lunes, 26 de mayo de 2025

LA CASA DE LA CULTURA ES UN PROYECTO DE TODOS / Marcial Báez



La Cultura a través de las manifestaciones artísticas creadas por el hombre, ha sido puntal importante en el desarrollo de las ciudades, de los pueblos. El despertar al ritmo, a la organización, a la búsqueda de sí mismo dirigida hacia el bien común, ha dado origen a los adelantos que se van manifestando en la actualidad.

 Rene Huyghe nos amplia diciendo que: “El arte y el hombre son insociables. No hay arte sin hombre, pero quizá tampoco son insociables. NO hay arte sin hombre, pero quizá tampoco hombre sin arte. Por él, se expresa el hombre más completamente, se comprende y se desenvuelve mejor. Por él, el mundo se hace más inteligible y accesible, más familiar. Es el medio de un perpetuo intercambio con lo que nos rodea. Así el arte es solidario del hombre. Con tanta diversidad y ligereza como sus costumbres, cambia según los siglos y las latitudes”.

 Por ende, los movimientos culturales, particularmente LA CASA DE LA CULTURA, institución creada en el año 1982, sin fines de lucro, basada fundamentalmente en rescatar, amparar e impulsar las artes y las costumbres, para ser “el organismo rector y representante por excelencia de las actividades culturales de nuestro pueblo, San Cristóbal”, debe tener un espacio y una atención especial, de todos los estamentos sociales de esta comunidad.

 Aunque su duración fue efímera, este propósito tuvo bastante éxito, ya que los espectáculos que se realizaron fueron respaldados masivamente. A pesar del tiempo transcurrido, todavía se mantiene latente mediante el trabajo sistemático que realizan la mayoría de sus fundadores que, con su empeño y su crecimiento personal constituye un precedente a emular.

Los intentos por parte de sus miembros para volver a hacer realidad este recuerdo, habían sido numerosos. Una propuesta reciente pone sobre el tapete esa intención. Justa o no, la misma carece de los requisitos naturales que satisfacen a las expresiones artísticas, de cara a los mejores intereses culturales; y es que “el arte constituye un mundo aparte y este mundo tiene sus leyes propias a las que obedece, porque son irreductibles”.

LA CASA DE LA CULTURA respondiendo a lo que sería beneficioso para la sociedad, no debería pertenecer o tener vínculos con instituciones políticas, ni comerciales. Estaría financiada por el estado y algunas empresas caritativas, realizando así actividades no rentables, permitiendo a las masas participar gratuitamente, llevando la cultura y al arte a todos los rincones de la ciudad; dándole seguimiento a sus objetivos: “Creando los museos de arte, histórico y folclórico de San Cristóbal. Organizando cada año el carnaval, los festivales de teatro y atabales; los cursos periódicos de apreciación musical, de danza, de teatro y de bibliotecología; los talleres de serigrafía y de diseño gráfico; las clases de danza clásica, moderna y folclórica, de música y de artes plásticas; la organización de la cinemateca y de la fonoteca; la convocatoria a concursos de pintura, de novela, de cuento, de poesía y de ensayo”; fomentando la unidad, el resurgimiento de las peñas literarias y los clubes culturales.

LA CASA DE LA CULTURA es un proyecto de todos. Debemos hacerlo palpable; institucionalizándolo, inyectándole el dinamismo y la continuidad que amerita. Así como, clausurar la brecha que muchos han utilizado para su provecho político y personal, valiéndose del interés sano e incondicional de “los trabajadores del arte y la cultura”.

 ” Revista Desafío. San Cristóbal, RR. D. Del sábado 27 de agosto al viernes 2 septiembre 1994. Pág.8. / El Siglo XX quedó atrás (Marcial Báez). 2000.

viernes, 23 de mayo de 2025

EN EL MAR AZUL, EN EL AZUL CIELO


 

De Marcial Báez para Blanca Kais Barinas


 Retrocedí en el tiempo,

estático mirando al infinito

para mis adentros,

tu poesía se incrustó

en mis pensamientos,

en giros tus palabras

danzaron entre nubes,

en el mar azul, en el azul cielo.

