríamos el respeto a tan noble animal. 

Los sinónimos que relacionábamos al rucio ya no se aplican a este cuadrúpedo. Los está asumiendo el homo sapiens virtualis. Un listado que encarnaría la sandez en que se torna el potencial humano sería como sigue: necio, ignorante, inculto, rudo, adoquín, tonto, imbécil, idiota, zote, corto, zopenco, terco, obstinado, obcecado, zoquete, zafio, rudo, tosco, ordinario, cabezota, indelicado, ceporro, bobo, estúpido, alcornoque, papanatas, grosero, zote, ceporro, cenutrio, obtuso, mentecato, lerdo, memo, leño, cretino, acémila, burdo, entre otros. 


El borrico está logrando superar esos adjetivos tan injustamente endilgados, y nos los cede. Una frase como: "Es peor un ejército de inteligentes comandados por un burro, que un ejército de burros comandados por un inteligente", podría modificarse intercambiando el vocablo 'burro' por el de 'inteligente', pues burro ya no será el pollino. 

domingo, 10 de enero de 2016

CUANDO LOS AÑOS CRECEN


Ligia Minaya
Tiempo a tiempo, año tras año, día a día, se comienza a recorrer un camino que, aunque paso a paso, se va yendo de un lugar a otro y cambiando todo lo que ha pasado a nuestro alrededor, se hace despacio porque los años crecen. Hay quien dice que no todos lo entenderán, que hay quien quiere vivir por igual cómo y dónde, y hasta cuando, vivió en su tiempo pasado. Que quiere que el presente sea igual, y dejar atrás cosas ya vividas, o sea como vivió cuando era joven. Y la verdad es que de alguna forma se está allí, con un aliento reconfortante pero con otro comportamiento, con otro cuerpo, otra salud, otras personas, aun así, lo más auténtico es que no se puede ya vivir de una manera abierta como cuando se era joven. ¿Se podrá seguir viviendo de una manera transparente? Es posible si se piensa y se reflexiona de lo que ha vivido y que se nos presente algo parecido. Hay personas que no olvidan, que no perdonan, que su inteligencia continúa con o sin regreso y sus próximos pasos no caminan como debe ser.
Estuve allí, algo me pasó, he sido cuidadoso, tuve miedos, sentía alegrías, estuve capacitado y otras veces no lo fui de extremo a extremo, así será. Para vivir los años presentes y compartirlos con la vida de hoy el pasado es un historia buena de recordar pero difícil de estar presente en los años que nos quedan por vivir. Hacer paz con el pasado es lo mejor que nos puede pasar por el presente. Ahora con estos muchos años se puede estar bien en la casa, perdonar todos los errores, estar más cómodo en la cama, recordar lo bueno que se ha hecho, con menos preocupaciones y más alegría día a día. La vejez puede llegar a ser lo más tranquilo de la vida.
Sé que los muchos años nos hacen caminar despacio, comer menos y también dejar a un lado algunas cosas que nos gustan, pero es rico comer lo que nos apetece, pero ahora, una sola vez al año, aunque el médico nos lo prohíba.
Aunque ya no hagas todo lo que hiciste en tus años de juventud, como lo que te daba la gana, ahora solo puedes beber un licorcito o una cervecita, saborear una longanicita, salir a caminar aunque sea despacito, leer todo lo que te da la gana y decir tres malas palabras cuando estés encojonado, ríete de ti mismo cuando recuerdes tus metidas de pata, duerme tu siesta y sueña con tus amores prohibidos de antaño que ya no tienen vida y, aunque a veces te sientas triste y la depresión se apodera de ti, trata de que los recuerdos y deseos no te maten.
Mira para atrás y para adelante, siente el amor de tus hijos, tus nietos, la familia que te queda, tus amigas y amigos, por todos los que están a tu lado y trata de ser feliz con la calma y aún con la frecuente soledad que dan los muchos años.
Diariolibre.com. Saudades.ENE 2016, 12:00 AM