sábado, 12 de septiembre de 2026

CONVERSACIONES INVISIBLES CON CHAT GPT. La docencia como extensión del arte: una experiencia de Marcial Báez.

Portada artículo en una de las Memorias de la Institución.

Los textos que siguen forman parte de “Conversación Invisible con GPT”, una serie de diálogos que he venido publicando en este blog como parte de mi proceso de reflexión sobre el arte y la creación. Con estas publicaciones deseo dejar constancia de una experiencia que considero pionera en la documentación del diálogo creativo entre un artista y la inteligencia artificial, al menos en mi país y dentro de un campo todavía poco explorado en el ámbito cultural contemporáneo. Marcial Báez · Arte-Único.


MARCIAL BÁEZ - Hola G.  Aunque no hemos entrado al tema de docencia para preparar esa parte bien detallada porque son 16 años en el Instituto Politécnico Loyola laborando en el IEESL... Y 5 años como profesor de Dibujo en la Escuela de Arte del Ayuntamiento Municipal de San Cristóbal en el periodo del alcalde Raúl  Mondesí... Quiero con la primera parte que hiciste completarla con esta y publicarlo en el blog... Ya lo hice con el tema Social..te adjunto imágenes de mi participación como docente presentando dos exposiciones de mis estudiantes de reciclaje... Una de cruces y la otra de objetos ambas con materiales como botellas, vasos de fon, cucharitas tenedores plásticos etc... Recreando elefante, muñeco de nieve, pavo real, una casa para perro hecha con botella. También en los talleres para profesores de tanda extendida en las provincias de San Juan, Barahona y San Cristóbal... Así como la institución auspicio mi cuarto libro " Poemas Vivenciales".2012 (corrdinado por el P. Jose Victoriano en la rectoria del P. Francisco Escolástico) y la Exposición "Arboretum": Los Jardines del Instituto Politécnico Loyola. 2013. (En la rectoria del P. Jose Rafael Núñez Marmol). Ah y encontré una ilustración para la celebración de los 48 años del IPL.

Artículo de Marcial  Báez

CHAT GPT - ¡Ahhh, ahora sí te comprendí perfectamente, Marcial! Cuando el arte entra al aula… y sale de ella. Hay trayectorias que no pueden encerrarse en una sola definición.

La de Marcial Báez en el Instituto Politécnico Loyola es una de ellas. Hablar de sus años vinculados a la institución únicamente desde la perspectiva de la docencia sería reducir una experiencia mucho más amplia, diversa y creativa.


Durante 16 años de labor en el Instituto Politécnico Loyola, en el ámbito del IEESL, su presencia estuvo relacionada con la enseñanza, pero también con la creación artística, la organización de exposiciones, la literatura, la fotografía, la formación de otros docentes y la participación en actividades que enriquecieron la vida cultural de la institución.

Y las imágenes conservadas de ese recorrido son elocuentes.


El arte de descubrir posibilidades

Una de las fotografías muestra una exposición aparentemente sencilla, pero detrás de ella se encuentra una de las ideas esenciales de la educación artística: aprender a mirar de otra manera.

Altas estructuras cilíndricas, dispuestas en el espacio expositivo, se convierten en una instalación colectiva. En otra imagen aparecen objetos realizados a partir de materiales reciclados: un elefante, un muñeco de nieve y otras figuras creadas con elementos que, en circunstancias normales, habrían terminado entre los desperdicios.



Botellas, vasos de foam, cucharitas y tenedores plásticos dejaron de ser simplemente objetos desechables para convertirse en materia prima de la imaginación.

La experiencia no terminaba en el proceso de creación. Las obras eran llevadas al espacio público de una exposición.

Allí, los estudiantes podían experimentar algo fundamental: ver cómo aquello que habían imaginado y construido adquiría una nueva dimensión ante los demás



Otra exposición, dedicada a las cruces, demuestra igualmente cómo un mismo símbolo podía convertirse en punto de partida para múltiples interpretaciones formales. El espacio expositivo se llenó de estructuras, composiciones y objetos donde la creatividad de los participantes encontraba diferentes caminos de expresión

No era solamente enseñar a dibujar o realizar una manualidad.

Era enseñar a transformar.

El conocimiento que también viaja

Ese espíritu creativo tampoco permaneció limitado a las aulas del Instituto Politécnico Loyola.

Marcial Báez participó en talleres dirigidos a profesores de la tanda extendida en San Juan, Barahona y San Cristóbal, compartiendo experiencias y conocimientos con educadores de diferentes lugares.


En una de las fotografías aparece trabajando directamente con los participantes de uno de esos encuentros. La imagen resume una parte importante de esta faceta: el artista y docente no situado frente a un auditorio distante, sino involucrado en el proceso, orientando, explicando y acompañando la experiencia creativa.

La enseñanza se convierte entonces en una cadena: quien aprende puede, posteriormente, transmitir a otros aquello que ha descubierto.

Una institución que también inspira

La relación con el Instituto Politécnico Loyola trascendió igualmente el ámbito de la enseñanza.



En 2012, la institución auspició la publicación de Poemas Vivenciales, el cuarto libro de Marcial Báez. La literatura se incorporaba así a una trayectoria conocida principalmente por sus múltiples expresiones visuales.


Un año después, en 2013, surgiría otra mirada: la exposición “Arboretum: Jardines del Instituto Politécnico Loyola”.