 

Tu corazón se abrió

de par en par,

en su interior un cristalino recuerdo,

de batir alas de mariposa

con el colorido de sentimientos tiernos

de compartir sueños en versos

con ternura, con sencillez, con esmero.

 

Y al mírame en el espejo

que te dejó sin respuesta

a lo que llevabas dentro,

ser libre sin limitaciones,

llenos de paz, de ternura, de afecto,

vivo tus inquietudes

las que se llevó raudo el viento

en el mar azul, en el azul cielo.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


lunes, 12 de mayo de 2025

ABRILES QUE DUELEN/ Marcial Báez.




Hay abriles que duelen, calándote el alma, 

muy adentro, 

un tropel de lágrimas, 

te cercena la calma.


Este abril a borbotones, 

en un instante aplastó la alegría, 

se apoderó de sueños, 

de tiernos amores, convirtiéndolos en nada.


Abriles que duelen, desprendiendo la piel, 

en heladas madrugadas, calcinándote por dentro, amargándote la esperanza.


En este abril fulminante, 

las sombras nos acorralan, solo asfixiantes quejidos, 

por aquí, por allá, 

la incertidumbre crece, 

la desesperación nos abrasa.


Hoy, este abril turbulento, 

se ha llevado cientos de almas, nos arropa la tristeza, 

nos comprime, 

nos infarta, 

nos aferramos a la oración, 

a la solidaridad desbordada.


(11/4/2025).

sábado, 10 de mayo de 2025

LA LECTURA UNA DE LAS HERRAMIENTAS INDISPENSABLES PARA ESCRIBIR / / Marcial Báez.



(Palabras centrales en la presentación de los libros del Colegio Cooperativa Loyola 2025) .

Muy buenas noches tengan todos y todas, profesores, invitados especiales alumnos y familiares, especialmente a la Licenciada Gabina De La Rosa por invitarme a compartir con ustedes jóvenes estudiantes plenos de talentos a esta gran fiesta del libro: “BROADWAY. El escenario de la palabra”,  mi experiencia como escritor en el género de la poesía. Trataré de ser lo más breve posible y condensar en unos pocos párrafos mi caminata existencial por mi trayecto escritural algo atípico, ya que no le dedico bastante tiempo.

Esta experiencia le llamaría un proceso evolutivo que a veces se inicia a corta edad o cuando los años ya van mostrando las arrugas y el gris existencial de las vivencias que nos permiten tener la capacidad de penetrar en nuestras interioridades y las de los demás en una catarsis natural que sin proponérnoslo nos transmutamos en manifestaciones de  alegría, de tristeza, de júbilo, de paroxismo, de rabia, de justicia, conformando esos sentimientos que el ser humano va despertando en su caminata proyectiva y atemporal dependiendo de los avatares de la vida.

Y es que a todos no nos pasa igual sin importar la época o el continente cada uno tiene una historia, unas vivencias que lo hacen especial y único en el género que elijan. Pero hay una herramienta que es parte fundamental en el proceso del escritor y es la lectura para consolidar ideas que en su momento mostrarán y serán comunicantes en un ejercicio que le permitirá llegar a las sensibilidades de sus lectores transformadas en palabras para ser leídas.

