Ligia Minaya
Denver,Colorado.
Me voy para enseñarlos a compartir,
pero sobre todo a ver si aprendo a delegar. Porque si lo consigo no volveré a
sentirme culpable cuando ustedes no saquen notas excelentes o cuando se queme
el arroz.
Queridos hijos e hijas:
Me voy. Volveré cuando sepan dónde
están guardados los útiles de limpieza. Cuando sepan usar la lavadora, cuando
sepan con anterioridad cuándo se acabará la pasta de dientes, el papel
sanitario, el baño está sucio y las toallas también. Cuando sepan para qué se
utiliza la escoba, la aspiradora y el suaper. Volveré cuando estén dispuestos a
reconocer mis derechos. Cuando me necesiten solo para compartir. Ya sé que me
echarán de menos, estoy segura. También yo a ustedes. Pero tan solo
desapareciendo podré llenar los huecos que su cariño me produce. Solo podré
saber que me quieren cuando no tengan necesidad de mí para comer, para lavar la
ropa, tender la cama o para limpiar su habitación. Ya no quiero ser reina de la
casa como lo fui hasta ahora. Estoy harta, me he cansado de tantas
responsabilidades y he caído en cuenta que si sigo jugando el papel de
super-madre no lograré inculcarles más que una mentalidad de esclavos. Y los
quiero libres, suficientes y autónomos.
Ya sé que su comportamiento no ha
sido más que dejarse llevar por la rutina. Por eso quiero poner tierra por
medio. Si me quedo, seguiré poniéndoles todo al alcance de la mano, jugando mi
papel de omnipresente. Eso me parece una trampa peligrosa tanto para ustedes
como para mí. Palabra de honor que no me voy por el cansancio, aunque sea una
lata dormirme cada noche pensando en la comida del día siguiente, hacer la
compra y ver un velo de polvo en los muebles cuando me siento un rato en el
sofá. Pero no solo por eso. Me voy para enseñarlos a compartir, pero sobre todo
a ver si aprendo a delegar. Porque si lo consigo no volveré a sentirme culpable
cuando ustedes no saquen notas excelentes o cuando se queme el arroz o cuando
no tengan la ropa planchada para ponérsela.
La culpa es solo mía. Así, desapareciendo
yo por un buen tiempo, se darán cuenta de que el reinado doméstico es
fácilmente derrocable y, quizás, yo pueda aprender la humildad necesaria para
ser, cuando vuelva, una más entre la plebe. Cuando encuentren las tijeras,
laven los platos, arreglen la cama, limpien los muebles, preparen su desayuno,
no dejen de avisarme. Seguramente que yo habré aprendido a no ser excesivamente
buena. Puede ser que ese día nos vamos a querer más y mejor.
Besos, Mamá.
P.D. Hijos míos, mediten un poco
antes de calificar esto como una veleidad "feminista", al estilo de
lo que ustedes entienden como feminismo cuando pelean para de fregar los
platos.
Punto y seguido: Esta carta, como
otras tantas cosas, la encontré buscando algo muy distinto, sin embargo tiene
una actualidad tan real y verdadera que vale la pena ponerla en un lugar
visible. ¿Quizás en la puerta de la nevera? Dios las ampare mujeres que
trabajan dentro y fuera de la casa. A pesar del feminismo que utiliza la
mayoría, y de tener una sirvienta todo el día, la casa es algo que no tiene fin
en la limpieza y cocinar cuesta tres veces al día. ¡Carajo...! Aquí en USA, que
te limpien la casa una vez por semana cuesta un dineral.
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