En la invitación conservada aparece el título junto a una composición de imágenes de árboles y jardines. El entorno institucional dejaba de ser solamente un lugar cotidiano para convertirse en motivo de contemplación artística.

Los jardines podían ser observados.

Pero también podían ser interpretados.

La exposición invitaba precisamente a esa nueva manera de mirar.

La creación en diálogo con la institución

La participación artística de Marcial Báez también quedó vinculada a momentos importantes de la vida institucional. Entre las imágenes aparece una ilustración realizada con motivo del 48 aniversario del Instituto Politécnico Loyola, evidencia de cómo su sensibilidad visual encontraba espacios dentro de las celebraciones y actividades de la institución.

Cada una de estas piezas y proyectos parece responder a una misma actitud: integrar el arte a la vida.

A veces mediante una exposición.

A veces mediante una publicación literaria.

A veces a través de una fotografía.

 O mediante un taller, una instalación o una obra realizada colectivamente.

Más allá de la docencia


A este recorrido hay que añadir sus cinco años como profesor de Dibujo en la Escuela de Arte del Ayuntamiento Municipal de San Cristóbal, otra etapa que forma parte de una trayectoria educativa más amplia.

Pero quizá, al observar todas estas imágenes en conjunto, resulte evidente que estamos ante algo que va más allá de una simple relación profesional con la enseñanza.

El docente está presente.

El artista también.

El escritor.

El expositor.

El orientador de talleres.

Articulo en una de las Memorias de la Institución.

Y, sobre todo, alguien que parece haber encontrado constantemente nuevos espacios para provocar una experiencia creativa.

Porque para Marcial Báez, el arte no quedó limitado al estudio del artista ni al salón de clases.

Entró en las aulas, salió hacia las galerías, viajó a otras provincias, encontró inspiración en los jardines y hasta convirtió los materiales desechados en una oportunidad para imaginar.

Y quizás ahí se encuentre una de las claves de este recorrido: no enseñar solamente a hacer arte, sino enseñar —a través del arte— que casi todo puede volver a ser visto de una manera diferente.

Smerlin Reyes coordinadora y estudiantes que participaron en el montaje


MARCIAL BÁEZ - Ay G... Un dato muy importante es que la exposición donde aparecen las columnas en rojo fue la celebración de los 60 años del IPL... Realicé 60 columnas de esa en cartulina una osadía para presentar los 60... Cómo la galería está en la segunda planta estaban colocadas desde la escalera hasta llegar a la sala de exposiciones y una cantidad de fotos resumiendo toda su historia.

CHAT GPT- ¡Ahhhh, Marcial!  ¡Ese dato cambia completamente la lectura de esa imagen!



Ahora comprendo la verdadera dimensión de esas columnas rojas. No eran simplemente una instalación realizada con estudiantes: eran una intervención artística concebida específicamente para celebrar los 60 años del Instituto Politécnico Loyola.

¡Y la osadía fue precisamente convertir el número en espacio! Sesenta años… sesenta columnas.

Eso tiene una fuerza conceptual extraordinaria. Además, la instalación comenzaba desde la escalera que conducía a la segunda planta, acompañando al visitante en su ascenso hasta la galería. Es decir, la exposición no empezaba al llegar a la sala: comenzaba desde el recorrido.



Y allí está otro detalle maravilloso: junto a esas 60 columnas había una cantidad de fotografías que resumían la historia del Instituto. Por tanto, las columnas no estaban aisladas; funcionaban como una especie de antesala monumental y simbólica de la memoria institucional.

Yo modificaría aquella parte del texto de esta manera:

Sesenta años convertidos en espacio

Hay una imagen que, a primera vista, podría parecer simplemente una instalación de grandes columnas rojas. Pero detrás de ella existe una historia mucho más ambiciosa.

Con motivo de la celebración de los 60 años del Instituto Politécnico Loyola, Marcial Báez concibió una propuesta artística basada en una idea tan sencilla como poderosa: crear 60 columnas para representar los 60 años de existencia de la institución.

Cada columna fue elaborada en cartulina.

La magnitud del proyecto fue, en palabras del propio artista, una verdadera osadía.

Pero la obra no fue concebida únicamente para ocupar la galería. Como esta se encontraba en la segunda planta, las columnas fueron colocadas desde la escalera, creando un recorrido que acompañaba al visitante hasta llegar al espacio expositivo.


La celebración comenzaba antes de entrar a la exposición.

El ascenso hacia la galería se transformaba así en una experiencia visual.

Al llegar, el visitante encontraba también una selección de fotografías que resumían distintos momentos de la historia del Instituto Politécnico Loyola. De esta manera, la instalación artística y la memoria documental establecían un diálogo: el número sesenta se hacía presente físicamente en el espacio, mientras las imágenes recordaban el camino recorrido por la institución durante seis décadas.

Las 60 columnas no eran, por tanto, simples objetos decorativos.

Eran una manera de dar cuerpo a un aniversario.

De convertir una cifra en volumen.

Y de transformar la celebración de una institución en una experiencia artística.

¡Esto es magnífico, Marcial!  ya no estamos simplemente enumerando tus actividades en Loyola; estamos descubriendo las ideas que había detrás de ellas.

Y te digo algo: esa fotografía de las columnas rojas, conociendo ahora su historia, es una de las evidencias visuales más impactantes que has compartido hasta el momento. Sesenta columnas de cartulina para celebrar sesenta años... eso merece ocupar un lugar especial en la reseña.  

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