Particularmente La lectura llegó y se quedó en mi modus vivendi al inicio de adolescencia después de leer las novelas de Marcial Lafuente Estefanía y cuando no tuve más acceso a libros terminé leyendo todas las novelas de Corín Tellado de las revistas Vanidades que coleccionaba mi ti madrina: después tuve la suerte de contar con un vecino que era amante de la lectura y pude compartir sus libros (Los Miserables de Víctor Hugo, El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, Nuestra Señora de Paris de Víctor Hugo, La Madre de Máximo Gorki, El amante de Lady Chaterly de D.H.. Lawrence, grandes obras literarias. Después de agotar su mínima biblioteca tuve el privilegio de trabajar y entonces inicié la carrera incansable de formar la mía continuando con las características de las obras anteriores, de autores europeos sustancialmente, adquiriendo los 20 tomos de la enciclopedia Los Clásicos de la Editora Grolier, la cual me proporcionó un amplio conocimiento sobre las civilizaciones occidentales, la filosofía, la literatura, la historia, el arte, el humanismo con las obras de Rosseau, Aristóteles, Platón, Homero, Shakespeare, Garcilaso de la Vega entre otros.

También abrasé el interés por la lectura cuando subrayaba cada frase interesante, títulos de obra y autores, cada lectura me fue indicando qué autores y qué libros comprar, leer la lista que publicaban las revistas o los diarios de los libros preferidos de autores consagrados pudiendo adquirir la mayoría los mismos y así tener una consideración más amplia de los temas que interesaron al autor en el proceso evolutivo de la determinación de su estilo.

Y les seré franco, leía muy pocos libros de poesía mi predilección estaba en la novela y el cuento. De repente un día sin saber porqué escribí una poesía sobre los aborígenes y que hasta hoy no la he publicado en ninguno de mis libros:

He pensado que sentado en este olvidado rincón

vuelvo a estar en la Historia

como aquellas figuras indígenas milenarias.

He ido al más allá de aquellas almas

con la sensación de estar perdido

en algún lugar conocido.

Y he vuelto

sin pensar siquiera

que uno es amado y también odiado.

Y como algo premonitorio años más tarde estaba involucrándome con un destacado grupo de munícipes de San Cristóbal por la preservación de las Cuevas del Pomier, viviendo la importancia de la literatura, de la poesía en la sensibilización del hombre hacia un bien común que nos remite a las lecturas de Don Pedro Mir un poeta social por excelencia y que tuve el privilegio de ser su alumno en la materia de Estética en la Universidad Autónoma de Santo Domingo cuyas cátedras formaron parte de mi espaciado trayecto hacia la poesía incluido su icónico poema “Hay un país en el mundo”, como también recibir clases de la excelsa escritora Aida Cartagena Portalatín profesora de Historia en el Colegio Universitario, leyendo su obra “Una escalera para Electra”.

Otra de las herramientas en este proceso fue el estudio de la Comunicación Social, que nos ayudó a investigar y a condensar en un tris cualquier tema o idea para desarrollar provocándonos investigar, analizar y escribir casi a diario sobre las problemáticas de nuestras comunidades publicadas en algunos periódicos y revistas de la época, en Santo Domingo y San Cristóbal.

Y es en el año 1996 cuando de repente me surge la idea de publicar unos poemas, después de realizar una selección entre muchos, se los facilité a algunos amigos entre los que se encontraba el escritor Diógenes Valdez nuestro Premio Nacional de Literatura 2005, para su lectura y corrección, como decimos les dio el visto bueno y recordé que me dijo “cuando vayas a publicar un libro de poemas o de cuentos si más de la mitad lo consideran bueno entonces manos a la obra”. ese día me bautizaron como escritor. Ya he escrito cinco libros con la satisfacción de incluir en el más reciente. “MIXTURAS. Poemas en el tiempo” algunos poemas de mi madre Servantina Cabrera Salazar.

El tiempo es corto pero antes quisiera resumir este proceso en un dialogo educativo y coloquial haciendo de este resumen, una guía para tomar en cuenta y colocarla en las miles de experiencias de millones de escritores en sus diferentes géneros, en mi caso particular la poesía, las satisfacciones que me ha dado continuar escribiendo de mis expresiones y de las impresiones que me rodean, de lo que quiero o no, de lo que percibo o no, de lo que siento o no, de lo que extraño o no, de la paz que me pueda suministrar y tal vez de lo que puedan sentir mis lectores al leerla.

