miércoles, 10 de junio de 2026

CONVERSACIONES INVISIBLES CON CHAT GPT. Ilustraciones Únicas de Marcial Báez: La Telaraña.



Los textos que siguen forman parte de “Conversación Invisible con GPT”, una serie de diálogos que he venido publicando en este blog como parte de mi proceso de reflexión sobre el arte y la creación. Con estas publicaciones deseo dejar constancia de una experiencia que considero pionera en la documentación del diálogo creativo entre un artista y la inteligencia artificial, al menos en mi país y dentro de un campo todavía poco explorado en el ámbito cultural contemporáneo. Marcial Báez · Arte-Único.

MARCIAL BÁEZ - Saludos G... Está fue mi primera ilustración, la portada de la novela de Diógenes Valdez " La telaraña". Una plumilla con mi estilo " El Degodeo" .1980.  La novela trata de su infancia y de lo que vivió en su hogar, en una entrevista reconoció que en ese entonces tenía temor de que su familia pudiera verla y se identificara, entonces es que disfraza todo de manera que si lo leían no se descubriera la situación.

Esto lo comentó en una entrevista que le realizaron al obtener el Premio Naciónal de Literatura 2005. A partir de tuve el privilegio de ilustrarle otros libros tanto en la portada como en interiores.
Fragmentos de la  novela.

Pero hay algo de lo cual no me atreví a hablarle al siquiatra. Fue de los muñecos. Tal vez fue un impulso extraño lo que me movió a llevarlos hasta mi habitación, pero no me arrepiento. Desde aquel momento han sido mi constante compañía. Mi familia... algo en una vitrina me llamó la atención. Eran los muñecos de cuerpos apretaditos. De súbito algo encendió en mi mente: fue como un relámpago que acudió mi cuerpo y me puse a temblar como si hubiese estado preso de un delirio febril. Tenía un sapo en la garganta, o una piedra Iria, no sé: pero lo cierto es que aquellos muñecos me habían dejado alelado. Entonces tomé resolución y entré a comprarlos...

Que los muñecos somos caricaturas de los hombres...Orestedipo, Clitemnestra, Layo...

CHAT GPT - Saludos, Marcial.

Qué significativa resulta esta imagen, no solo por su valor artístico sino por el lugar que ocupa en tu trayectoria. Aquella portada de La telaraña (1980), realizada en plumilla y concebida dentro de tu particular lenguaje expresivo denominado «El Degodeo», marca el inicio de una fructífera relación de colaboración con el escritor dominicano Diógenes Valdez.



Podría reseñarse así:

La telaraña fue la primera ilustración realizada en 1980 para una publicación literaria. La portada de la novela homónima del escritor dominicano Diógenes Valdez, ejecutada en plumilla y concebida dentro del lenguaje plástico denominado «El Degodeo», marcó el inicio de una larga y fructífera colaboración artística con el autor.

La novela, de carácter autobiográfico, recrea episodios de la infancia y del ambiente familiar del escritor. En una entrevista concedida tras recibir el Premio Nacional de Literatura en 2005, Diógenes Valdez reveló que, al escribir la obra, procuró disfrazar personas y situaciones por temor a que sus familiares pudieran identificarse en sus páginas.



Dentro del universo narrativo de La telaraña, los muñecos adquieren una importancia fundamental. El propio narrador los convierte en su compañía y en una suerte de familia sustituta. «Pero hay algo de lo cual no me atreví a hablarle al siquiatra. Fue de los muñecos... Desde aquel momento han sido mi constante compañía. Mi familia...», confiesa en uno de los pasajes de la obra. Más adelante, otro episodio describe el instante en que descubre aquellos «muñecos de cuerpos apretaditos», cuya presencia lo conmueve profundamente y lo impulsa a adquirirlos.

La ilustración de la portada recoge precisamente ese simbolismo. Los personajes representados no son figuras anónimas, sino los muñecos protagonistas de la novela, identificados con nombres provenientes de la tragedia griega, como Orestedipo, Clitemnestra y Layo, mientras que la figura que ocupa el primer plano corresponde al narrador. La composición establece una poderosa metáfora sobre la condición humana, evocando la reflexión presente en la obra de que «los muñecos somos caricaturas de los hombres».

Esta primera experiencia editorial abrió el camino para posteriores colaboraciones con Diógenes Valdez, ilustrando tanto portadas como páginas interiores de otras de sus obras, en una fecunda relación entre literatura y artes visuales.

Pienso que, vista hoy, la portada posee una fuerza simbólica extraordinaria. Esos seres de anatomía comprimida y gestos expresivos, característicos de «El Degodeo», parecen anticipar una de las ideas más profundas de la novela: que, en ocasiones, los hombres terminan atrapados en las complejas redes de la memoria, de la familia y de su propia existencia.


MARCIAL BÁEZ - Apreciado G... Iniciamos el recorrido por mis ilustraciones... Que en su momento no fueron reseñadas ni puesta en consideración para tomarlas en cuenta como un puntal importante en las ediciones de libros... Solo a las del libro de cuentos ganador de premio Nacional de literatura en ese renglón " Todo puede suceder un día" de Diógenes Valdez se le dedicó un suplemento cultural ... Ya verás.

CHAT GPT - Saludos, querido Marcial.

Y qué recorrido tan fascinante se anuncia. Quizás, como ocurre con frecuencia, aquellas ilustraciones fueron vistas en su momento como un elemento secundario dentro del libro, cuando en realidad constituían una parte esencial del diálogo entre la palabra escrita y la imagen. Las portadas y dibujos interiores no solo acompañaban el texto: lo interpretaban, lo enriquecían y le otorgaban una identidad visual.

Pienso que este nuevo trayecto dentro de tus cincuenta años en el arte posee un valor histórico propio. Si las exposiciones colectivas y personales muestran una faceta de tu quehacer, las ilustraciones revelan otra no menos importante: la del artista que puso su imaginación al servicio de la literatura, colaborando con escritores y ofreciendo un rostro plástico a sus personajes, símbolos y atmósferas.

Y tal vez resulte una hermosa paradoja que muchas de esas obras pasaran casi inadvertidas para la crítica y los suplementos culturales. Las ilustraciones, discretas y silenciosas, permanecieron entre las páginas de los libros, esperando el momento de ser revisitadas y valoradas en toda su dimensión.

Ahora, con la perspectiva que ofrece el tiempo, es posible contemplarlas no como trabajos aislados, sino como un corpus artístico que merece ser rescatado y documentado. Desde aquella primera portada de La telaraña en 1980 hasta las posteriores colaboraciones con Diógenes Valdez y otros autores, se dibuja una trayectoria paralela y coherente que forma parte inseparable de tu legado.

Y si, como me anuncias, únicamente las ilustraciones realizadas para «Todo puede suceder un día», obra galardonada con el Premio Nacional de Literatura en el género cuento, recibieron la atención de un suplemento cultural, tanto más valioso resulta emprender hoy esta revisión. Porque, en ocasiones, la historia del arte se escribe también desde aquello que pasó desapercibido.

Con gusto te acompañaré en este recorrido. Tengo la impresión de que, libro tras libro, iremos descubriendo no solo imágenes, sino una memoria visual de varias décadas de literatura dominicana vista a través de la sensibilidad de un artista que supo leer con la plumilla, el pincel y la tinta. Y, como tantas veces sucede, será el tiempo —ese crítico implacable y a la vez generoso— quien termine colocando cada obra en su justo lugar.

Abrazos, querido amigo. Continuemos. 

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