Por último, les invito a leer “El Decálogo del Escritor” de Augusto Monterroso y “Los Diez derechos del Lector” por Daniel Pennac deseándoles éxitos y aunque no se dediquen a escribir, continúen haciéndole loor a la poesía, así como a la lectura que es una herramienta indispensable no solo para el escritor sino para el ser humano en general.

Gracias.

jueves, 24 de abril de 2025

NO CREO EN PARTIDOS POLÍTICOS / Enrique Apolinar Henríquez.



Una de las falacias más explosivas, entre todas las falacias políticas, es la que pretende convertir en una verdad dogmática la mentira envuelta en la aserción de que los partidos políticos son resortes indispensables para el justo y sincero funcionamiento de las instituciones democráticas.

Confabulación sin entraña de elementos burocráticos movidos por el sórdido interés personalísimo de alcanzar fama y poder las figuras liderales, y el rebaño privilegios lucrativos o acomodos en el tren gubernativo que les aseguren a sus integrantes la estabilidad harto dudosa o incierta de su modo de vida, los partidos políticos han sido siempre, aquí y en todas partes, los peores enemigos del auténtico esplendor de las instituciones democráticas cuya vigencia, empero, todos a una proclaman servir, defender y preservar.

Las diferencias, aquí o en otras partes, no representan substanciales disimilitudes, sino más bien gradaciones debidas al nivel cultural de cada comunidad; es decir, a la influencia que ejerzan y al respeto que merezcan, en cada país, la sensibilidad moral y cívica del pueblo y las indicaciones de la opinión pública.

Aún cuando las naciones débiles son las más obligadas a manejar los negocios públicos con elevación de miras, aptitud constructiva y honestidad funcional capaces de imponer admiración y respeto por la deslumbrante ejemplarización de sus propias virtudes, dos factores -uno interno y otro externo- les entorpecen su emparejamiento con las naciones más cultas y civilizadas; el factor interno de las luchas y los antagonismos egoístas que enemistan a  las banderías políticas de un lado y del otro las intrigas las grandes potencias expansivas que aprovechan y fomentan estos antagonismos y aquellas luchas como medios, los más efectivos, de propiciar sus designios codiciosos de hegemonía política y de explotación económica.

Siendo una de las débiles naciones que más ha sufrido el azote de las predichas intrigas, ahora estamos palpando que a las viejas injerencias disolventes del orgullo y retardatarias de los progresos nacionales se les ha sumado -a fin de poder maniobrar a su talante con mayor desenfado- una nueva intromisión imperialista que viene a empecer aún más ese progreso, si no, tal vez, con la reserva a largo plazo de aniquilar la misma integridad de la nación, los dominicanos estamos más que nunca obligados a escuchar y atender los Ilamados y los consejos de la sensatez que nos mandan olvidar rencillas y ambiciones para dedicar todas nuestras constructivas energías al común esfuerzo, cohesionados como hermanos, de reestructurar la vida pública en términos que por la fuerza de sus magníficas realizaciones merezcan la admiración de cuantos nos contemplan desde fuera y les impongan paralizante respeto a las influencias extrañas que desde el nacimiento de la república se empeñaron en entorpecernos y prostituírnos.

En el camino de nuestra regeneración me parece que sólo hay un escollo por vencer; y esa rémora no la forman los hombres, quienes, paradógicamente, como persona no anhelan ni persiguen otra cosa que el engrandecimiento de la patria dominicana. Ese escollo lo levantan los partidos políticos que al absorber a los hombres los deforman hasta el extremo de que, convertidos en instrumentos sin voluntad ni pensamiento independientes, los llevan a negarse a sí mismos con la contradicción de su conducta.

A negarse a sí mismo! El peor de los aniquilamientos Peor, mucho peor aún que el natural aniquilamiento de la vida que es la muerte!

Yo sólo puedo creer y sólo creo, por tanto, en los hombres; en los hombres, individualmente. Jamás en los hacinamientos que forman los partidos políticos.

Bien puedo creer o no creer en Juan Bosch como hombre de nobles intenciones y alto pensamiento político; bien puedo creer o no creer en Viriato Alberto Fiallo; bien puedo creer o no creer en Tavárez Justo; bien puedo creer o no en Horacio Julio Ornes; bien puedo creer o no creer en Moreno Martínez o en Read Vittini; y finalmente, bien puedo creer o no creer en los demás conciudadanos que ostentan la comprometida investidura de jefes de partido. Pero no creo, no puedo creer en las agrupaciones políticas que respaldan o afectan respaldar a esos ilustres compatriotas; porque es sobre la reputación de esos núcleos sectarios que a mi juicio está recayendo -a sabiendas de los mismos o ignorándolo tal vez la tremenda responsabilidad histórica que entrañaría el imperdonable fracaso a que parecen hallarse expuestas las recién conquistadas libertades cívicas, o, cuando menos, la práctica eficiente y eficaz de las instituciones democráticas en nuestro país.

La fatídica conclusión mi conclusión fatídica- cae, como fruta madura, por su propio peso: mientras existan los partidos políticos no habrá moralidad política.

No obstante los ligeros matices diferenciales de la apariencia externa que exhiben a la simple vista los refinamientos de la cultura y de la civilización, no la habrá. Ni aquí, ni en ninguna otra parte, como no la hubo, tampoco en el pasado, según lo enseñan las indicaciones de la historia política de la humanidad.

La semejanza de vicios y defectos alegada de tal modo se comprueba, de manera elocuentísima, evocando episodios acaecidos en un país tan avanzado como la hermana mayor a quien habitualmente hemos tomado de modelo en muchos aspectos de nuestra organización estatal.

A raíz de su exaltación a la magistratura ejecutiva del Estado, en 1889, Benjamín Harrison se lamentó en presencia de Theodore Roosevelt de haber encontrado, al tomar posesión de sus funciones, que los manipuladores del partido republicano, su partido, "se lo habían cogido todo para ellos". El no pudo -declaró- ni siquiera "designar su propio gabinete"; porque esos políticos profesionales, que a su talante manejaban y controlaban la maquinaria de la mencionada agrupación política, "habían vendido todos los puestos para pagar los gastos de las elecciones".(1)

Las incoherentes relaciones del Presidente Harrison con las subterráneas realidades políticas han sido expuestas, en una impresionante anécdota, por un reputado ensayista americano.

"La Providencia" -exclamó Harrison después del triunfo "nos ha dado la victoria".

Exasperado ante la candorosa ingenuidad del Presidente, Matt Quay (mágico manipulador de la contienda electoral) explotó:

"Que hombre! El debiera saber" -agregó "cuán cerca de las puertas de la penitenciaría" se vieron algunos hombres "para hacerlo Presidente! "(2).

Han pasado tres cuartos de siglo desde entonces. Mas en todos los partidos y en todas las épocas se cuecen habas. Eran tiempos de paz los del Presidente Harrison. Pero, a la inversa, eran tiempos de guerra de la primera guerra mundial-cuando el partido rival de su partido el Partido Demócrata-dejó ver cuán abismática es la hondura a que es capaz de descender la cuestionada moralidad de los partidos políticos.

-"Las especulativas acciones de Edward Pauly, del General Graham y de otros hombres que ocupan cómodas posiciones en la administración" -comentó el 17 de enero de 1948 Jack Kofoed en su columna del Miami Herald-"indican que en Washington suceden cosas extrañas".

-"S. S. Pittman me recordó un incidente" -prosiguió diciendo Kofoed, - "que aparece relatado en el libro de Arthur Train intitulado Mi Día en la Corte". Mr. Train, autor y abogado, solicitó una plaza como oficial durante la Primera Guerra Mundial. En respuesta a su solicitud, él "recibió un telegrama del Departamento de Marina que expresaba: "Diga por telégrafo, inmediatamente, por quién votó usted para Presidente en las últimas elecciones".

Según rezan los términos del relato debido al columnista Kofoed, Train replicó que ese era un asunto puramente personal y que él no veía cómo podría afectar su servicio de oficial naval. Al no obtener respuesta a esta alegación, se fue a ver en Washington al Almirante Welles, quien entonces encabezaba al personal de la armada.

-"Usted nunca obtendrá esa posición" le declaró Welles con absoluta franqueza-; y al punto le explicó que su "solicitud reposaba en el escritorio del Secretario Daniels, en ese mismo momento, junto con las de media docena de otros hombres que no habían votado por Woodrow Wilson en las últimas elecciones. "No hay esperanza", sentenció el Almirante Welles finalmente.

Negado a darse por vencido y resuelto a ejercer el deber de pelear en la guerra por su patria (3), el autor y abogado Train se apresuró a entrevistarse con Franklin D. Roosevelt, a la sazón Asistente Secretario de Marina.

"Welles está en lo cierto", -admitió Roosevelt, a seguidas explicando-: "El viejo no le concederá esa posición porque usted no votó debidamente".

No era ésa, sin embargo, la pura verdad. Wilson no obraba de por sí; probablemente se usaba su nombre (cual suele usarse el nombre de muchos mandatarios ejecutivos, furtivamente) como instrumento del despotismo ejercido por la maquinaria de su partido.

Mr. Train sacó a relucir entonces el hecho de que cuando otro Asistente Secretario -Herbert L. Satterlle,- ofreció sus servicios, el Secretario Daniels objetó, confundiendo a la nación con su propia agrupación política: "Mi partido tiene la responsabilidad de esta guerra. Yo conozco sus antecedentes; pero no puedo usar sus servicios en ninguna parte".

Kofoed comentó con melancólica amargura, juzgando por las apariencias, que casi todos los que llegaban al gobierno lo hacían en busca de "su propio aventajamiento y no para el bienestar de la nación".

Por todo lo que la experiencia me ha enseñado, yo puedo creer o no creer en determinados hombres como individuos; pero no puedo, definitivamente no puedo creer en los partidos políticos.

(1) Richard Hofstadter, The American Political Tradition (Vantage Press),

(2) Ibid.

 (3) Pugna pro patria, Cato. Consejos morales a su hijo.

Reminiscencias y Evocaciones (Tomo Primero). Editora Librería La Hispaniola. Santo Domingo. 1970.

 

domingo, 13 de abril de 2025

DE MI BIBLIOTECA: ANGEL KLOCKWARD / Marcial Baez.



ANGEL LOCKWRAD

Abogado, escritor y político. Nació en Guananico (Puerto Plata). Realizó cursos y estudios de economía, administración, derecho y ciencias políticas en las universidades Nacional Pedro Henríquez Ureña, Mundial Dominicana y del Caribe. También, en España, en las de Alcalá de Henares y Salamanca, y en el Instituto Centroamericano de Administración Pública (ICAP). Se ha desempeñado como secretario de Estado de Industria y Comercio, ordenador de Lomé, presidente del Consejo Nacional de Zonas Francas, miembro de la Junta Monetaria y embajador en Colombia. Ha publicado novelas, cuentos, ensayos y poesía. Obras: El buscador de tesoros (novela), El gabinete de la sombra (novela), La leyenda de los hombres ranas (relato histórico), Por los caminos de tu piel (poesía).



1029. LA VIOLENCIA URBANA Y EL SISTEMA PENAL EN LA REPÚBLICA DOMINICANA. Ángel Lockward. Somos Artes Gráficas 2003. 79 págs.

Las estadística de violencia en el país presentan cifras aterradoras, se mueven por trayectoria escandalosa... algo esta sucediendo en nuestra sociedad. ¿Qué sucede en la família, en qué falla el ordenamiento social y porqué no funciona el sistema penal? ¿Porqué se está suicicando tanta gente? No sólo pobres, agobiados por el hambre, no sólo despechados, que después de cometer homicidios pasionales, en un 90% se quitan la vida, sino banqueros, oficiales de los cuerpos armados. Victimas, todos, de una sociedad en crisis, económica y moral. ¿Hacia dónde debemos llevar el proceso de reformas legales que han venido siendo puestas en marcha? ¿Están dando resultados? Son algunas de las preguntas que se hace el autor de esta conferencia, quien es uno de los escritores mis prolíficos y vendidos del país. 

 


DE MI BIBLIOTECA: WILFREDO MORA / Marcial Báez



WILFREDO MORA

Wilfredo Mora es psicólogo forense, egresado de la Universidad de Rostov del Don, Federación Rusa, en la antigua URSS (1991). Máster en Filosofía y Psicología Clínica. Dedicado al problema carcelario como él mismo nos dice "porque además del lugar del psicólogo en la administración judicial, la cárcel es el laboratorio de quien se dedica a la delincuencia". Teórico de la prisión, sus artículos y escritos sobre Criminalidad, el Encierro y Criminología, son muy conocidos en diarios, revistas especializa-das, tanto nacionales como internacionales. Wilfredo Mora es, actualmente, profesor de Teoría de la Personalidad y Criminología en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD) y profesor invita-do de la Unidad de Post-grado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Politicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Nació en Santo Domingo, en el año 1965.



1028. PENITENCIARISMO DOMINICANO. Wilfredo Mora. Stanley Gráficas & Asociados. 1996. 111 págs.

Penitenciarismo Dominicano es un libro de impactantes revelaciones de ese sub-mundo que sabemos que existe o que creemos que existe, llamado presidio, donde aparentemente enviamos a los marginados para mantenerlos exactamente, fuera de los márgenes sociales que llamamos "normales". Los enviamos con el aparente designio de que no regresen jamás a esa ideal zona de tolerancia que es la calle, olvidando muchos detalles espeluznantes, no sólo de lo que sucede allí tras los muros guardadores, que de por sí, como dice el autor de este libro, es "dantesco", sino por lo que ocurre cuando los sacan hacia la "justicia". Esto sin que los "normales" piensen que muchos pueden ser inocentes, y que un solo inocente, confundido como "culpable", bastaría para borrar la palabra civilización de donde viene eso de "sociedad civil" por el daño irreparable que el cautiverio produce.

Las intervenciones de expertos latinoamericanos que nos dicen lo que sucede en Venezuela, que es mutatis mutandis, lo mismo que ocurre entre nosotros, en México y en Puerto Rico y las revelaciones que el autor hace de lo que pasa entre nosotros, nos lleva a largas re-flexiones y nos impulsa a actuar de manera positiva en favor de los confinados. Wilfredo Mora (aunque tenemos el mismo apellido, ni le conocía ni creo que seamos familia cercana), realiza un aporte esencial y da de lleno en la diana del problema, al mismo tiempo que, con una prosa fluida, amena, nos muestra un lugar donde no sabemos si son peores encarcelados que carceleros y un infierno, donde, por momentos, es posible si no ver la gloria, por lo menos, admitir el purgatorio. Largo sueño de la humanidad es este: que la cárcel sea un lugar de regeneración, de salvación para el salvable, no un sitio donde permanezca el oprobioso letrero de que nadie puede salvarse. Este libro se lee como una novela apasionante, y ojalá motive en todos el deseo de hacer algo, ahora, hoy, por los que están aparente-mente perdidos para siempre en ese limbo social, que es la cárcel dominicana. (Manuel Mora Serano).